martes, 13 de septiembre de 2011

Tener miedo.


La tarde del 12 de septiembre fue emocionante. Tuvimos la oportunidad de presentar el libro de poemas de mi padre "La blancura de la ballena" en Buenos Aires. La Trastienda, en San Telmo, como otras veces, nos recibió calurosamente. La primavera derramaba su luz sobre los adoquines y los versos estallaban sobre las aceras como la lluvia de un mal verano. Fuimos felices. Gracias a todos. Les dejo un link para qué estén al tanto del viaje de este poemario: http://www.facebook.com/Ediciones.Galmort

Y este poema de miércoles para ahuyentar a los miedos.



Tener miedo


Estar vivo es estar asustado.

La amígdala vibra

como la campana de un tren

que se despide de la ciudad

asaltada por el mar y las mentiras,

como la molécula de agua

mecida violentamente

por el calor de la llama.

El té está listo

y en la encimera de la cocina

el libro que nunca terminamos de leer.


A veces una canción,

un recuerdo al pie de una montaña

o del viaje que aún no hicimos,

como el ala de una mariposa

que acaricia mi mejilla,

me trae besos de lorazepam

para mi alma y mi consuelo,

y el televisor es una caracola

con el sonido de las playas

en que saltamos las olas,

Imbassaí como el cuento del pirata

abandonado por los turistas,

solos tú y yo,

y el tibio tacto de la arena,

la alfombra interminable

que conduce al futuro

o a la siesta compartida.


Estar vivo, supongo, es tener miedo,

y sostenerle la mirada

a esas dudas que nos achican los pulmones

a esa nada parecida

a la sensación del escalón olvidado,

la pendiente abrupta en el asfalto

viajando en el coche hacia una nube.


Saberse vivo aún temiendo

que el mañana sea un precipicio

o una casa con la puerta entreabierta,

vacía y silenciosa, guerra fría,

sabiendo que un día al despertar

Madrid se callará y tú, perdida;

saberse vivo aún sabiendo

que al borde de la vida está el olvido,

será la obligación de los valientes,

que saben que está todo por hacer,

que olvidados y asustados aún tenemos

la costumbre de pelear contra la sombras

que esperan escondidas en armarios,

que gritan su ronquera en los periódicos

que tiemblan en mi pecho como hadas

encerradas en un tarro como insectos.


Tenemos miedo pues amamos

con la voluntad voraz del que se sabe

perdido sin la paz de tus abrazos,

sin la analgesia dulce de la espera

que antecede a tu llegada de algún viaje,

promesa segura de saberse

a salvo de los miedos y el reproche.




martes, 6 de septiembre de 2011

Supernova


Terminó la gira Acuérdate de vivir en Argentina, Chile y Costa Rica. Y queda un poso de tristeza. Ya sabes. Como la casa abandonada tras la fiesta: guirnaldas por el suelo, botellas vacías abandonadas en cualquier sitio, ceniceros repletos, el rastro de un tornado recorriendo la cocina. Y el eco lejano de las voces que celebraron el encuentro: estrépito de gaviotas persiguiendo un barco que regresa. Te echaré de menos. También en eso consiste estar vivo.

Supernova

http://www.publico.es/ciencias/393332/detectada-una-explosion-estelar-cercana-a-la-tierra

Hace 21 millones de años

estalló una ardiente supernova

y hoy, airado, el firmamento

escupe un diamante, congelado,

luminoso, de blancura cegadora

y no hay niños en pesebres

que nos salven del naufragio.


A veces te dará por pensar

que todo es piedra negra y afilada

y que difícilmente podremos trepar

el acantilado contra el que las olas

empujan los botes salvavidas.

Pero habrás de ver que la noche

pare nuevas estrellas,

supernovas ancianas,

más que el rencor y los abrazos.


Hace 21 millones de años supe de tu existencia.

Entonces todo era camino de tierra,

plagado de baches y lagartos,

y tú, como una amapola en el arcén,

como una gota de sangre

dejada por el animal herido que huye

de las pistolas y las tormentas,

temblabas anunciando algo nuevo,

un fin de año claro y soleado,

una tarde contigo en el Edén,

sofá de videoclub y gaseosa.


Ahora, tu ausencia araña una pizarra,

y esta tarde gris tan nosotros,

tan tú y yo soñando alguna huida,

me deja tu recuerdo entre las mantas,

la cama es una pista de aeropuerto

donde aterrizan grises aeroplanos

pilotos que han perdido sus batallas,

cormoranes venidos desde lejos

para ver amanecer en nuestro abrazo.


