miércoles, 26 de enero de 2011

Despierta

Perdón por el retraso, pero inconvenientes técnicos con el ADSL me impidieron ser más puntual. Les dejo estos versos. Pronto empezamos con los conciertos. Qué ganas de verte.


Despierta

No mires pasar los días

como quien ve caer la nieve

sobre la ciudad que siempre habitas.

No dejes que el trabajo

te escupa de la oficina

como al hueso del melocotón

arrancado del árbol de la vida.

Despierta,

deshazte del alga

que arrastró la marea hasta la cama

y que enreda tus sueños y tus piernas,

del algodón azucarado

que tercamente se adhiere

a tu camisa y a las palmas de tu mano,

de la niebla pixelada que esparce

el ventilador de tu computadora,

soledad en pantalla plana e incandescente.

Sube corriendo por el andamio

que cubre la fachada gris de la memoria,

aquel que levantamos

para restaurar los recuerdos,

la identidad perdida,

aquello que hoy es sombra

y ayer fue una herida luminosa

que mostrabas con orgullo en la taberna.

Sube corriendo por el andamio

hasta lo alto de tu casa,

allá donde se curva el horizonte

y desde donde se divisa todo lo perdido.

Entonces grita que amas,

que bebiste el licor amargo

de los que, aún fracasando,

se empeñan en recordar

qué debe ser vivir.

Grita y recuerda,

que aún no ha anochecido

y hay quien espera tu sonrisa clara

abriendo todas las persianas.

Despierta,

aún estás a tiempo

de tener algo que contar

cuando, ya de madrugada,

la hoguera ilumine a los rostros

que esperan impacientes

quemarse con las brasas de tu historia,

la savia última de la vida hecha recuerdo,

palabra ahora cautiva de estos días de desastre,

en los que todos duermen,

mientras nieva

y yo te busco en los tejados.

miércoles, 19 de enero de 2011

Un soneto para ahuyentar el enojo

Otro soneto mientras nos preparamos para la gira. Se van añadiendo fechas que podéis encontrar en http://www.ismaelserrano.com/informacion/conciertos.htm. Les mando un beso fuerte y espero encontrarlos pronto.


Espero, amor, que perdones mi enfado.
Prometo cuidar las alas del ave
que anida en tu pecho. Mi pecho se abre
como una dalia, flor de tu verano,

la luz de su polen besa tu cara.
Me arrullas y toda mi ira se cura.
Me enoja mi enojo, mi amor. Disculpa
si a veces la nieve cubre tu espalda,

y enciende mi boca, y quema mi frente,
encharca la cama y arruina la cena
y sabe a cenizas. No te mereces
la espina en mi mano, esta luna llena.
Perdona, mi amor, soy torpe, si a veces
soy cardo en tu Edén. Disculpa, mi Eva.

miércoles, 12 de enero de 2011

El año terminaba y tú dormías

Un año termina y otro comienza. Trato de descansar. Espero volver a verte en los conciertos que han de empezar en febrero. Te dejo este soneto para el año que termina, para este que comienza. Echo de menos el escenario:

El año terminaba


El año terminaba y tú dormías.

Vigilaba tu sueño, el ala rota

que negaba tu vuelo. Fueron horas

en que todo me supo a despedida.



Aquel año yo dejé de fumar.

Naufragó nuestra armada en tu bañera,

me besaste en un cine, ardió la hoguera

que alumbraba mi noche y nuestro altar



Aquel año que empezaba yo era tuyo,

Y mía era tu risa, aquel paisaje

del cuarto en que dormías, nuevo mundo

en que clavar recuerdos y estandartes.

Tu rostro amanecía. Mi futuro

asomaba en tus ojos. Despertaste.



Y por último te invito de nuevo (perdón por la insistencia pero la causa lo merece) a que participes en la Cadena de Ayuda Humanitaria para los niños de Gaza, bajando la canción "Luces errantes" quer grabamos con los niño del coro del Conservatorio Edward Said de Ramallah. Busca la información para colaborar desde España o Latinoamérica en http://www.luceserrantes.com/

miércoles, 5 de enero de 2011

Noche de Reyes

Les dejo este soneto para una noche de reyes. Besos para todos.

NOCHE DE REYES



Dejé mis zapatos bajo tu árbol,

leí su corteza y besé sus ramas.

Cerré los ojos. Trepó por mi cama,

como un jazmín, un recuerdo cansado:



la tenue sombra de un niño perdido

que aguarda insomne, noches de tormenta.

Cuenta relámpagos, tiembla y espera

que magos de oriente hallen el camino.



Arde en mi pecho el recuerdo: es humo

quemando mis ojos. Los abro. Encuentro

la flor del jazmín brillando en lo oscuro.

También mis zapatos gastados del tiempo.

Sobre ellos: regalos, todo mi futuro.

La senda que lleva hasta ti, bajo ellos.



