miércoles, 4 de mayo de 2011

Marcho al sur

No puedo celebrar la muerte del peor hombre. No creo en la pena de muerte y menos aún en las ejecuciones sin juicio. Me repugnan los disparos en la nuca, los cadáveres en las cuentas. Aún el hombre más abominable del mundo tiene sus derechos. Quizá Michael Moore tiene razón: han ganado los malos, vivimos con miedo, aterrados. Hemos renunciado a derechos fundamentales en favor de nuestra seguridad, hemos renunciado a las garantías judiciales, a la ley internacional en la lucha contra el mal. Contra el mal, todo vale. Quién define al mal y sus fronteras es otro cantar.


Es primavera y llueve. Y el frío me trae al pecho una tos incómoda que me mantiene despierto hasta tarde. Las madrugadas son el territorio de la nostalgia y del recuerdo.

Así que después de un año de gira recuerdo los conciertos dados por mi tierra. La despedida no podía haber sido mejor. El teatro Cervantes en Málaga fue cariñoso y hospitalario. Y, realmente, el último concierto se convirtió en una celebración. Incluso hubo quien se atrevió a subirse a una escalera para limpiar la ventana de nuestro pequeño apartamento para que, en los futuros recitales, entrara luz renovada y azul. Lancé mi sombrero por última vez contra la percha a este lado del océano. Y volví a fallar. No así cuando canté intentando que el vértigo se atenuase para reconocernos en los espejos.

Hago las maletas mientras en Times Square la gente celebra la muerte del peor hombre del mundo. Y comparto la pregunta que se hacía el viejo Guthrie:


In the squares of the city,

in the shadow of the steeple

near the relief office I see my people

and some are grumblin' and some are wonderin'

if this land's still made for you and me.


Qué mundo disparatado.

Este año tampoco tendré verano. Marcho al sur. A dibujar corazones y a escribir nuestros nombres con el vaho de mi aliento en otras ventanas. Sigo soñando entre este escombro de banderas rotas. Sigo cantando, a pesar del miedo.

Te voy a echar de menos. A la vuelta tienes que contarme todo lo que sucedió en nuestra ausencia. Nos sentaremos en torno a la hoguera de los primeros hombres y mujeres y entonaremos las melodías que he de aprender en este viaje. Cantaremos hasta que los relámpagos avisen de una nueva tormenta. Para entonces ya habremos encontrado donde guarecernos.

Hasta entonces, cuídate.


jueves, 28 de abril de 2011

Por fin te encontré

Falté a mi cita de los miércoles. Y no es que se escaparan las musas. De hecho poco a poco van surgiendo nuevas canciones que se enredan entre mis manos como la yedra trepando en la piedra. Disculpa esta ausencia pero decidí descansar entre canción y canción, entre concierto y concierto. Para compensarte te dejó la letra de la canción estrenada en el Teatro Price de Madrid.



Por fin te encontré


Por fin te encontré

como un candil brillando entre la nada.

Yo era Robinson

y descubrí tus huellas en la playa.

Tanto te esperé…

Yo, Adán expulsado del paraíso.

Tú, Eva maldiciendo la manzana.

Allá donde ella viaja está mi edén.

Por fin te encontré.


Te encontré por fin,

vagando por las dunas del pasado.

Y sacié mi sed,

bebí del breve hueco de tus manos.

Tanto te esperé…

La mirada de un niño tú me diste,

la luz de un verano que había olvidado,

el temblor que trae la primera vez.

Por fin te encontré.


Ven aquí no digas nada.

No hace falta, que la noche ya

aprendió de tus silencios

y a descifrar nuestros cuerpos.

Derrumbemos las cautelas.

Compañera, estoy perdido y ya,

para tener miedo, es tarde.

Bendito azar es encontrarte.



Yo no te busqué

y te encontré al abrirse una ventana

por un vendaval

que trajo perfume a tierra mojada.

Tanto te esperé…

Yo Adán expulsado del paraíso.

Tu Eva maldiciendo la manzana.

Allá donde ella viaja esta mi Edén.

Por fin te encontré.


Ahora has de saber

que me hundo en tu mirada inabarcable.

Que esta aurora trae

certezas para espantar soledades.

Tanto, tanto te esperé…


Y puede que el planeta se derrumbe,

que la lumbre del mundo algún día se apague,

que el tiempo arrugue el alma y nuestra piel,

pero yo por fin te encontré.


Ven aquí no digas nada.

No hace falta, que la noche ya

aprendió de tus silencios

y a descifrar nuestros cuerpos.

Derrumbemos las cautelas.

Compañera, estoy perdido y ya,

para tener miedo, es tarde.

Bendito azar es encontrarte.


Por fin te encontré

como un candil brillando entre la nada.

Yo era Robinson

y descubrí tus huellas en la playa.

martes, 19 de abril de 2011

Antes del miércoles

Conmovido por los últimos conciertos de la gira (bendito Madrid, mi hogar, gracias portodo, después de tantos años aún soñamos, ¡por fin la añorada Sevilla!, la luz inigualable de Cádiz...), expectante ante la definitiva despedida de "Acuérdate de vivir" de los teatros españoles en Málaga y preparando el resto de la gira por Latinoamérica (ver fechas en http://www.ismaelserrano.com/informacion/conciertos.htm )te escribo estos versos recordando el manifiesto de Stephàne Hessel (Indignaos) mientras te sueño.

Besos mil.

"A la calle que ya es hora

de pasearnos a cuerpo

y mostrar que, pues vivimos,

anunciamos algo nuevo"

Gabriel Celaya



Como las tortugas recién nacidas,

que confunden la luz del primer sol

con el resplandor de una ciudad insomne,

quedamos encallados en la arena,

lejos del mar y su refugio.

Te escribo esto antes del miércoles

de un abril huérfano de claveles,

hijo de la aurora y sus fracasos.



Como las ballenas que pierden el sónar,

extraviamos la yesca, el pedernal

primario de las cuevas

-aquel que hacía arder las pesadillas,

que pintaba de mañanas los insomnios-

la rebeldía oculta en cada puño,

las ganas de saber las mil razones

que llenan de dormidos las cunetas.

Y queda así la habitación,

vacía, resonante y casi a oscuras,

pintada de tristeza de mudanza.

Y como cuando regresamos

a la casa que habitamos siendo niños,

todo parece más pequeño:

el horizonte, la llama y el futuro.