Hace 21 millones de años estallaba

un estrella blanca, pequeña y somnolienta,

cansada de dormir el sueño de otros,

y el cielo a veces es una alambrada

o el agua de piscinas que en invierno

recogen hojas secas, renacuajos

y todo trae la sombra de cipreses.

Menos mal que tú viniste un día

para alumbrar con luz de supernova

viejas constelaciones desgastadas

por el arañazo inútil de deseos

que fueron persiguiendo a otras estrellas.

jueves, 1 de septiembre de 2011

Mamihlapinatapai

Tras un largo viaje de 16 horas en autobús llegamos a Neuquén y dimos el primero de los dos recitales que realizaremos en la ciudad. Con algo de retraso (fuimos de nuevo presos de las cenizas de un volcán) dejo la nueva entrada en el blog.


Mamihlapinatapai

Mamihlapinatapai es una palabra del idioma de los indígenas yámanas de Tierra del Fuego, listada en el Libro Guinness de los Récords como la "palabra más concisa del mundo", y es considerada como uno de los términos más difíciles para traducir. Describe "una mirada entre dos personas, cada una de las cuales espera que la otra comience una acción que ambos desean pero que ninguno se anima a iniciar" (De la wikipedia)


Ardían en las farolas de aquella calle supernovas

y vibraba mi pecho como la caja de un violín,

madera maltratada por las despedidas y el invierno.

Miraba los taxis vacíos, saludaba a los niños

que desde los coches agitaban sus manos.


Te esperaba a la puerta de un teatro

y era tu barrio un carrusel ardiendo,

torbellino implacable de hojas secas

y jazmines sin flor trepando por las verjas.

Entonces apareciste bajándote de un coche.

Mamihlapinatapai.


Mirábamos el primer acto y en nuestras sienes

latían mariposas durmiendo en crisálidas azules.

Reías en el asiento de al lado y entre las butacas

saltaban peces voladores y las lámparas que marcaban

la salida de emergencia llevaban todas a tus labios.

Mamihlapinatapai.


Yo te comenté algo sobre uno de los actores,

cualquier tontería, me acerqué a ti,

y una ráfaga de futuro me cruzó la cara,

atravesando la cortina de tu pelo.

Ahora sé que se dora con los atardeceres,

pero por aquel entonces sólo intuía que en su cascada

podrían lavarse todas las almas del mundo

del barro que dejan las tormentas de estos días.

Mamihlapinatapai.


Salimos comentando la obra, poniéndonos los abrigos

y el hierro de las corazas que nos salvan

del hielo de la luna y los desengaños.

Éramos Adán y Eva expulsados del Edén.

Caerán ahora, pensaba, los besos y los adioses

sobre mi rostro como el trozo azul de un glaciar.

Tú callabas mirando la calle

como buscando a lo lejos algo,

una isla perdida sin mapas ni tesoros,

un taxi libre quizá.

Mamihlapinatapai.


¿Tomamos algo?

Y en mi sonrisa sonreían todos los hombres del mundo.

Me encantaría.

La noche acarició el arroyo de tu pelo,

abrazó a los niños que no sueñan

y me llevó de su mano hasta tu casa.

Mamihlapinatapai.

martes, 23 de agosto de 2011

Te debo una canción


Para Montse (con permiso de Joaquín al que le debo mil canciones)



Te debo una canción,

que hable de mujeres con piel de quinoto,

de hombres con voz de caracola,

de borracheras al pie de acantilados

mientras el sol acuchilla el horizonte,

de perros correteando por el césped del Retiro,

y libros abandonados en los bancos.


Pero la luz estroboscópica

de estos días de hecatombe financiera,

de tierra ennegrecida por el incendio,

esta nube de cenizas que levanta cada paso,

la luz de notario que escribe este futuro

sin árboles, sin libros y sin hijos,

apenas me deja hueco en el pulmón para un suspiro,

tiempo que perder en la cocina,

calma para darte la canción que aún no te he escrito.


Te debo una canción

que hable del borde la vida

allá donde navegas de lunes a viernes,

soplando las costras en las almas,

pedazos de diamante maltratado

que tu lustras con paciencia, generosa.

Que hable de tu risa azulmarino

tu voz desalambrando la mañana

de la bronca que suena a maremoto

si tu marido y yo llegamos tarde,

la noche nos abriga como madre

que teme que sus hijos se hagan grandes.


Pero este mes viene desmadejado

y todo trae el sabor de un vino malo,

agriado por la sal que traen los llantos

de las salas de embarque hacia la nada.

Difícil es tejer las melodías,

si el mundo se deshace este verano

como los nombres que ha tallado en hielo

aquella adolescencia que habitamos.