Y no puedo dejar pasar la oportunidad de pedirles que colaboren con la Cadena de Ayuda Humnanitaria para los niños de Gaza. Ahora "Luces errantes" está disponible en gran parte de Latinoamerica. Más información: http://www.luceserrantes.com/

viernes, 24 de diciembre de 2010

Haiku navideño

Aunque no sea miércoles aquí va este haiku de invierno:


Tu ausencia hiela
y diciembre te nombra:
flor de mi estío.

Felices fiestas

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Fin de año

El frío me araña la espalda

y veo tus pisadas alejándose en la nieve.

Es invierno cuando todo te nombra

y un eclipse de luna bebe mis silencios

mientras te busco en la noche interminable.

Termina el año y no hay serpentinas

que crucen el cielo de mi casa

como el relámpago de tu risa.

En el vacío que dejas caben todos los abrazos

que los hombres una vez se dieron,

caben todas las flores de todos los jazmines

que han de resistir las heladas,

todos los llantos de los niños abandonados,

todas las casa deshabitadas,

toda mi pena.

Único y azul, como la estrella helada

que baila bajo esta nube gris,

tu recuerdo me acompaña

mientras el televisor rumia su hastío,

mientras cruzo la ciudad bajo las luces de colores

y escribo nuestros nombres

en las cortezas de todos los árboles.

Echo de menos

todo lo que llenas.

El año que viene

será primavera.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Aún no has despertado

No has despertado aún,

el invierno sabe a naranja

y el futuro se desliza

entre los árboles desnudos.

Buscándote.

Habrá quien mire pasar la mañana

como quien lee un telegrama

lleno de pésames y flores.

Nosotros cuidaremos el ala rota

de este día que comienza,

de este pájaro que anida

en el alféizar de las ventanas blancas.

No has despertado aún

y el café burbujea como mi ánimo,

sorprendido por la hazaña

de madrugar en un invierno

que sabe a naranja y a futuro.

Y tú, que todo lo llenas,

que no has despertado,

recorres la playa de mis mañanas

dejando tus pisadas en la arena

a Robinsones huérfanos de veranos.

Abres los ojos, como quien abre las nubes,

y el mundo que aún tiene el color

de la corteza de los plátanos,

también sin vestir

-es muy temprano-

celebra tu llegada

alumbrando las calles con luces naranjas,

con serpientes de colores,

y abre sus ventanas y sus alas,

como tú tus párpados,

llenos de besos y silencios.

Despiertas.

Y todo se vuelve verdad.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

La calma que vendrá

No para de llover. Oigo el crepitar de la lluvia sobre los cristales, el llanto que derrama este invierno gris. Salto los charcos, tarareo una nueva melodía, preparo un viaje, sigo vivo.

Luces errantes siguen cruzando estas noches frías. Seguimos necesitando vuestra ayuda: www.luceserrantes.com. La causa lo merece.

Preparo los últimos conciertos del año: San Cugat, Barberá, Viladecans. Luego vendrán unos días de descanso, para retomar después la gira, primero por España y luego por Latinoamérica.

Llegan las navidades. Acaba el año y, como siempre, hacemos propósito de mejorar en el que viene. Vendrán tiempos mejores, decimos con un suspiro que atraviesa el horizonte de Madrid hasta quedar suspendido entre las bombillas luminosas que cruzan la Gran Vía. Todo se llena de colores, de familias abrigadas que buscan en los escaparates el espejismo caleidoscópico que las envuelva en una nube adormecedora, para que se aplaquen el ruido de fondo y el estrépito de andamios.

La gente empeñada en parecer feliz se pone pelucas y sale a la calle. En la Plaza Mayor los belenes tiemblan de frío en los mostradores. La Noche Buena se viene, la Noche Buena se va, y nosotros nos iremos y no volveremos más, dice la canción. Porque el que vuelva será otro. Nosotros vistiendo otros cuerpos. Mejores. Más fuertes.

El jazmín de momento aguanta las heladas y yo me escondo en un abrazo mientras la noche se llena de tormentas. A pesar de que las cosas parecen llenarse de cenizas, aunque este aguacero implacable se empeñe en tenernos encerrados en casa, sé que vendrán tiempos mejores.

Me lo dicen las gotas de lluvia que tiemblan en tus pestañas infinitas, unas manos pequeñas que agarran un paraguas y me invitan a resguardarme, el olor de la tierra mojada en la lejana aldea, mientras el arroyo regresa cargado de agua entre los encinares en los que a veces me escondo, la risa de un niño mientras canto una canción, la vida misma sentada en el sofá de mi casa mientras la televisión me mece con su murmullo y afuera nos esperan los charcos, para ser saltados, para devolvernos en su reflejo nuestro rostro florecido, lleno de besos y sonrisas. Tras esta tempestad vendrá la calma. Y en ella nos encontraremos.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Decisiones difíciles

Nieva en Madrid y el frío se cuela por el cuello de nuestras camisas, el tigre celta maúlla como un gato abandonado y hambriento y luces errantes cruzan el cielo.