Te digo esto en este martes,

antes del horario convenido,

porque a pesar de todo tu cansancio,

de este andar perdido en las arenas,

sé que quedan miércoles sin tregua,

aurora boreal en la cocina

cuando en cada café del desayuno

encuentres un motivo para amar.

Dudarás al salir de tu trabajo,

saldrás a la calle aunque haga frío,

y en mangas de camisa- maldito abril-

correrás a buscarla a la oficina

Al irrumpir entre timbres y el murmullo

monótono, llovizna de teclados,

quemado por la luz de su mirada,

dirás que aún estás vivo, que no es tarde,

que te arman de razones los cerezos

que estallan a tu paso en primavera.

Le pedirás consejo y compañía,

y rebosando vida e indignados

saldréis sin prisas a tapar la calle,

a mostrar, por fin, que pues vivimos

seguimos anunciando novedades.

miércoles, 6 de abril de 2011

Sinceramente tuyo

Todo empezó con De esta manera emplazábamos a la familia y a los amigos a participar de los conciertos que marcaban el cierre de gira de “Acuérdate de vivir”. Y así nos vamos despidiendo de los conciertos por España. Pronto cruzaremos el océano: Puerto Rico, Costa Rica, Argentina, Chile, Perú… Al echar la vista atrás y hacer repaso de lo andado una sonrisa queda congelada y la primavera estalla como un espejo que se rompe, y en cada pedazo se refleja una instantánea, nuestra figura detenida en el tiempo. Descubro en cada foto al muchacho que busca en su propia mirada el relámpago que cree haber perdido e intuyo un cierto brillo incandescente, que quizá no sea aquel rayo azul, pero que conserva un cierto aire a aurora boreal cruzando el cielo de abril. Fue este un año intenso. Madrid sigue peleando, empeñada en levantar la mirada, como el muchacho de la periferia que encara el frío matinal con orgullo, como el parado que espera en la cola de INEM sin rendirse, como un mascarón de proa, vestido de sal y con la mirada fija en el horizonte. Ha sido un año duro, huérfanos de liderazgo ideológico, hemos visto como la crisis nos desvestía en el peor invierno, como los gobiernos cedían a los chantajes del mercado, como el fascismo enseña sus dientes bebiendo nuestro miedo y haciendo humo la memoria. Aún así seguimos luchando. No claudicamos. Porque estar vivos consiste en eso. Aunque en algún momento creímos estar solos, abandonados cuando el viento helado se colaba por las rendijas de esa maldita ventana que nunca cierra bien cortándonos la cara y el ánimo. Con todo y con eso resistimos, algo perdidos, pero manteniendo a salvo la iracunda cólera que nos hace ser quienes somos, hombres y mujeres indignados que soñamos mundos mejores, que sabemos de la inevitabilidad de ese futuro en el que seremos más libres y todo será nuevo. Este fue un año difícil. Pero seguimos cantando porque en medio de tanta tempestad hubo quien sacudió el termómetro para cuidarnos la fiebre, quien nos puso la mano en la frente y sonriendo nos decía “ya estás mejor”, o “anda, vuelve a dormir” o “¿has visto los cerezos? Es primavera” o “Estoy aquí”. Tan sólo eso. Estoy aquí. A tu lado. Siempre. Sinceramente tuyo. Ismael Serrano

miércoles, 30 de marzo de 2011

Aún es miércoles

Aún es miércoles cuando esta primavera llena de aristas
viste la calle de luz de salida de colegio.
Me siento a salvo cuando te sientas a mi lado en la mesa
y las alarmas nucleares suenan lejanas
como los aullidos de un lobo asustado
en este miércoles que agoniza.
Tiembla la luz de la explosiones sobre el Mediterráneo
y escucho triste e indignado su trueno azul
mientras me pregunto el por qué de su urgencia y de tanto fracaso.
Aún es miércoles cuando envidio a una muchacha
que sale del trabajo y enciende un cigarro
mientras llama a su novio o a su madre,
¿qué haces?, aquí echando un cigarrito.
Aún es miércoles para este exfumador
que tiembla entre tus brazos y bebe Romilar,
dextrometorfano hidrobromuro,
como si fuera el ron añejo de un pirata
para aplacar la angustia en la tormenta
que ruge en los océanos sin nombre.
Aún es miércoles cuando te toco la frente
y el mundo se detiene en tu sonrisa,
no tienes fiebre,
y me pregunto cuántos muertos
dejará la felicidad que nace en mi mano
aún en tu frente.
Aún es miércoles cuando mis sueños giran despacio
como mis dedos sobre esta carta que te debo
como la rama del jazmín en torno a la verja,
como la cena que baila en el microondas
mientras sobre la mesa te dejo unos versos
y suena un timbre que detiene
los sueños, mis dedos y la cena.
Aún es miércoles, ya termina,
la cena espera y yo te escribo,
y el día se resiste a terminar
cuando, entre toses, te cuento mi día
y el mundo, mi mundo, se sumerge
en tu mirada febril, brillante, inabarcable,
escuchas mis idas y venidas,
y el miércoles florece en tu presencia.



Decía el poeta, Asturias si yo pudiera, si yo supiera cantarte. No hay palabras para describir las emociones del concierto en el Jovellanos. Fue hermoso el viaje siguiendo la costa cantábrica, con parada en Cudillero y sus casas, mirando desde un anfiteatro el mar, y con el paseo bajo las catedrales encontradas en la playa. Llegamos a A Coruña y nos reecontramos con viejos amigos. Impresionante el recital en Galicia. Gracias de corazón.
Seguimos preparando los conciertos en Madrid (cierre de gira). Pero antes viajamos a Tenerife y después al sur, a Sevilla y Cádiz.

Si queréis podéis ver los vídeos/cortos que hicimos para el cierre de gira en http://www.ismaelserrano.com/videos/otrosvideos.htm

miércoles, 23 de marzo de 2011

Cierre de gira II. Entrevista

Seguimos en la carretera, dando los últimos conciertos a este lado del océano. Aun tiembla en mi garganta el rumor del batir de alas de las musas que nos escoltaban en el Palau de la Música de Barcelona. Preparamos el viaje al norte de España y seguimos haciendo planes.
El Mediterráneo brilla con el fulgor de nuevas batallas, el mundo parece derrumbarse pero nosotros, como siempre, no nos resignamos. Aún brilla en tu piel aquella primavera roja de luz color caramelo. Aún soñamos con asaltar los cielos. Aún seguimos vivos.
Otro regalo para despedir el invierno.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Cierre de gira. Encuentro.