Habrá que someter a referéndum

las cartas de los bancos, la tristeza

que flota entre los restos del naufragio,

las flores de papel, las despedidas.


Te debo una canción.

Estoy en ello.

martes, 16 de agosto de 2011

La carretera

Tiembla la cinta roja, el rosario regalado

bajo el espejo en el que todo se aleja.

Las manos en el volante,

la mirada en la carretera

y detrás de los ojos tu imagen,

la promesa pendiente,

las vacaciones futuras,

las dudas y los sueños haciéndose horizonte,

llenándolo todo.


Volvemos a casa,

que no es más que un estado de ánimo.

Somos de dónde nos dan de beber,

de donde nos abrazan los fantasmas

o de allá donde nuestro nido duerme.

Volvemos a casa

y el coche ronronea como un animal cansado.

En la ventanilla un borrón retrata lo que fuimos.


Nos preguntamos quién habitará la casa

iluminada bajo la lluvia,

cómo será la vida en esa aldea que dejamos atrás,

cómo serán las noches de esa muchacha

que cobra las golosinas y los refrescos

en la estación de servicio casi desierta.

Tararea una cumbia

y cuenta el vuelto con gesto mecánico.

Sonríe pensando en un nuevo abrazo.

Pero tu coche ya se ha alejado,

y devora bajo sus ruedas la vida

hecha horizonte.


Un perro camina solo por el arcén

y nos recuerda a todos los perros que tuvimos,

leales amigos que siempre trajeron la infancia

a los hogares que habitaron.

A tu lado, mientras viajas

crecen ciudades de chapa y miseria,

ciudades sumergidas, ocultas,

de negrura cegadora.

Evitamos mirar esas paredes tras las cuales

anda descalza la esperanza

y una pátina de óxido y tierra

cubre el futuro, allá donde niños mocosos

tiran piedras al olvido.


Somos esa carretera

que nos acerca a casa,

las ruinas que dejamos atrás,

el terco camión que jadea subiendo la cuesta,

el que cronometra el viaje repetido

e, infeliz, suspira satisfecho

por los minutos robados.


Y el viaje nunca acaba

porque al llegar somos otros

vistiendo el mismo cuerpo,

cansados por las horas al volante,

dichosos por encontrar tu mirada

en el asiento del copiloto

como la promesa de un hogar duradero.

martes, 9 de agosto de 2011

105







En la foto desgastada por el tiempo, ella sonríe tímidamente. Se abraza el cuerpo mientras espera a que la cámara abra su pupila para salvar este instante del olvido. Roberto Ismael, “Pilunchi” como le llaman los vecinos, ha colocado cuidadosamente la cámara sobre la nevera con el disparador automático. Sonríe, expectante, al otro lado de la foto. Entre él y su hermana, su amigo Jorge mira despreocupado. 8 años después, el 21 de enero de 1976, es secuestrado en el 4.265 de la calle Hernandarias, en Santa Fe. Desaparecido. Militaba en el Partido Revolucionario de los Trabajadores y había estudiado para Perito Mercantil.

En la foto que el tiempo ha de desgastar, la ausencia, luminosa, tiembla allá donde otro cuerpo habitó los sueños. Junto al hueco que dejó Roberto Ismael, su amigo y su hermana. Ella conserva el gesto casi infantil, tímido de la otra foto, aunque el cansancio es otro. Se abraza como antes y ahora parece que es del frío de quien se protege. Jorge mira a la cámara como lo hizo casi 40 años antes. Tras ellos otra puerta cerrada.



Es un día alegre. Manuel y Blanca se casan. Ella mira hacia el suelo, serán los nervios de un día tan señalado. Manuel dirige sus ojos a la cámara casi desafiante, y permanece al lado de la que ha de ser su esposa. Angelita parece sonreír por algo que no acertamos a observar. Mira hacia fuera y abraza a su novio, Raúl Alberto, hermano de Manuel. Éste agarra la breve cintura de Angelita y el blanco y negro de la foto recorta su rostro como el de una figura bíblica. Es más joven de lo que parece.

“Son órdenes”. Eso le dijo a Angelita el conductor del jeep en el que llevaban el cuerpo agonizante de Raúl Alberto al destacamento policial. La noche del 11 de junio de 1976 hombres armados irrumpen en su casa. Se identifican como miembros del Ejército. Descargan sobre él sus pistolas. Luego entra la policía y registra la casa. Su mujer, Angelita, pide desesperadamente, a gritos, que lo ayuden. La policía accede a llevarlos al destacamento. Él es líder estudiantil en la Facultad de Ingeniería de la Universidad Católica Argentina. No se le conocía militancia política activa. Angelita permanecería detenida 5 días, incomunicada y a disposición de las autoridades militares.