Escuchamos a los políticos de turno y a sesudos periodistas frases como “España tiene que hacer los deberes”, “hay que mandar mensajes claros a los mercados”. Es lo que tiene la economía: resulta tan esotérica y tan impenetrable que sólo queda decir frases hechas para expresar la incertidumbre, mezcla de resignación e ignorancia, que produce ver como la crisis nos desnuda en este invierno frío.

Algunos pensamos que los deberes de nuestros países debieran ser otros, no precisamente desmantelar el estado del bienestar ni retroceder en derechos conseguidos tras tantos años de lucha, que el mensaje a mandar a los mercados debiera ser distinto, que no podemos ceder ante su chantaje.

Ahora nos toca ver cómo los que gobiernan proclaman con una pose de dolor y con aires de orgullosos hombres de Estado que “hay que tomar decisiones difíciles”. ¿Difíciles para quién? Como bien dice Tony Judt en su libro “Algo va mal”: “Actualmente nos orgullecemos de ser lo suficientemente duros como para infligir dolor a otros. Si aún estuviera vigente un uso más antiguo, en virtud del cual ser duro consistía en soportar el dolor, no en imponérselo a los demás, quizá lo pensaríamos dos veces antes de valorar tan insensiblemente la eficacia por encima de la compasión”.

Ante estos reproches el político en cuestión dirá, con aire paternalista, que exigir que se defienda el estado del bienestar, la dignidad de lo público, tributaciones progresivas en función de la renta, que paguen la factura quienes originaron el fiasco tal y como están las cosas es ingenuo y fútil.

El consenso, al parecer, es otro. El Estado sólo deber intervenir para rescatar al sistema financiero del desastre, pero por lo demás su existencia ha de ser mínima, lo mismo que la tributación y la regularización de los mercados. Que lo bueno y lo inevitable es confiar en la mano invisible y que Adam Smith mola todo.

Pero es que no siempre fue ese el consenso existente. Hubo un tiempo en el que se adoptaron políticas muy diferentes y aquellas medidas fueron las que originaron el progreso que permitieron una mejor distribución de la riqueza y del bienestar. Los tiempos de New Deal tras la Segunda Guerra Mundial y de la “Great society” en los 60 convirtieron a EEUU en un país en el que la posibilidad de ascender socialmente era un sueño cercano. Las políticas adoptadas por los gobiernos de la vieja Europa tras la Segunda Guerra hasta los 80 crearon la Europa del bienestar, con su sanidad y su educación pública y universal, su seguridad social, sus negociaciones colectivas. La idea de que el bienestar colectivo sólo podría sostenerse con la regularización de los mercados y con un Estado solvente, activo y presente en la economía era un hecho incuestionable.

Los ochenta y el consenso de Washington supusieron el final de todo aquello. Hasta hoy, día en el que se cuestiona la sostenibilidad de todo lo logrado.

Y la perdida de protagonismo por parte de la sociedad civil y el deterioro moral de la intelectualidad política (no hagan chistes porque la expresión no siempre es oxímoron) nos llevaron a este lugar.

Cita también Judt a Tolstoi: “No hay condiciones de vida a las que un hombre no pueda acostumbrarse, especialmente si ve que a su alrededor todos las aceptan”.

Y luego Judt añade: “Décadas de creciente desigualdad parecen habernos convencido de que esta es una condición natural de la vida sobre la que cabe hacer poco.”

Quizá se trate de eso, de romper con esa aceptación y reclamar lo que, por ser nuestro patrimonio natural como seres humanos, nos deben: la dirección de nuestros destinos, los derechos que supeditan las libertades del mercado a la de los hombres y las mujeres. No somos meramente criaturas económicas que sirven para alimentar estadísticas, somos hombres y mujeres y, lejos de la ingenuidad, exigimos el protagonismo que nos corresponde y que se resuelva el déficit democrático que les lleva a algunos a tomar “decisiones difíciles”, contrarias al interés general.

Una de las consecuencias de esta crisis es el peligro de desaparición de las políticas de cooperación y desarrollo de los Estados, de la solidaridad internacional. Por eso apelamos al activismo ciudadano para cambiar las cosas. Porque en estos tiempos difíciles sólo nosotros podemos suplir esas ausencias.

Por eso, mientras nieva en Madrid y el jazmín trata de resistir los embates de las heladas, mientras agradezco la lluvia que me mantiene cerca de ti bajo el paraguas, te pido que te sumes a nosotros. Que colabores en la campaña de la UNRWA (Agencia de Naciones Unidas para los refugiados de Palestina), que escuches Luces errantes y que sueñes con un mundo mejor.