Allá va este cuento de primavera. Retratamos este encuentro, en el frío de este invierno que se resiste a la despedida, que sacude la tierra y nos deja algo desamparados. Nosotros seguimos cantando, tratando de abrigarnos con el calor de otras voces, empeñados en no claudicar aunque tambores apocalípticos suenen desde las antípodas. A veces para combatir el miedo, es bueno reunirse en torno a la lumbre y contar viejas historias. Esta es una de ellas.

Ismael Serrano

PS: Gracias a la gente de Valencia por el afecto, por las emociones intensas que compartimos. Fue una buena despedida. Hasta pronto. Adiós, Valencia. Hola, Barcelona.




miércoles, 2 de marzo de 2011

Poema para el miércoles escrito un jueves

Perdona el retraso.

Podría decir que fue el cansancio,

el tráfico implacable de esta ciudad herida,

la prisa sin alma,

trenes descarrilándose,

tuberías que estallan empapando la cocina.

Podría decir,

que me raptaron los espectros,

que tuve una reunión repleta de cifras y calendarios,

que la fiebre me atrapó rehén de las almohadas,

que todo fueron maldiciones y suspiros.

Perdona mi ausencia,

pero lo cierto,

siendo miércoles y casi primavera,

es que me quedé siguiendo el vuelo de una libélula entre los juncos,

brindando con viejos amigos

con los que recordé qué era vivir,

que durante un instante amaneció en el sofá del salón,

-ya eran las siete de la tarde-

y la espuma de otras playas llegó hasta la alfombra

y, como te dolía la cabeza,

te busqué un ibuprofeno,

y las alas de un colibrí para tu espalda,

mis manos abrazando tu raíz

y tú descalza llorando jazmines y escarcha.

Perdona que faltara a la cita,

pero tuve que abrir

todos los tarros de cristal

para liberar a las luciérnagas,

tuve también que abrirte la puerta,

porque bajabas por la escalera

cargada de maletas y soledades

Discúlpame,

pero lo cierto,

es que estuve cantando,

grabando una nueva melodía

en el leve surco de nuestras vidas,

que giraban lentas

como el disco en el que suenan

los árboles combados por el viento,

la vieja cafetera y los arroyos.

Perdóname,

podría decir:

“este invierno viste mi sombra

y apenas tengo tiempo para despedirme”.

Pero lo cierto

es que este día

largo e intenso,

trabajé,

reí con amigos,

amé

con toda la fuerza

de mi naturaleza apasionada,

y aunque te eché de menos

y el frío de Madrid me trajo tu nombre

supe que mañana estarías a mi lado

y que entonces,

repleto de luz y de razones,

sabrías perdonarme.

miércoles, 23 de febrero de 2011

23-F

La campana del reloj de la Audiencia daba la una y nosotros llegábamos a Soria, última parada. Ha sido un viaje intenso el que hemos realizado por tierras castellano y leonesas, un reencuentro feliz con unas ciudades que hacía tiempo que no visitábamos.

Empezábamos de nuevo con el reto de echarse a la carretera y emprender nuevas huidas en tu busca. De nuevo de gira. Y a pesar de la herida abierta por la crisis en el ánimo de la gente, tratamos de levantar la mirada. Ojalá la música pudiera zarandearnos para que nos sacara de este letargo, este mal sueño que nos deja con la pupila abierta atravesando el párpado cerrado y la garganta muda llena de polvo de los caminos.

Hoy es 23 F y recuerdo el lejano intento de golpe de estado entre la niebla en la que se mezcla el recuerdo y la fantasía.

Mi madre planchaba, yo jugaba con mis hermanos. Y llamaban a la puerta. Entraba nuestra vecina llorando:

-¡Ay, Juli! ¡Que los militares han entrado en el parlamento!

Y el edificio movilizándose ante lo que se venía encima. Eran otros tiempos, si el mundo se derrumbaba el vecino salía a tu encuentro y juntos se planeaba la resistencia. Tu vecindario era tu familia.

Recuerdo el rostro preocupado de mi madre mientras murmuraba entre el cansancio y la tristeza, otra vez los militares, el horror. Y las llamadas de teléfono. Mi padre detrás de la noticia e ilocalizable, mi tío haciendo la mili en Brunete, los amigos militantes a resguardo.

Con el tiempo, en el colegio empezaron las leyendas. Hubo quien dijo que al cortar la programación habitual en televisión pusieron dibujos animados del increíble Hulk toda la noche y nosotros jugábamos en el patio y el rumor de los fusiles era lejano como una locomotora de vapor que se alejaba hacia el final de la noche.

Era un tiempo en el que la gente, asumiendo el reto de estar viva en un momento convulso y efervescente, era protagonista del momento político. En fin, papá, cuéntame otra vez, y esas cosas. Es verdad que este no es el mundo que soñaron para nosotros, pero también estamos obligados a rendir homenaje a quien se jugaba el tipo en aquellos momentos de incertidumbre, héroes anónimos cuyo testimonio no recogerán los reportajes que en estos días tratan de hacer resumen de lo acontecido en aquellos días, gente corriente, o no tan corriente, que trabajaba en su barrio, que militaba en un sindicato o en un partido, que hacía política en su pueblo o en su parroquia, ilusionado por el cambio que se vivía, que soñaba en ese día en el que todos al levantar la vista, como cantaba el gran Labordeta, veríamos una tierra en la que pusiera libertad, quizá esa España implacable y redentora, de la rabia y de la idea que veía nacer Machado.

Aunque haya quien piense que el vano ayer nos ha regalado este mañana huero, en el que el ciudadano bosteza entre pachanga y pandereta, también nos trajo hasta este lugar en el que me encuentro contigo, en el que puedo cantar lo que canto, en el que celebramos que aún hay quien mira más allá del horizonte, quien no se resigna, quien sabe que la realidad no termina donde lo hace este espejismo, sino donde lo hacen los sueños.

Y así seguimos cantando, porque la poesía es un arma cargada de futuro, porque seguimos haciendo planes para emprender nuevas huidas, porque sabemos que aunque nos queda todo por hacer, aún arde fuego en nuestras manos y el batir de mil palomas blancas tiembla en nuestras gargantas.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Haciendo las maletas

De golpe se rompió como un espejo la primavera que disfrazó estos días de febrero. Ahora el invierno reclama su nombre, nos llena de frío y cierra el cielo. Se abre la cortina de humo que cubría el horizonte de Madrid y aparece mi ciudad, no es su mejor momento pero aún sigue hermosa.