En la foto que el tiempo ha de desgastar Angelita mira a alguien que está fuera. Ya no sonríe con la inocencia de la foto en blanco y negro. Nadie abraza su cintura. El hermano de Raúl Alberto y su cuñada en idéntica pose pero a todo color. Aunque el tiempo nos hizo otros, lucha por asomar el relámpago de la juventud en las miradas. Y a la izquierda, la ausencia de Raúl Alberto, atronadora.


Las fotografías las encontré en un emocionante libro. Previo al concierto en Paraná tuve un encuentro con miembros de HIJOS. Aquellas maravillosas muchachas me hablaban con cierta emoción de los procesos que se están abriendo en la región contra criminales de la dictadura. Me obsequiaron esta colección de retratos. Se llama Ausencias y las fotografías están realizadas por el entrerriano Gustavo Germano. Las ausencias revelan el drama de tantos “trabajadores, militantes barriales, estudiantes, obreros, profesionales, familias enteras; ellas y ellos víctimas del plan sistemático de represión ilegal y desaparición forzada de personas, instaurado por la dictadura militar Argentina, entre 1976 y 1983”.

Otra ausencia es llenada. La Abuelas de la Plaza de Mayo encuentran al nieto 105. 105 niños secuestrados durante la dictadura se han reencontrado con su identidad, con su familia, con su historia. Laura tenía dudas con respecto a su origen y decidió hacerse un análisis de ADN. Así supo que nació en el Hospital Naval en febrero de 1978, por cesárea. Su madre dio a luz en cautiverio. Sus padres fueron secuestrados y llevados a la ESMA cuando su madre estaba de cuatro meses.

Aún hoy, después de tantos años, las ausencias dejadas en los retratos se llenan de rostros. Al fin y al cabo, de vida, esas ausencias, siempre estuvieron llenas.

martes, 2 de agosto de 2011

Habemus Papam

Decía mi abuela “una misa no hace daño a nadie” cuando, habiendo fallecido un amigo de mi padre, pedía que se celebrase una por el difunto en la iglesia de su pueblo, aunque éste no hubiera pisado lugar más santo que los bares en los que había brindado con mi viejo. No sabía mi abuela por entonces, claro, del coste de la misa que el Papa va a celebrar en Madrid a propósito de las Jornadas de la Juventud convocadas en mi ciudad.

Dicen que al Estado no le costará nada, que sólo reportará beneficios para la capital, pero lo cierto es que entre la cesión de los espacios públicos (colegios, polideportivos), el trabajo de los funcionarios, las exenciones fiscales a las empresas patrocinadoras y otras cosas (como el traslado de los papamóvil en un avión Hércules del ejército español) los contribuyentes aportaremos cerca de 30 millones de euros para sufragar la visita del Papa. Que por cierto no viene como Jefe de Estado sino como autoridad máxima de la Iglesia, para evangelizar a la descarriada España, víctima del azote laicista que sufre occidente.

Más allá de este gasto, la propia Iglesia ha reconocido que el coste de las jornadas y de la visita serán de entre unos 47 a 54 millones de euros, según declaraciones del propio obispo auxiliar de Madrid.

La ayuda del Estado español mandada a Somalia, que sufre una hambruna aberrante, es de 25 millones de euros.

Respeto profundamente las convicciones religiosas de cada uno. Admiro el trabajo de aquellos que, movidos por su Fe, sacrifican su tiempo y sus vidas intentando paliar el sufrimiento ajeno, poniéndose del lado de los excluidos, de los que menos tienen. Muchos de ellos pertenecen a la Iglesia Católica. Es por ese respeto que me parece totalmente indispensable la separación definitiva del Estado y de la Iglesia. Y es por esto que considero lamentable que el dinero de los contribuyentes se emplee en unos actos de estas características, en tiempos tan difíciles como los que nos tocan vivir.

La Iglesia católica también tiene sus indignados y son muchos los que tratan de hacerse escuchar enfrentándose a una jerarquía que se ha alejado de sus feligreses. Se llenarán las plazas jaleando al Papa, pero las parroquias se van quedando cada vez más vacías.