Puedes ayudarnos en: www.luceserrantes.com

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Luces Errantes. 29 de noviembre de 2010

Con motivo del Día Mundial de Solidaridad con el pueblo palestino, UNRWA Comité Español, (Agencia de Naciones Unidas para los refugiados de Palestina), el día 29 de noviembre de 2010 presentará la Campaña Cadena de Ayuda Humanitaria para los Niños de Gaza y la canción de Ismael Serrano Luces Errantes, compuesta por Serrano para los niños refugiados de Gaza. Luces Errantes ha sido grabada en la ciudad de Ramallah, junto a los niños refugiados de Palestina, en el marco de Cadena de Ayuda.
Los beneficios que se obtengan de la venta digital de la canción se emplearán para ayudar a los proyectos de cooperación y desarrolllo que UNRWA realiza en Palestina y que contribuyen a que miles de niños y niñas vean mejorada su salud, su educación y su alimentación en la franja de Gaza; una zona en la que los niños y jóvenes se enfrentan a situaciones tan graves como el conflicto armado, la pobreza, la crisis económica y las restricciones en la movilidad de la población.

Puedes encontrar más información en www.yotambienmesumo.org


La canción está inspirada en las actividades que realiza la UNRWA en los campamentos de verano en Gaza. En el verano de 2009 miles de niños lanzaban sus cometas al aire en la playa de Beit Lahiya, en busca de romper el récord Guiness de vuelo simultáneo de cometas.
Y desde lo alto, sobre los muros, las cometas, como pájaros de papel, dibujaban mil palomas blancas, promesa de un tiempo mejor, símbolo de la paz anhelada por tantos refugiados desplazados de sus lugares de origen.

A partir del día 29 se pondrá a la venta a través de diferentes plataformas digitales. Toda vuestra aportación será destinada a los proyectos de solidaridad con los que la UNRWA trata de paliar el desamparo de los refugiados palestinos. Os dejo un fragmento de la canción. Pronto os daremos detalles más concretos.


miércoles, 17 de noviembre de 2010

Un hombre espera en la intemperie

Habla Luis Eduardo Aute en su nuevo disco de la perdición que supone vivir a albur de la intemperie. Estuve escuchando sus nuevas canciones en el Teatro Nuevo Alcalá y disfruté reencontrándome con un autor que es referencia ineludible. En cierto modo siempre me acompañó, incluso antes de que nos conociéramos personalmente.

Recuerdo los viajes que hice siendo un niño escuchando el viejo casette en el que mi hermano Daniel había grabado de la radio el concierto “Entre amigos”, emitido íntegramente en directo en un tiempo en el que en las radios musicales aún había espacios para la calma y la reflexión. Recuerdo aquel primer mano a mano con Silvio, al que acudí con amigos, una noche mágica en Las Ventas que no olvidaré. En uno de mis conciertos en el café libertad estuvo Aute, y después escribió unas líneas para el cuaderno promocional de mi primer disco, me acompañó en mi primer gran concierto en un teatro de Madrid, y cantó conmigo una canción en aquel Principio de Incertidumbre. La última vez que compartimos escenario fue en Costa Rica. Y aún hoy no puedo creer que, después de tanto tiempo. pueda recibir el afecto y la atención de quien es uno de los autores de algunas de las canciones más hermosas escritas en castellano en los últimos tiempos. No tengo suficientes palabras de agradecimiento para él.

Pero hablaba antes de lo que es vivir en la intemperie. Hizo Aute referencia al presentar una de sus canciones a la ocupación marroquí del Sahara, al sufrimiento del pueblo saharaui y a la ineptitud de los sucesivos gobiernos españoles que, eludiendo su responsabilidad y desoyendo las legítimas aspiraciones del pueblo saharaui en lo que respecta a su soberanía, jamás hicieron nada por buscar soluciones sostenibles al conflicto. A los 35 años que en definitiva lleva viviendo en la intemperie el pueblo del Sahara.

Y todos aplaudimos. Porque la mayor parte de la sociedad civil comparte la indignación ante lo que ha ocurrido en El Aaiún, porque sabemos de nuestra responsabilidad como españoles en el conflicto, porque la dejadez por parte de los gobernantes es vergonzosa.

Y a la intemperie viven ante nuestra mirada impasible miles de refugiados, desplazados por guerras, por las ocupaciones o por el hambre; hombres y mujeres, luces errantes, que buscan manos que le salven del silencio. Y así la vida sigue dándonos dentelladas, mostrándonos el abismo peligroso entre nosotros y el futuro.

Aún quedan por suerte destellos de luz que iluminan la calle oscura, figuras recortándose contra el cielo naranja, señales inequívocas de que seguimos caminando, pues las siluetas se agrandan según avanzamos hasta convertirse en un abrazo.