Entre tanto fuimos al cine, leímos poemas, cantamos con Pablo Guerrero y soñamos. Hacemos planes y todo gira en este carrusel implacable que es la vida. A veces todo es tan real que hiere. Pero también ocurre que presenciamos un milagro que nos reconcilia con el mundo, como el hecho de escuchar las voces de los hombres y las mujeres de la Plaza Tahrir de El Cairo, como la voz de una Umm Kalzum revivida cantándole a un país que sueña despierto.

La historia sigue viva, aunque a veces retiremos nuestra mirada avergonzados cuando coincide con la suya, iracunda.

Mientras, nosotros cantamos. Y seguimos tratando de recordar qué debe ser vivir.

Comenzamos la gira. La carretera nos llevará en su lomo como un dragón chino retorciéndose en la mañana. Los teatros abrazarán las canciones y celebraremos reencontrarnos con viejos amigos. En el camerino, un temblor de pájaro asustado en mi pecho, sobre el escenario el rumor del agua cayendo sobre la fuente del jardín, el olor a tierra mojada, la risa vibrando en la sobremesa y tú a mi lado dibujando planes, tú mi Viernes encontrado en la playa, como un candil brillando entre la nada.

Son los últimos conciertos de la gira de Acuérdate de vivir por España. De ahí partiremos por Latinoamérica. Agradecido y emocionado hago las maletas.

Hago balance. Queda todo por hacer. Si tú quieres te acompaño. No soy más que lo ves.

miércoles, 9 de febrero de 2011

Orgullo de barrio

Al orgullo de pertenencia a un barrio le cantaba en cierto modo Luis Pastor al titular a un disco Vallecas 1976 o el grupo Asfalto en su canción “Parque Sur” en los ochenta. En ella decía:

Pequeño pulmón. Borde de ciudad.

Me has visto crecer,

me has visto marchar.

Fuiste fiel testigo

de los sueños en voz alta;

ilustre notario de las horas bajas.

El orgullo de barrio lo han de sentir los habitantes de Vallekas al tener como vecino al padre Enrique Castro, cura de los pobres y los excluidos, cuya interpretación del evangelio le ha convertido en un referente en la lucha social por los más débiles.

Orgullo de barrio se siente cuando uno conoce los proyectos de Radio Vallekas, emisora independiente, libre y comunitaria o Tele K, cadena de televisión local que pretende ser una voz diferente, propia, disidente.

El orgullo de barrio lo representan tantos hombres y mujeres que construyeron un barrio desde la lucha, el compromiso y el esfuerzo, donde el hambre de emancipación hizo que se tejieran lazos de solidaridad que convertieron al vecindario en familia, y donde la ascensión social era favorecida por esa red vecinal que luchaba por el reconocimiento de la dignidad de todos los trabajador@s que lo habitaban.

Una de las cadenas españolas de televisión propone en un nuevo programa ascender a icono mediático a varias muchachas a las que bautizan como princesas de barrio. Ellas se dicen orgullosamente poligoneras. Y despliegan sus sueños ante el televisor sin filtros ni cautelas. Cuando a una de ellas le preguntan cuál es su sueño responde: ser mileurista. Nunca ha leido un libro, también dice ante la cámara. Y tararean una canción de Camela ante los rostros iluminados por las pantallas planas.

Para el programa, ellas representan el orgullo de barrio. Pero su resignación, la forma en que se jactan de sus carencias las alejan de lo que debiera hacernos sentir dicho orgullo.

La televisión nos aleja de la realidad al mostrarlo todo como espectáculo. Nosotros desde casa nos sabemos ajenos a esa realidad, mejores, y contemplanos satisfechos, sonriendo cómodamente, la desgracia de otros. Ya no distinguimos la ficción televisada de lo real. Y entre la piedad condescendiente, y la burla despiadada del que se cree superior, los medios retratan la realidad más sórdida como quien, en un safari, sigue los pasos del león que bosteza en mitad de la sabana.

Leo a Nicholas Carr explicar cómo Internet nos vuelve más superficiales, cómo nos hace perder capacidad de profundización, cómo la creación mediática que proyectamos como nuestra propia personalidad en la red de redes es un dibujo simple, estereotipado y alejado de lo que realmente somos: nos proyectamos virtualmente según las exigencias de la red y no de nuestros verdaderos anhelos.

Y es cierto. Nos preocupa que los post sean largos y encapsulamos y comprimimos todo lo que podemos el mensaje y el sentimiento a fin de que sea tomado en cuenta.

Así asumimos con resignación los cambios terribles que se avecinan. Los sueños son otros. Difícilmente nos preocupamos por que aumente la edad de jubilación y perdamos derechos como trabajadores, cuando nuestro sueño es salir en la tele, orgullosamente perdidos en nuestra ignorancia, o cuando al saber de la gente tapando la calle en Egipto exigiendo libertades una suerte de melancolía invade nuestro corazón al ver tan poco transitadas las pirámides mientras las ciudades arden y el mundo se derrumba a pesar de que nosotros nos enamoramos.

martes, 1 de febrero de 2011

Tres haikus

Te dejo tres haikus y el invierno nos saluda con una media sonrisa. Es una mezcla de dolor y afecto. El extraño rictus de un tiempo que olvidó que tras el invierno florecen los cerezos, aquella primavera que Neruda soñó imitar en otros cuerpos. Y aún así, con el frío cortándonos la cara y congelando el vaho que une nuestros alientos, sigo haciendo planes, escribiendo versos, agradeciendo tu mirada limpia por la mañana, y la caricia de este invierno que llena la ciudad de grises y azules, que se apaga como el silbato del tren que se aleja, como tus ojos mientras, se hace tarde, la película avanza como un barco a la deriva haciendo temblar la luz del salón y tú te quedas dormida en el sofá, imaginándote el final, soñando recuerdos del futuro:

Pero, como te decía, te dejo tres haikus:

I

Donde tus manos

acarician la hierba,

allí, me duermo.

II

Brizna de hierba

mecida por el aire.

Como un recuerdo.

Y III

Tiene el invierno

la costumbre de vestir

siempre tu sombra.

miércoles, 26 de enero de 2011

Despierta

Perdón por el retraso, pero inconvenientes técnicos con el ADSL me impidieron ser más puntual. Les dejo estos versos. Pronto empezamos con los conciertos. Qué ganas de verte.


Despierta

No mires pasar los días

como quien ve caer la nieve

sobre la ciudad que siempre habitas.

No dejes que el trabajo

te escupa de la oficina

como al hueso del melocotón

arrancado del árbol de la vida.