Desde el otro lado del océano observo como se desarrollan los acontecimientos en mi ciudad. Aquí, en Argentina, ponemos una cinta roja en un altar del Gauchito Gil, bandolero bueno, santo pagano, para que nos proteja en la carretera, pegamos una estampa de Osvaldo Pugliese, pianista militante, otro santo que espanta la mala suerte, en las fundas de nuestras guitarras, hay quien le pide a Rodrigo, cantante de cuarteto, que le cure el alma y quien le suplica a la Pachamama para que el invierno no nos maltrate. Yo le rezo a mi amada y venero su rostro, dulce, ferozmente, bebo del breve hueco de sus manos la savia sagrada que cura el olvido, cuento las pecas de su cara como los misterios de un rosario. Brindo por el futuro mientras observo a lo lejos mi ciudad y su imagen, trémula por el calor que se eleva desde el horizonte, me trae recuerdos de los amigos, abrazos solidarios, fotos de la familia y rumor de tormenta.

martes, 19 de julio de 2011

No sé qué decirte

No sé qué decirte,

he tropezado con la blancura de tu rostro

quemado por el invierno inmisericorde

y me quedo mirándote,

adivinando bajo las mantas la orografía tranquila

en la que siembro mis certezas

y busco tus valles como el agua del arroyo.


No sé qué decirte,

sigo insomne esta noche de aniversarios y derrotas,

mientras los locos buscan en buzones ajenos

cartas de amor, postales de viajes que nunca harán.


No sé qué decirte,

así que callo y me sumerjo en este estrépito de cascada

que cae sobre tu rostro,

bebo del breve hueco de tus manos

y de debajo las sábanas

se eleva el aroma de la hierbabuena

nombrando el verano que no tuve.


Somos quienes somos, hombres y mujeres

que se atreven a soñar, a golpes con la vida,

simplemente eso, corredores de fondo,

que anhelan tu sonrisa, aún desconocida,

o una brizna de viento, acariciando nuestras sienes,

trayendo noticias de tu regreso,

qué tal te estuvo el viaje,

¿me echaste de menos?


Pienso todo esto

mientras desde las tribunas hablan

hombres con coronas y escamas,

vendedores de elixires mágicos,

saludables para el cabello y el olvido,

dos por uno, y tú dormida

febril y deseada

y no sé qué decirte.


Pienso todo esto,

mientras en la noche tucumana

suena la voz de la Negra,

trayendo recuerdos de un exilio madrileño,

mientras la pava silba

y la luna arde en lo alto.


Pienso todo esto

y no sé qué decirte,

sólo que estoy aquí,

para darte paracetamol,

versos y pétalos de rosas,

canciones del recuerdo,

y todas las voces del mar

que arrastra tu risa

y mece nuestro insomnio.


Te has dormido y me callo.

Mejor así.

No sé qué decirte.

martes, 12 de julio de 2011

Hija de Lilith

Hija de Lilith,

no te trajo a este mundo la costilla de un hombre.

No dio vida a tu barro el aliento de un dios cansado.

Has nacido del vientre de la primera mujer,

brisa meciendo las espigas doradas,

lámina de plata sobre la primera ola,

pavesa incandescente huyendo de la llama

hacia el cielo como una plegaria.


No eres ángel redentor,

ni acaricias las escamas del guardián del manzano.

No quieres que llore a tu lado,

ni elevarte a las alturas.

No esperarás mi regreso

tejiendo tristes sudarios.


Hija de Lilith,

luna radiante a la que aúllan los lobos,

la que mece las mareas, la venerada por los locos,

trazas tu propio camino

con la férrea voluntad del que ha perdido todo

o todo lo tiene.


Trazas sendas en otras pieles,

como los ríos siembran valles,

con la constancia del cautivo

que marca en los muros

tantas líneas como días.


Hija de Lilith,

no hay piedad para aquel

que no supo adorar tu rostro.

Tu eres la primera mujer

sonriendo al último hombre.