Y llueve, y la lluvia nos moja por las calles de Pontevedra. Y una hermosa muchacha, sin paraguas, corre bajo la lluvia, y el pelo húmedo se le pega a la cara llena de pecas y sonríe cuando por fin resguardada bajo un techo se sacude las gotas y se despide de la ciudad de piedra. Pontevedra y Vigo también fueron generosas con nosotros. Mil gracias.

Y recuerdo los versos de un amigo, porque es mi amigo y porque celebro que le hayan dado el premio Loewe de poesía, porque se lo merece y porque sus versos son hermosos. Se llama Joaquín Pérez Azaustre y su poema Dice así:

“La lluvia sólo quiere que la escuches:

salir a acariciarla,

dejar que te moje el perfil rubio,

los tacones que ensalzan tu esbeltez;

dejarla sobre el peso de unas hojas,

del aire desenvuelto en su latencia

o en un acecho de agua.

Acepta un nuevo estado, sal afuera

por mucho que prefieras un paraguas.

Antes o después la lluvia nueva

hará que sí la escuches, que prefieras

salir de donde estás para mojarte.”

Y mientras llueve en Madrid, un hombre espera en el desierto.

martes, 9 de noviembre de 2010

Sentimiento religioso

Me conmovió la solemnidad de los rituales hindúes a orillas del Ganges, las cremaciones al atardecer, las abluciones al despertar, la espiritualidad que lo impregna todo en Vanarasi. Obnubilado y sobrecogido me hizo temblar el murmullo frente al Muro de las Lamentaciones de Jerusalem, voces que rezan oscilantes meciendo el sueño de un dios iracundo y sordo. En el Cairo, sobre la ciudadela antigua, escuché estremecido la voz vibrante que llamaba a la oración desde todos los alminares y me sentí pequeño. Cada Semana Santa me maravilla el cortejo fúnebre de encapuchados que le canta al hijo del carpintero crucificado. Pero más allá del desconcierto estético, unas cuantas preguntas éticas y la estupefacción ante el hecho antropológico que generan en mi cada una de aquellas vivencias, nunca tuve un gran sentimiento religioso.

Envidio a aquellos que creen en una realidad trascendente, que creen en otra vida más allá de esta, si bien siempre pensé que más vale vivir esta con intensidad por si acaso.

No creo en Dios. Pero respeto profundamente a quien sí lo hace y admiro a aquellos que, movidos por su fe, sacrifican su tiempo y sus vidas en aras de paliar el sufrimiento de los demás.

Cuentan que cuando al Dalai Lama le preguntaron cuál era la religión verdadera dijo: Aquella que nos hace mejores. No dudo que a algunos su religión los hace mejores. Es más, me consta porque a unos cuantos conozco. Pero también ocurre lo contrario. Que a algunos su religión los hace peores.

Estuvimos de conciertos cerca de Barcelona, en Vic y en L’Hospitalet. Fueron recitales muy emocionantes. Echaba de menos tocar a este lado del océano.

Y el caso es que el Papa estaba por ahí. Denunciando el laicismo beligerante del Gobierno, el relativismo moral y esas cosas que al Papa le preocupan. También habló de la mujer y de lo que él piensa que deben ser las labores propias de la misma (como siempre subyugada al hombre, cabeza de familia), de comparar esta España con la del 36 y otras cosas ya sabidas por repetidas.

La Real Academia define el laicismo como “Doctrina que defiende la independencia del hombre o de la sociedad, y más particularmente del Estado, respecto de cualquier organización o confesión religiosa”. Lejos de parecerme reprobable me parece el ideal al que ha de tender toda sociedad. Y lo de laicismo beligerante del Gobierno no parece muy cierto a tenor del presupuesto que el Estado dedica para asuntos de la Iglesia Católica, visita del Papa incluida que tuvo gastos pagados por todos.

Pero bueno, que muchas afirmaciones y posturas como las que la jerarquía católica defiende no hacen mejores a los seres humanos.

Hacía Erasmo de Rotterdam, humanista cristiano, referencia a como los atenienses aconsejaban a Diógenes que tomase orden de sacerdote, diciéndole que así tendría garantizado después señorío en el cielo. Respondía Diógenes que la buenaventuranza sólo estaba garantizada para aquellos que con buenas obras la merecieran. Y hay mucho funcionario espiritual que no merece buenaventurazas, que se aleja de la verdadera iglesia (del griego ekklesía, “asamblea”), de los cristianos de base que tienen una mirada más honesta, más liberadora y mejor espíritu.

Así que me temo que estoy condenado al infierno, puesto que, laicista y agnóstico, me duele ver como la Iglesia en España sólo ha sido capaz de convocar manifestaciones cuando el Gobierno reconoció garantías jurídicas a la unión de homosexuales legalizando su matrimonio. Creo que hubo mejores y más justas ocasiones en las que salir a la calle y no vi cardenales convocando a las marchas cuando el sufrimiento, la guerra o el hambre demandaban la movilización urgente de todos los ciudadanos.