Despierta,

deshazte del alga

que arrastró la marea hasta la cama

y que enreda tus sueños y tus piernas,

del algodón azucarado

que tercamente se adhiere

a tu camisa y a las palmas de tu mano,

de la niebla pixelada que esparce

el ventilador de tu computadora,

soledad en pantalla plana e incandescente.

Sube corriendo por el andamio

que cubre la fachada gris de la memoria,

aquel que levantamos

para restaurar los recuerdos,

la identidad perdida,

aquello que hoy es sombra

y ayer fue una herida luminosa

que mostrabas con orgullo en la taberna.

Sube corriendo por el andamio

hasta lo alto de tu casa,

allá donde se curva el horizonte

y desde donde se divisa todo lo perdido.

Entonces grita que amas,

que bebiste el licor amargo

de los que, aún fracasando,

se empeñan en recordar

qué debe ser vivir.

Grita y recuerda,

que aún no ha anochecido

y hay quien espera tu sonrisa clara

abriendo todas las persianas.

Despierta,

aún estás a tiempo

de tener algo que contar

cuando, ya de madrugada,

la hoguera ilumine a los rostros

que esperan impacientes

quemarse con las brasas de tu historia,

la savia última de la vida hecha recuerdo,

palabra ahora cautiva de estos días de desastre,

en los que todos duermen,

mientras nieva

y yo te busco en los tejados.

miércoles, 19 de enero de 2011

Un soneto para ahuyentar el enojo

Otro soneto mientras nos preparamos para la gira. Se van añadiendo fechas que podéis encontrar en http://www.ismaelserrano.com/informacion/conciertos.htm. Les mando un beso fuerte y espero encontrarlos pronto.


Espero, amor, que perdones mi enfado.
Prometo cuidar las alas del ave
que anida en tu pecho. Mi pecho se abre
como una dalia, flor de tu verano,

la luz de su polen besa tu cara.
Me arrullas y toda mi ira se cura.
Me enoja mi enojo, mi amor. Disculpa
si a veces la nieve cubre tu espalda,

y enciende mi boca, y quema mi frente,
encharca la cama y arruina la cena
y sabe a cenizas. No te mereces
la espina en mi mano, esta luna llena.
Perdona, mi amor, soy torpe, si a veces
soy cardo en tu Edén. Disculpa, mi Eva.

miércoles, 12 de enero de 2011

El año terminaba y tú dormías

Un año termina y otro comienza. Trato de descansar. Espero volver a verte en los conciertos que han de empezar en febrero. Te dejo este soneto para el año que termina, para este que comienza. Echo de menos el escenario:

El año terminaba


El año terminaba y tú dormías.

Vigilaba tu sueño, el ala rota

que negaba tu vuelo. Fueron horas

en que todo me supo a despedida.



Aquel año yo dejé de fumar.

Naufragó nuestra armada en tu bañera,

me besaste en un cine, ardió la hoguera

que alumbraba mi noche y nuestro altar



Aquel año que empezaba yo era tuyo,

Y mía era tu risa, aquel paisaje

del cuarto en que dormías, nuevo mundo

en que clavar recuerdos y estandartes.

Tu rostro amanecía. Mi futuro

asomaba en tus ojos. Despertaste.



Y por último te invito de nuevo (perdón por la insistencia pero la causa lo merece) a que participes en la Cadena de Ayuda Humanitaria para los niños de Gaza, bajando la canción "Luces errantes" quer grabamos con los niño del coro del Conservatorio Edward Said de Ramallah. Busca la información para colaborar desde España o Latinoamérica en http://www.luceserrantes.com/

miércoles, 5 de enero de 2011

Noche de Reyes

Les dejo este soneto para una noche de reyes. Besos para todos.

NOCHE DE REYES



Dejé mis zapatos bajo tu árbol,

leí su corteza y besé sus ramas.

Cerré los ojos. Trepó por mi cama,

como un jazmín, un recuerdo cansado:



la tenue sombra de un niño perdido

que aguarda insomne, noches de tormenta.

Cuenta relámpagos, tiembla y espera

que magos de oriente hallen el camino.



Arde en mi pecho el recuerdo: es humo

quemando mis ojos. Los abro. Encuentro

la flor del jazmín brillando en lo oscuro.

También mis zapatos gastados del tiempo.

Sobre ellos: regalos, todo mi futuro.

La senda que lleva hasta ti, bajo ellos.



Y no puedo dejar pasar la oportunidad de pedirles que colaboren con la Cadena de Ayuda Humnanitaria para los niños de Gaza. Ahora "Luces errantes" está disponible en gran parte de Latinoamerica. Más información: http://www.luceserrantes.com/

viernes, 24 de diciembre de 2010

Haiku navideño

Aunque no sea miércoles aquí va este haiku de invierno:


Tu ausencia hiela
y diciembre te nombra:
flor de mi estío.

Felices fiestas

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Fin de año

El frío me araña la espalda

y veo tus pisadas alejándose en la nieve.

Es invierno cuando todo te nombra

y un eclipse de luna bebe mis silencios

mientras te busco en la noche interminable.

Termina el año y no hay serpentinas

que crucen el cielo de mi casa

como el relámpago de tu risa.

En el vacío que dejas caben todos los abrazos

que los hombres una vez se dieron,

caben todas las flores de todos los jazmines

que han de resistir las heladas,

todos los llantos de los niños abandonados,

todas las casa deshabitadas,

toda mi pena.

Único y azul, como la estrella helada

que baila bajo esta nube gris,

tu recuerdo me acompaña

mientras el televisor rumia su hastío,

mientras cruzo la ciudad bajo las luces de colores

y escribo nuestros nombres

en las cortezas de todos los árboles.

Echo de menos

todo lo que llenas.

El año que viene

será primavera.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Aún no has despertado

No has despertado aún,

el invierno sabe a naranja

y el futuro se desliza

entre los árboles desnudos.

Buscándote.

Habrá quien mire pasar la mañana

como quien lee un telegrama

lleno de pésames y flores.

Nosotros cuidaremos el ala rota

de este día que comienza,

de este pájaro que anida

en el alféizar de las ventanas blancas.

No has despertado aún

y el café burbujea como mi ánimo,

sorprendido por la hazaña

de madrugar en un invierno

que sabe a naranja y a futuro.

Y tú, que todo lo llenas,

que no has despertado,

recorres la playa de mis mañanas

dejando tus pisadas en la arena

a Robinsones huérfanos de veranos.