martes, 5 de julio de 2011

Harto


Indignado sigo con atención los acontecimientos en torno a la SGAE a la espera de que la Justicia determine de forma concluyente las responsabilidades penales correspondientes.
Estoy harto. Harto de que algunos se lucren aprovechándose del trabajo ajeno y de la creatividad y el talento de otros, ya sean directivos, operadoras o piratas varios; harto de fraudes y arbitrariedades; harto del descrédito de una institución cuya principal misión ha de ser la dignificación del oficio de los trabajadores de la cultura, de que los autores no seamos capaces de hacer el ejercicio de autocrítica necesario para entender por qué hemos llegado a la situación en la que estamos; de que a los autores se nos exija hacer autocrítica y no seamos capaces de hacerla como sociedad que desprecia su patrimonio cultural y que promueve implacablemente la mitificación de la Red de redes mundial, en la que todo es bueno, más aún si es gratuito; harto de mi incapacidad para justificar un canon de compensación difícil de justificar, aún cuando entiendo el desamparo del autor ante la revolución digital, de mi incapacidad para encontrar respuestas ante semejante desafío; harto de tener que defender la profesión de músico o autor tan denostada por todos, de que se contamine el debate en torno al derecho de autor y su relación con las nuevas tecnologías con crispación y demagogia, de tener que recordar que, en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, aparece el derecho 27.1 (1. Toda persona tiene derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes y a participar en el progreso científico y en los beneficios que de él resulten) y también el 27.2 (2. Toda persona tiene derecho a la protección de los intereses morales y materiales que le correspondan por razón de las producciones científicas, literarias o artísticas de que sea autora); harto de ver cómo se utiliza este proceso judicial para justificar el ataque indiscriminado contra todo autor, un colectivo cuyo corporativismo desesperado no es diferente al de periodistas o políticos cuando por norma general se toma la parte por el todo o se les vapulea hasta la humillación; harto de una industria musical que ha fomentado un modelo de consumo voraz, de forma que toda creación es objeto de usar y tirar, una industria que ha maltratado a artistas y a amantes de la música al prevalecer despiadados criterios empresariales por encima de cualquier valoración artística; harto de que los medios de comunicación sean cada vez menos plurales en su oferta cultural, más herméticos ante según que propuestas, más aún cuando estas están alejadas de la superficialidad preponderante o de sus intereses corporativos; harto de explicar que soy músico, autor e internauta; harto de que el trabajo y esfuerzo de tantos profesionales de la cultura sea despreciado por algunos que dicen defenderme y por aquellos que se suman al grito de “muera la inteligencia”. Harto e indignado, sigo soñando y escribiendo canciones, porque ellas custodian mis sueños, y estos, mi futuro, un futuro mejor para todos.
Ismael Serrano

miércoles, 29 de junio de 2011

Futuro

El futuro me ha llamado con tu voz

y, mientras ruedo por la cama,

insomne y asustado,

busco detrás de mis párpados

la playa en que te vi reír,

y el mar sonando en el hueco de tu abrazo,

como una caracola abandonada

en la arena de los días perdidos.

El futuro trae tu olor,

como el aroma metálico

del ozono tras la tormenta,

como nuestra cocina con los fuegos encendidos

mientras fuera la ciudad ronronea

como un gato entre mis pies.

El futuro tiene tu tacto,

de pétalo vivo,

tu sombra de espiga dorada

y tu risa de espuma

rompiendo sobre el mascarón de proa.

Y así caminamos,

soñando libélulas, hadas y cometas,

hacia el futuro,

cuando el sueño se apiada de mi

y la habitación entera se calla.

La gente nada sabe del amor

si no se reconoce en nuestros pasos.

Todo empieza y todo acaba en ti.

martes, 21 de junio de 2011

Despierta


Despierta,
arranca las cortinas y vístete de calle,
que la vida te cubra como el agua fría la cara.
Ahora que mil corazones no resueltos,
cansados de tanta derrota,
agitan sus alas y gritan desde los acantilados,
ahora que las pieles brillan en las plazas
y la tarde arde sobre las espaldas de quienes preguntan,
has de despertar.

Despierta,
se la zarza incendiada que indica el camino,
que la vida es eterna en cinco minutos
y todo empieza y todo acaba en ti.
Basta de tristezas,
a veces la victoria puede ser hermosa,
como lo es la sonrisa última del que se despide,
como el monólogo secreto del niño que juega,
como el pequeño milagro que encierra el relámpago de tu carcajada.
Despierta,

te espera paciendo en el asfalto
una reata de pegasos,
nuevas constelaciones iluminan
la ruta de los navegantes extraviados
y los dormidos se levantan de las cunetas.

Despierta y trae la llama,
somos la herida abierta.
Todo empieza y todo acaba en ti.

martes, 7 de junio de 2011

Como Ulises en Ogigia

Como Ulises en Ogigia pero sin Calipso los días pasan y el viaje queda congelado: las aves en mitad del cielo azul, los árboles impasibles al viento, la ceniza suspendida en el firmamento, pavesas de un incendio en el que ardieron nuestras cartas.

Espero en Buenos Aires, pendiente del parte metereológico y de las noticias en Madrid. La Puerta del Sol se reúne en una nueva asamblea y sobre los toldos cae la lluvia de una primavera que se empeña en ser otoño.

Islandia sienta en el banquillo de los acusados a sus gobernantes, responsables de la hecatombe financiera, testigos mudos, cuando no cómplices, de un sistema financiero desquiciado que bebió hasta la última savia de una sociedad dormida. Se les acusa de no haber tomado medidas “con el propósito de impedir los daños previsibles para los fondos públicos”. Porque, a estas alturas, sabemos todos que los daños eran previsibles. Aún no es tarde para que el ejemplo islandés cale en otras sociedades.