Así que condenado como estoy reconozco que no tengo un gran sentimiento religioso. Quizá se acerque a ello las emociones que producen en mi ver a mi sobrino riendo mientras me persigue, ver dormir a la mujer que uno ama o planear un viaje con ella, saber de la historia de hombres y mujeres que mueren sin renunciar a su lucha por la emancipación de los seres humanos, algunos atardeceres, el brindis con amigos mientras la tarde cae, cantar contigo mientras soñamos mundos mejores, alguna tarde de cine, la sobremesa tras el cocido de mi madre, los abrazos que me salvan del miedo, saber que no te rindes aunque el mundo se derrumbe.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Para Pablo

A ti que recién llegas y abres por primera vez los ojos iluminando el mundo con tu mirada. Pequeño y frágil, único como la estrella helada que mece este viento de otoño. A ti que eres recibido con celebración y maravilla, congelando el suspiro mientras tu breve cuerpo apenas llena nuestro abrazo.

Ya lo dije antes pero te lo repito, eres un recién llegado y yo ya soy tu aprendiz. No te recibe el mundo en su mejor momento, aunque tampoco sabría decirte cual fue el mejor. Pero tú, como la llama de un candil temblando entre la niebla, alumbrarás estos días inciertos y harás que el futuro florezca como lo hace el jazmín de mi patio, renovado y fuerte, empeñado en trepar por la vida como la sonrisa ante tu recuerdo.

Somos otros porque has llegado. Y el día que naciste, el otoño nos regaló un sol de primavera. Luego, mientras dormías y soñabas, llovió. Y en aquella lluvia se vertían las lágrimas de todos los que como tú nacieron para dar sentido a estos días borrosos de crisis y lucha.

La edad nos revela los fracasos y los achaques. Pero también verás, pequeño Pablo, que el amor es capaz de rescatarnos del naufragio para enseñarnos que lo mejor está por venir. Robinson, tarde o temprano, descubre unas huellas en la playa y la mirada se vuelve más luminosa.

Bueno, simplemente quería darte la bienvenida y decirte que, al llegar tú, llegaron los refuerzos y sé que las cosas van a ir mejor, que los días y las sonrisas han de ser más radiantes porque tú habitas este planeta, disparatado y maravilloso.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Otoño

Me recupero de las fiebres, del invierno más largo que viví y el otoño desviste los plátanos de mi calle. Así que el suelo se vuelve una alfombra amarilla por la que paseo mis pies cansados. Vuelvo a Madrid y la mañana de octubre me quema y me miente. No es primavera, aunque los días prometan sol y las aves jueguen a perseguirse sobre los tejados.

No es primavera y los periódicos delatan las atrocidades que originó la guerra que nosotros maldecimos. Wikileaks revela el contenido de archivos clasificados y corrobora lo que Casandra vaticinó: decenas de miles de muertos, torturas, abusos, violencia. Ella, la adivina a la que nadie escuchó, aquella que se puse de pie entre el delirio y la mentira, mi dulce Casandra, la opinión pública lo supo antes que nadie y denunció el horror que hubo de cubrir los cielos de aquellos días terribles.

No es primavera en Madrid, aunque la tos y tu ausencia me queme el pecho. Tengo que dejar de fumar, me digo mientras suenan las voces del coro de niños que grabamos en Palestina. Fredi Marugán graba las guitarras del tema, desinteresadamente, con la generosidad de siempre. La canción va creciendo y todos los niños del mundo cantan en las voces del coro de la Escuela de música Edward Said de Ramallah.

No es primavera y el jazmín, que el año pasado resistió al invierno, se aferra a la reja con fuerza, trepa como un dulce recuerdo por la memoria. Y así, con la terquedad de la planta trepadora, salgo a la calle con la intención de seguir cantando, pues vivimos.

Aunque no sea primavera. El otoño, amarillo, como algún amanecer, tiene sabor a prólogo, a maleta a medio hacer, a estación de tren, a desayuno recién servido. La fiebre se marcha, apago el último cigarro y salgo a la calle, esperando encontrarte.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Febril

Febril, intento descansar en casa tras el viaje por Colombia. La tos me agita el pecho y soñar con el encuentro también. Me cuidan, me traen medicinas y el mundo duele menos si me imagino que me miras. Así de forma constante, sonriendo como entonces.
Madrid empieza a amarillear, mis amigos cumplen años y yo duermo bajo mil mantas. Tiemblo de noche con recuerdos del futuro.
Perdona la brevedad de mi mensaje. Prometo cuidarme y hablarte con calma de este otoño de fiebres y planes. Este invierno que viene el futuro será hoy.

martes, 12 de octubre de 2010

Dulce y feroz

Cali, caribeña, negra y bulliciosa nos recibió con amabilidad y calor. Carteles anunciando los conciertos de los Van Van, de la Orquesta Aragón empapelaban las paredes. Y el concierto, íntimo y vibrante, nos dejó la sonrisa prendida en las caras.