Abres los ojos, como quien abre las nubes,

y el mundo que aún tiene el color

de la corteza de los plátanos,

también sin vestir

-es muy temprano-

celebra tu llegada

alumbrando las calles con luces naranjas,

con serpientes de colores,

y abre sus ventanas y sus alas,

como tú tus párpados,

llenos de besos y silencios.

Despiertas.

Y todo se vuelve verdad.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

La calma que vendrá

No para de llover. Oigo el crepitar de la lluvia sobre los cristales, el llanto que derrama este invierno gris. Salto los charcos, tarareo una nueva melodía, preparo un viaje, sigo vivo.

Luces errantes siguen cruzando estas noches frías. Seguimos necesitando vuestra ayuda: www.luceserrantes.com. La causa lo merece.

Preparo los últimos conciertos del año: San Cugat, Barberá, Viladecans. Luego vendrán unos días de descanso, para retomar después la gira, primero por España y luego por Latinoamérica.

Llegan las navidades. Acaba el año y, como siempre, hacemos propósito de mejorar en el que viene. Vendrán tiempos mejores, decimos con un suspiro que atraviesa el horizonte de Madrid hasta quedar suspendido entre las bombillas luminosas que cruzan la Gran Vía. Todo se llena de colores, de familias abrigadas que buscan en los escaparates el espejismo caleidoscópico que las envuelva en una nube adormecedora, para que se aplaquen el ruido de fondo y el estrépito de andamios.

La gente empeñada en parecer feliz se pone pelucas y sale a la calle. En la Plaza Mayor los belenes tiemblan de frío en los mostradores. La Noche Buena se viene, la Noche Buena se va, y nosotros nos iremos y no volveremos más, dice la canción. Porque el que vuelva será otro. Nosotros vistiendo otros cuerpos. Mejores. Más fuertes.

El jazmín de momento aguanta las heladas y yo me escondo en un abrazo mientras la noche se llena de tormentas. A pesar de que las cosas parecen llenarse de cenizas, aunque este aguacero implacable se empeñe en tenernos encerrados en casa, sé que vendrán tiempos mejores.

Me lo dicen las gotas de lluvia que tiemblan en tus pestañas infinitas, unas manos pequeñas que agarran un paraguas y me invitan a resguardarme, el olor de la tierra mojada en la lejana aldea, mientras el arroyo regresa cargado de agua entre los encinares en los que a veces me escondo, la risa de un niño mientras canto una canción, la vida misma sentada en el sofá de mi casa mientras la televisión me mece con su murmullo y afuera nos esperan los charcos, para ser saltados, para devolvernos en su reflejo nuestro rostro florecido, lleno de besos y sonrisas. Tras esta tempestad vendrá la calma. Y en ella nos encontraremos.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Decisiones difíciles

Nieva en Madrid y el frío se cuela por el cuello de nuestras camisas, el tigre celta maúlla como un gato abandonado y hambriento y luces errantes cruzan el cielo.

Escuchamos a los políticos de turno y a sesudos periodistas frases como “España tiene que hacer los deberes”, “hay que mandar mensajes claros a los mercados”. Es lo que tiene la economía: resulta tan esotérica y tan impenetrable que sólo queda decir frases hechas para expresar la incertidumbre, mezcla de resignación e ignorancia, que produce ver como la crisis nos desnuda en este invierno frío.

Algunos pensamos que los deberes de nuestros países debieran ser otros, no precisamente desmantelar el estado del bienestar ni retroceder en derechos conseguidos tras tantos años de lucha, que el mensaje a mandar a los mercados debiera ser distinto, que no podemos ceder ante su chantaje.

Ahora nos toca ver cómo los que gobiernan proclaman con una pose de dolor y con aires de orgullosos hombres de Estado que “hay que tomar decisiones difíciles”. ¿Difíciles para quién? Como bien dice Tony Judt en su libro “Algo va mal”: “Actualmente nos orgullecemos de ser lo suficientemente duros como para infligir dolor a otros. Si aún estuviera vigente un uso más antiguo, en virtud del cual ser duro consistía en soportar el dolor, no en imponérselo a los demás, quizá lo pensaríamos dos veces antes de valorar tan insensiblemente la eficacia por encima de la compasión”.

Ante estos reproches el político en cuestión dirá, con aire paternalista, que exigir que se defienda el estado del bienestar, la dignidad de lo público, tributaciones progresivas en función de la renta, que paguen la factura quienes originaron el fiasco tal y como están las cosas es ingenuo y fútil.

El consenso, al parecer, es otro. El Estado sólo deber intervenir para rescatar al sistema financiero del desastre, pero por lo demás su existencia ha de ser mínima, lo mismo que la tributación y la regularización de los mercados. Que lo bueno y lo inevitable es confiar en la mano invisible y que Adam Smith mola todo.

Pero es que no siempre fue ese el consenso existente. Hubo un tiempo en el que se adoptaron políticas muy diferentes y aquellas medidas fueron las que originaron el progreso que permitieron una mejor distribución de la riqueza y del bienestar. Los tiempos de New Deal tras la Segunda Guerra Mundial y de la “Great society” en los 60 convirtieron a EEUU en un país en el que la posibilidad de ascender socialmente era un sueño cercano. Las políticas adoptadas por los gobiernos de la vieja Europa tras la Segunda Guerra hasta los 80 crearon la Europa del bienestar, con su sanidad y su educación pública y universal, su seguridad social, sus negociaciones colectivas. La idea de que el bienestar colectivo sólo podría sostenerse con la regularización de los mercados y con un Estado solvente, activo y presente en la economía era un hecho incuestionable.

Los ochenta y el consenso de Washington supusieron el final de todo aquello. Hasta hoy, día en el que se cuestiona la sostenibilidad de todo lo logrado.

Y la perdida de protagonismo por parte de la sociedad civil y el deterioro moral de la intelectualidad política (no hagan chistes porque la expresión no siempre es oxímoron) nos llevaron a este lugar.

Cita también Judt a Tolstoi: “No hay condiciones de vida a las que un hombre no pueda acostumbrarse, especialmente si ve que a su alrededor todos las aceptan”.

Y luego Judt añade: “Décadas de creciente desigualdad parecen habernos convencido de que esta es una condición natural de la vida sobre la que cabe hacer poco.”