Quedan las ciudades cubiertas con un manto de cenizas como el futuro por la nieve de este invierno que entumece nuestro rostro y nuestro sueño, cubierto de estalactitas, derritiéndose ante el sol que tirita sobre el reloj de la noche de fin de año.

Intercederá Atenea en nuestro nombre, permitiendo nuestro viaje al sur del mundo. Mientras, tú despiertas, abriendo las ventanas de par en par. Te vestirás de relámpagos y geranios y saldrás a la calle. Al abrir tu portal, paciendo en el asfalto, encontrarás una reata de pegasos. Pacientes te esperan para emprender el vuelo. Más allá de las cenizas verás brillar la estrella de los vencidos.

Nunca es tarde si es otoño y duermo en tus brazos. Ulises suelta amarras y el canto alborotado de las gaviotas te nombra. El mar conoce tu nombre, como el viajero la derrota.


Ismael

PS 1: Sobre la reprogramación de los conciertos al sur puedes consultar: http://www.facebook.com/note.php?note_id=10150202972775942


PS 2: Varias personas han preguntado por mi cuenta de twitter. Aquí va:
http://twitter.com/SerranoIsmael

miércoles, 1 de junio de 2011

Herido de vida

Acaricio las cumbres nevadas. Dejamos Chile. Nos retuvo un día más el mal tiempo en Puerto Montt. Y al sur del sur, en Punta Arenas cantamos y las gaviotas quedaron congeladas en mitad del cielo azul, sobre el estrecho de Magallanes, con su agua oscura y calma.

Pero antes, en Santiago, la Alameda se desbordaba con el caudal implacable de la cólera popular. No a Hidroaysén, gritaba la gente, exigiendo a la clase política una mirada a largo plazo que parece haber perdido. El brutal impacto medioambiental que tendrá en La Patagonia el proyecto energético que quiere llevar a cabo el gobierno de Piñera hace evidente que se privilegian los intereses empresariales por encima de las necesidades y exigencias de la mayor parte de la gente.

Otro día, los estudiantes en lucha me hablan del endeudamiento de los más jóvenes ante los créditos que exige la matrícula universitaria, de cómo se abandona la universidad pública, de cómo la educación superior se convierte en un privilegio y en el negocio de unos pocos. Y me dicen que saldrán a la calle, para mostrar que, pues viven, anuncian algo nuevo. Pienso entonces en las cartas que llegan desde Madrid. La Puerta del Sol bulle efervescente, las plazas son ágoras vivas donde el debate es intenso y plural. Lamento no estar allí, aunque en cierto modo lo estoy cada vez que canto. Hablo orgulloso de mi ciudad, de todos aquellos que, indignados, se miran unos a otros en las plazas de España descubriendo que les nacen alas, que es la hora de habitar los sueños.

Y queda, mientras cruzo la cordillera, el recuerdo cálido de una mañana de domingo en Quilicura, comuna santiagueña que me recibió hospitalaria y generosa. Paseamos por los jardines de infancia bautizados con el nombre de profesores asesinados por los carabineros durante la dictadura de Pinochet. Y charlo con el hijo de Manuel Guerrero Ceballos, (profesor y dirigente de la Asociación gremial de educadores), con la viuda de José Manuel Parada (sociólogo y exfuncionario de la Vicaría de la Solidaridad), luchadores por la libertad, cuyos cuerpos degollados aparecieron una mañana de 1985 en un descampado de Quilicura. Hablamos también con las educadoras (“las tías” las llaman cariñosamente) que nos muestran orgullosas el trabajo de sus pequeños. Este es nuestro patrimonio, nos dicen mientras la luz del sol parece temblar entre las figuras móviles colgadas del techo. Este es nuestro patrimonio: nuestra gente, nuestra memoria.

Y cantamos en la plaza luminosa de la comuna con integrantes de la Escuela de Música de Quilicura e inevitablemente recuerdo el barrio en el que me crie, pienso en los poderosos vínculos que unían a sus habitantes y que construían la familia vecinal, núcleo de resistencia ante una ciudad que se empeñaba en ser hostil, en las puertas abiertas, como estas por las que me invitaron a pasar para brindar por los ausentes y por el futuro compartido.

Acaricio las cumbres azules y llego a Buenos Aires. Fuimos felices. Y seguimos nuestro viaje, heridos de vida.

martes, 17 de mayo de 2011

Democracia real, ya.