Partimos a Medellín. Sabía de la efervescencia cultural de la ciudad antioqueña, cuna de cineastas, artistas plásticos, poetas y cantantes, sede de un renombrado Festival de Poesía, urbe en constante cambio. Bajamos ya de noche la carretera que nos lleva desde el aeropuerto y en una curva se revelan los cerros de la ciudad, pintados por una miríada de luciérnagas palpitantes.

Tuve la oportunidad de charlar con algunos amigos de la cultura de la ciudad. Con Víctor Gaviria, director de cine, autor de la tremenda y hermosa “La vendedora de rosas”, hablamos de la realidad feroz de su país, que contrasta de forma terrible con la amabilidad natural y dulce de los colombianos. También estaba Alejo García, cantautor, uno de los fundadores del Festival Internacional de Canciones Itinerantes que se celebra en el país. Y, junto con otros amigos, hablamos de un país herido, de una ciudadanía rehén de la violencia, de una sociedad civil desmovilizada a fuerza de golpe y sangre, de la guerrilla, de los falsos positivos, de la cultura como espacio de encuentro entre aquellos que sueñan en un mundo mejor, de poetas colombianos, de cine, de epitafios y alumbramientos. Amantes de su tierra mestiza y maltratada, me ayudan a entender a su país, algo hermético, en ebullición constante, apasionado. Me hablan de la distancia entre lo rural y lo urbano, del folklore plural y vivo, de mujeres colombianas que recitan décimas a la manera de Violeta Parra haciendo la crónica sentimental del tiempo convulso que les toca vivir, de la dificultad con la que se encuentran los jóvenes cantautores en el país y me recomiendan los versos de Fernando Vallejo, de León de Greiff, de Raúl Gómez Jattin.

Y entre entrevista y entrevista observo la ciudad desde el mirador del Pueblito Paisa, réplica de la tradicional aldea antioqueña, atrezzo de una realidad congelada en el tiempo para turistas y curiosos. Observo el trajín desordenado de la ciudad desde lo alto y me siento pequeño y vulnerable.

Quedarán para siempre en mi memoria los primeros conciertos en Colombia, dulce y feroz, y prometo volver con la certeza de que el mundo, algún día, detendrá su giro implacable para reparar en la tragedia de aquellos que siempre sufren, para soplar en la herida de los que siempre esperan. Y desde el coche descubro el triste pájaro metálico de Botero, roto por la explosiones. A su lado, otro, incólume, observa la plaza como promesa de los tiempos de paz en los que han de volar mil pájaros como aquel, palomas orondas, pero estas blancas y luminosas.

miércoles, 6 de octubre de 2010

Por fin te encuentro

Llueve ferozmente en Bogotá. Los coches se amontonan sobre el río en que se ha convertido el asfalto mientras preparamos el concierto que celebraremos por primera vez en Colombia. Era una cuenta pendiente y por fin estamos aquí, con los nervios y la ilusión propia de las primeras citas.

Ayer tuvimos un encuentro con amigos y amigas colombianos en un pequeño café de la ciudad y charlamos un rato sobre esta primera visita. Y hablamos de este país malherido por la violencia, de los sueños compartidos, de los desparecidos silenciados por los medios, de la necesidad de comprometerse con la realidad, de una Latinoamérica viva, cargada de incertidumbres y esperanza. Fue emocionante encontrar a tanta gente con la que poder compartir las inquietudes que uno plasma en las canciones. La música incide en los que nos une y no tanto en lo que nos separa.

Había abandonado durante un tiempo el blog. Había decidido tomarme un descanso y romper con la disciplina de los miércoles pero aquí estamos de nuevo.

Volver a Madrid y encontrarse con los familiares y amigos fue saludable. En los conciertos de Rivas y Albacete sentí la paz y la melancolía del viajero que regresa y también la urgencia de contar las experiencias vividas en los maravillosos tres meses que pasamos al otro lado del océano.

Llueve ferozmente en Bogotá. Monotonía de lluvia tras los cristales. Escucho como el cielo se rompe y vierte su llanto sobre la ciudad. Y trato de encontrar la calma.

Hago planes. Nuevos viajes. Terminar la canción que empezamos en Palestina. Escribo algún email pendiente. Llamar a casa. Vivir.

La tormenta amaina. Huele a tierra a mojada. Las cosas van a ir bien.

Como la lluvia derramada sobre Bogotá, así se han de verter las canciones que un día soñe. Ojalá dejen este poso de calma, este olor a tierra mojada, retazos de un Edén soñado. En busca de él camino. Encantado de conocerte, Colombia. Por fin te encuentro.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Labordeta, un hombre bueno, sabio, indispensable nos deja huérfanos de canto

Se ha muerto José Antonio Labordeta, uno de los hombres más honestos que jamás he conocido, una referencia en la música y en el compromiso. Más necesario que nunca en estos días terribles. Te echaremos tanto de menos, "abuelo". Que tristeza.

martes, 14 de septiembre de 2010

Sudestada

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.