Quizá se trate de eso, de romper con esa aceptación y reclamar lo que, por ser nuestro patrimonio natural como seres humanos, nos deben: la dirección de nuestros destinos, los derechos que supeditan las libertades del mercado a la de los hombres y las mujeres. No somos meramente criaturas económicas que sirven para alimentar estadísticas, somos hombres y mujeres y, lejos de la ingenuidad, exigimos el protagonismo que nos corresponde y que se resuelva el déficit democrático que les lleva a algunos a tomar “decisiones difíciles”, contrarias al interés general.

Una de las consecuencias de esta crisis es el peligro de desaparición de las políticas de cooperación y desarrollo de los Estados, de la solidaridad internacional. Por eso apelamos al activismo ciudadano para cambiar las cosas. Porque en estos tiempos difíciles sólo nosotros podemos suplir esas ausencias.

Por eso, mientras nieva en Madrid y el jazmín trata de resistir los embates de las heladas, mientras agradezco la lluvia que me mantiene cerca de ti bajo el paraguas, te pido que te sumes a nosotros. Que colabores en la campaña de la UNRWA (Agencia de Naciones Unidas para los refugiados de Palestina), que escuches Luces errantes y que sueñes con un mundo mejor.

Puedes ayudarnos en: www.luceserrantes.com

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Luces Errantes. 29 de noviembre de 2010

Con motivo del Día Mundial de Solidaridad con el pueblo palestino, UNRWA Comité Español, (Agencia de Naciones Unidas para los refugiados de Palestina), el día 29 de noviembre de 2010 presentará la Campaña Cadena de Ayuda Humanitaria para los Niños de Gaza y la canción de Ismael Serrano Luces Errantes, compuesta por Serrano para los niños refugiados de Gaza. Luces Errantes ha sido grabada en la ciudad de Ramallah, junto a los niños refugiados de Palestina, en el marco de Cadena de Ayuda.
Los beneficios que se obtengan de la venta digital de la canción se emplearán para ayudar a los proyectos de cooperación y desarrolllo que UNRWA realiza en Palestina y que contribuyen a que miles de niños y niñas vean mejorada su salud, su educación y su alimentación en la franja de Gaza; una zona en la que los niños y jóvenes se enfrentan a situaciones tan graves como el conflicto armado, la pobreza, la crisis económica y las restricciones en la movilidad de la población.

Puedes encontrar más información en www.yotambienmesumo.org


La canción está inspirada en las actividades que realiza la UNRWA en los campamentos de verano en Gaza. En el verano de 2009 miles de niños lanzaban sus cometas al aire en la playa de Beit Lahiya, en busca de romper el récord Guiness de vuelo simultáneo de cometas.
Y desde lo alto, sobre los muros, las cometas, como pájaros de papel, dibujaban mil palomas blancas, promesa de un tiempo mejor, símbolo de la paz anhelada por tantos refugiados desplazados de sus lugares de origen.

A partir del día 29 se pondrá a la venta a través de diferentes plataformas digitales. Toda vuestra aportación será destinada a los proyectos de solidaridad con los que la UNRWA trata de paliar el desamparo de los refugiados palestinos. Os dejo un fragmento de la canción. Pronto os daremos detalles más concretos.


miércoles, 17 de noviembre de 2010

Un hombre espera en la intemperie

Habla Luis Eduardo Aute en su nuevo disco de la perdición que supone vivir a albur de la intemperie. Estuve escuchando sus nuevas canciones en el Teatro Nuevo Alcalá y disfruté reencontrándome con un autor que es referencia ineludible. En cierto modo siempre me acompañó, incluso antes de que nos conociéramos personalmente.

Recuerdo los viajes que hice siendo un niño escuchando el viejo casette en el que mi hermano Daniel había grabado de la radio el concierto “Entre amigos”, emitido íntegramente en directo en un tiempo en el que en las radios musicales aún había espacios para la calma y la reflexión. Recuerdo aquel primer mano a mano con Silvio, al que acudí con amigos, una noche mágica en Las Ventas que no olvidaré. En uno de mis conciertos en el café libertad estuvo Aute, y después escribió unas líneas para el cuaderno promocional de mi primer disco, me acompañó en mi primer gran concierto en un teatro de Madrid, y cantó conmigo una canción en aquel Principio de Incertidumbre. La última vez que compartimos escenario fue en Costa Rica. Y aún hoy no puedo creer que, después de tanto tiempo. pueda recibir el afecto y la atención de quien es uno de los autores de algunas de las canciones más hermosas escritas en castellano en los últimos tiempos. No tengo suficientes palabras de agradecimiento para él.

Pero hablaba antes de lo que es vivir en la intemperie. Hizo Aute referencia al presentar una de sus canciones a la ocupación marroquí del Sahara, al sufrimiento del pueblo saharaui y a la ineptitud de los sucesivos gobiernos españoles que, eludiendo su responsabilidad y desoyendo las legítimas aspiraciones del pueblo saharaui en lo que respecta a su soberanía, jamás hicieron nada por buscar soluciones sostenibles al conflicto. A los 35 años que en definitiva lleva viviendo en la intemperie el pueblo del Sahara.

Y todos aplaudimos. Porque la mayor parte de la sociedad civil comparte la indignación ante lo que ha ocurrido en El Aaiún, porque sabemos de nuestra responsabilidad como españoles en el conflicto, porque la dejadez por parte de los gobernantes es vergonzosa.

Y a la intemperie viven ante nuestra mirada impasible miles de refugiados, desplazados por guerras, por las ocupaciones o por el hambre; hombres y mujeres, luces errantes, que buscan manos que le salven del silencio. Y así la vida sigue dándonos dentelladas, mostrándonos el abismo peligroso entre nosotros y el futuro.

Aún quedan por suerte destellos de luz que iluminan la calle oscura, figuras recortándose contra el cielo naranja, señales inequívocas de que seguimos caminando, pues las siluetas se agrandan según avanzamos hasta convertirse en un abrazo.

Y llueve, y la lluvia nos moja por las calles de Pontevedra. Y una hermosa muchacha, sin paraguas, corre bajo la lluvia, y el pelo húmedo se le pega a la cara llena de pecas y sonríe cuando por fin resguardada bajo un techo se sacude las gotas y se despide de la ciudad de piedra. Pontevedra y Vigo también fueron generosas con nosotros. Mil gracias.

Y recuerdo los versos de un amigo, porque es mi amigo y porque celebro que le hayan dado el premio Loewe de poesía, porque se lo merece y porque sus versos son hermosos. Se llama Joaquín Pérez Azaustre y su poema Dice así:

“La lluvia sólo quiere que la escuches:

salir a acariciarla,

dejar que te moje el perfil rubio,

los tacones que ensalzan tu esbeltez;

dejarla sobre el peso de unas hojas,

del aire desenvuelto en su latencia

o en un acecho de agua.