Augusto Monterroso

El barco se balancea agitado por el agua metálica, plata vieja arañada por la sudestada. En el barco varias almas. Y entre ellas un mujer que suspira y en su pecho caben todos los suspiros del mundo. A su lado viajo yo. Trato de dormir y, como el dinosaurio de Monterroso, al despertar la melancolía sigue allí. Es como si el río supiera de nuestra pena. Y se mueve como un animal que trata de huir del cepo que lo atrapa.

Digamos que la arcilla de nuestra vida giró con fuerza en estos días y el torno no detiene su ritmo implacable. Y hago un crucigrama, hojeo una revista mientras un niño grita y grita a nuestro lado, su madre hace compras en el dutyfree. Pero nada calma las aguas ni el dolor del pecho. Ni el llanto del niño que busca a su madre. Y en su llanto parecen llorar todos los niños del mundo.

Así como brillan los perfumes en las vitrinas de la tienda contemplo los días que se marcharon, brillando como las luces del puerto que nos recibe al otro lado de la orilla.

Bajamos del barco entre empujones. Todos tienen prisas. Imagino lo que sentirán los que llegan a España con el corazón en un puño, sin saber si se les permitirá la entrada. El ceño fruncido del funcionario, el interrogatorio, la arbitrariedad, el futuro pendiendo de un hilo frágil suspendido sobre la nada. Mi recibimiento es muy diferente así que siento algo de culpa y vergüenza.

Llegamos a Montevideo que nos recibe con viento y lluvia. Fumo un cigarro (sí, ya sé que tengo que dejarlo) y la brasa tiembla con el aire, levanta una pavesa y sonrío. Me reconforta llegar a esta ciudad. Aunque la muchacha sigue suspirando y el niño aún llora y yo sigo malherido.

Pero pronto cantaré. Y la ciudad dormida me regalará el sueño que tuvimos siendo niños, sonarán las canciones que escribí para ti, como la llamada desde el cerro, tranquilizando nuestro pecho agitado por la sudestada, brindaremos con medio y medio prometiendo regar los jardines y los recuerdos.

Fuera llueve. Dentro también. Y un día al despertar el dinosaurio se habrá marchado.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Azucenas

Pasará el tiempo y recordaremos estos días felices en que crecieron azucenas en nuestro pecho. Blancas, majestuosas, su silueta se recortará contra el gris de este cielo de tormenta. Deja que aparque la culpa de saberme dichoso cuando todo se derrumba, aunque sólo sea por un momento. Deja que me recuerde sonriendo mientras el autobús en el que viajamos atraviesa el cono sur. Pisaremos los charcos que dejó el temporal de Santa Rosa y miraremos con nostalgia el camino recorrido, como el puerto que huye hacia el horizonte al zarpar la nave, mirando desde la popa cabeceante el lugar en el que fuiste feliz.
Casi no queda nada de nosotros. Somos sólo el vapor que exhalan las bocas en las mañanas de invierno, el humo de las brasas incandescentes en la parrilla tras el asado, el graffiti garabateado con prisas sobre la tapia, la duda entre lo soñado y lo vivido que acompaña al despertar, el canto huérfano de los primeras aves del alba. Somos lo que no fuimos, el verano que este año no viví. Como la puerta del sol tras la noche vieja, quedó el suelo repleto de cristales, trozos de la vida que estalló con cada canción.
Recibimos mucho más que lo que damos. Lo sabemos. Y que gastamos las palabras de agradecimiento por lo vivido. Pero no sabemos cómo decirte ya que somos conscientes de la deuda que tenemos contigo.
Dormiremos poco de nuevo esta noche. Marcharemos a Buenos Aires para dar el último concierto de este tramo de gira en Argentina antes de viajar a Uruguay. Llamaremos a nuestros familiares mandándoles besos: todo bien, los conciertos increíbles, ¿qué tal mis hermanos?, ¿y el pequeño Manuel?, me perdí las fiestas en la aldea, ¿ya empezasteis a trabajar?, da recuerdos a todos, de vuestra parte, nos vemos pronto.
Seguiremos viajando y no exigiremos a Penélope que nos espere, ni le pediremos a Ariadna que deshaga su ovillo para nosotros. Sabemos que estar perdidos en este laberinto es nuestra forma de vida: rehenes de nuestras pasiones deambulamos como niños/titiriteros maravillados y agradecidos por un mundo tan disparatado como hermoso, sólo porque tú lo habitas.
Pasarán los años y recordaremos los días en los que regalábamos las azucenas que crecieron en nuestro pecho, en el tiempo en el que el mundo se derrumbaba y nosotros cantábamos felices, iracundos, esperanzados y a tu lado.