Acepta un nuevo estado, sal afuera

por mucho que prefieras un paraguas.

Antes o después la lluvia nueva

hará que sí la escuches, que prefieras

salir de donde estás para mojarte.”

Y mientras llueve en Madrid, un hombre espera en el desierto.

martes, 9 de noviembre de 2010

Sentimiento religioso

Me conmovió la solemnidad de los rituales hindúes a orillas del Ganges, las cremaciones al atardecer, las abluciones al despertar, la espiritualidad que lo impregna todo en Vanarasi. Obnubilado y sobrecogido me hizo temblar el murmullo frente al Muro de las Lamentaciones de Jerusalem, voces que rezan oscilantes meciendo el sueño de un dios iracundo y sordo. En el Cairo, sobre la ciudadela antigua, escuché estremecido la voz vibrante que llamaba a la oración desde todos los alminares y me sentí pequeño. Cada Semana Santa me maravilla el cortejo fúnebre de encapuchados que le canta al hijo del carpintero crucificado. Pero más allá del desconcierto estético, unas cuantas preguntas éticas y la estupefacción ante el hecho antropológico que generan en mi cada una de aquellas vivencias, nunca tuve un gran sentimiento religioso.

Envidio a aquellos que creen en una realidad trascendente, que creen en otra vida más allá de esta, si bien siempre pensé que más vale vivir esta con intensidad por si acaso.

No creo en Dios. Pero respeto profundamente a quien sí lo hace y admiro a aquellos que, movidos por su fe, sacrifican su tiempo y sus vidas en aras de paliar el sufrimiento de los demás.

Cuentan que cuando al Dalai Lama le preguntaron cuál era la religión verdadera dijo: Aquella que nos hace mejores. No dudo que a algunos su religión los hace mejores. Es más, me consta porque a unos cuantos conozco. Pero también ocurre lo contrario. Que a algunos su religión los hace peores.

Estuvimos de conciertos cerca de Barcelona, en Vic y en L’Hospitalet. Fueron recitales muy emocionantes. Echaba de menos tocar a este lado del océano.

Y el caso es que el Papa estaba por ahí. Denunciando el laicismo beligerante del Gobierno, el relativismo moral y esas cosas que al Papa le preocupan. También habló de la mujer y de lo que él piensa que deben ser las labores propias de la misma (como siempre subyugada al hombre, cabeza de familia), de comparar esta España con la del 36 y otras cosas ya sabidas por repetidas.

La Real Academia define el laicismo como “Doctrina que defiende la independencia del hombre o de la sociedad, y más particularmente del Estado, respecto de cualquier organización o confesión religiosa”. Lejos de parecerme reprobable me parece el ideal al que ha de tender toda sociedad. Y lo de laicismo beligerante del Gobierno no parece muy cierto a tenor del presupuesto que el Estado dedica para asuntos de la Iglesia Católica, visita del Papa incluida que tuvo gastos pagados por todos.

Pero bueno, que muchas afirmaciones y posturas como las que la jerarquía católica defiende no hacen mejores a los seres humanos.

Hacía Erasmo de Rotterdam, humanista cristiano, referencia a como los atenienses aconsejaban a Diógenes que tomase orden de sacerdote, diciéndole que así tendría garantizado después señorío en el cielo. Respondía Diógenes que la buenaventuranza sólo estaba garantizada para aquellos que con buenas obras la merecieran. Y hay mucho funcionario espiritual que no merece buenaventurazas, que se aleja de la verdadera iglesia (del griego ekklesía, “asamblea”), de los cristianos de base que tienen una mirada más honesta, más liberadora y mejor espíritu.

Así que me temo que estoy condenado al infierno, puesto que, laicista y agnóstico, me duele ver como la Iglesia en España sólo ha sido capaz de convocar manifestaciones cuando el Gobierno reconoció garantías jurídicas a la unión de homosexuales legalizando su matrimonio. Creo que hubo mejores y más justas ocasiones en las que salir a la calle y no vi cardenales convocando a las marchas cuando el sufrimiento, la guerra o el hambre demandaban la movilización urgente de todos los ciudadanos.

Así que condenado como estoy reconozco que no tengo un gran sentimiento religioso. Quizá se acerque a ello las emociones que producen en mi ver a mi sobrino riendo mientras me persigue, ver dormir a la mujer que uno ama o planear un viaje con ella, saber de la historia de hombres y mujeres que mueren sin renunciar a su lucha por la emancipación de los seres humanos, algunos atardeceres, el brindis con amigos mientras la tarde cae, cantar contigo mientras soñamos mundos mejores, alguna tarde de cine, la sobremesa tras el cocido de mi madre, los abrazos que me salvan del miedo, saber que no te rindes aunque el mundo se derrumbe.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Para Pablo

A ti que recién llegas y abres por primera vez los ojos iluminando el mundo con tu mirada. Pequeño y frágil, único como la estrella helada que mece este viento de otoño. A ti que eres recibido con celebración y maravilla, congelando el suspiro mientras tu breve cuerpo apenas llena nuestro abrazo.

Ya lo dije antes pero te lo repito, eres un recién llegado y yo ya soy tu aprendiz. No te recibe el mundo en su mejor momento, aunque tampoco sabría decirte cual fue el mejor. Pero tú, como la llama de un candil temblando entre la niebla, alumbrarás estos días inciertos y harás que el futuro florezca como lo hace el jazmín de mi patio, renovado y fuerte, empeñado en trepar por la vida como la sonrisa ante tu recuerdo.

Somos otros porque has llegado. Y el día que naciste, el otoño nos regaló un sol de primavera. Luego, mientras dormías y soñabas, llovió. Y en aquella lluvia se vertían las lágrimas de todos los que como tú nacieron para dar sentido a estos días borrosos de crisis y lucha.

La edad nos revela los fracasos y los achaques. Pero también verás, pequeño Pablo, que el amor es capaz de rescatarnos del naufragio para enseñarnos que lo mejor está por venir. Robinson, tarde o temprano, descubre unas huellas en la playa y la mirada se vuelve más luminosa.

Bueno, simplemente quería darte la bienvenida y decirte que, al llegar tú, llegaron los refuerzos y sé que las cosas van a ir mejor, que los días y las sonrisas han de ser más radiantes porque tú habitas este planeta, disparatado y maravilloso.