La crisis le arrancó la máscara risueña al sistema y reveló su déficit democrático: los gobiernos llevaron a cabo ajustes estructurales cediendo a los chantajes de los mercados. Incapaces de proponer modelos propios, alternativos, acometieron reformas varias en forma de recortes sociales, viejas recetas conocidas que han demostrado ser ineficaces en el desarrollo de las economías y del progreso de los pueblos. Medidas neoliberales que venían siendo exigidas desde mucho tiempo atrás por aquellos mismos que no supieron predecir este desastre y que, de hecho, nos condujeron a él.
Los políticos mintieron. En las primeras reuniones del G-20, tras el estallido de la crisis, los gobernantes de los países más poderosos afirmaron con retórica furibunda de estadistas circunspectos que se acercaba el fin de los paraísos fiscales, que se exigirían responsabilidades a los ejecutivos y banqueros que, llevados por la codicia desmedida, provocaron este desastre, que se propondrían nuevas tasas para las transacciones financieras, que llegaba el fin del secreto bancario. Y de aquello no quedó nada.

Ahora, llenos de interrogantes, hombres y mujeres valientes salen a la calle. Y lanzan al aire mil preguntas…
¿Por qué han de pagar la factura de la crisis los que menos tienen que ver en el origen de la misma? ¿Por qué para salir de la crisis se llevan a cabo reformas laborales que suponen un retroceso en cuanto a los derechos y el bienestar de los trabajadores? ¿Por qué se les rescata a los bancos con dinero del Estado y al ciudadano se le exige que pague meticulosamente, en plazo y con los intereses correspondientes, todas sus deudas? ¿Por qué para contener el déficit de los Estados se plantean siempre recortes de carácter social?¿Por qué no se considera el aumentar sus ingresos con impuestos directos y progresivos, de forma que los que más tienen paguen más? ¿Por qué a la hora de poner en duda la sostenibilidad del sistema de Seguridad Social se proponen (de nuevo) recortes en las pensiones y no se intenta revisar su financiación (a través quizá de otras partidas de los presupuestos generales o simplemente teniendo en cuenta que si las sociedades avanzan, también debieran hacerlo los salarios y por lo tanto las aportaciones a la seguridad social)? ¿Por qué no se apela para salir de la crisis a la responsabilidad de los grandes grupos financieros y empresariales? ¿Por qué flexibilizar el despido, abaratándolo, es la solución cuando despedir a gente no parece un problema viendo como crece el desempleo? ¿Por qué les parece inasumible a los gobiernos que grandes empresas o grandes bancos caigan y les parece perfectamente asumible que la gente pierda derechos sociales y laborales recortando sus salarios y los servicios de un Estado pagado por todos, en definitiva que sean los ciudadan@s l@s que se hundan renunciando a los logros sociales conseguidos con tanto sacrificio y esfuerzo?

Mienten quienes afirman que el Estado del Bienestar es insostenible. Cómo bien dice Stephan Hessel, si en un continente en ruinas, tras una guerra terrible, se pudo construir la Europa del bienestar, ¿cómo es posible que en una Europa más desarrollada, más rica se cuestione su viabilidad? ¿Cómo es posible que algunos califiquen de despilfarro el desarrollo de las sociedades a través del Estado del Bienestar? ¿Invertir en sanidad pública, mejorar las pensiones, apostar por una educación pública, de calidad y gratuita es un despilfarro? Son estos logros los que hacen a las sociedades más igualitarias y justas. Es el Estado, a través de su participación en la economía, el que ha hecho posible que mis padres tuvieran acceso a unos estudios, a una sanidad, a unas pensiones que mis bisabuelos nunca pudieron disfrutar, que mis abuelos apenas llegaron a conocer. Y fue la desarticulación del Estado (o su complicidad con los grandes lobbies empresariales y financieros), la desregularización del sistema financiero, el descontrol absoluto de los mercados lo que ha generado este desastre. Fue esto lo que hizo que imperase la economía especulativa por encima de la productiva.

Por eso la gente sale a la calle. A exigir una democracia real en la que la soberanía resida en verdad en los pueblos, pueblos indignados que exigen ser escuchados, que reclaman el protagonismo que pretenden arrebatarle.

Indignado, desde el otro lado del océano, me sumo a las convocatorias que en estos días tapan las calles de mi Madrid herido y extrañado.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Preparando el viaje

Preparo mi viaje, hago las maletas y te regalo este poema de Kavafis. Cuídate. Hasta pronto.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Marcho al sur

No puedo celebrar la muerte del peor hombre. No creo en la pena de muerte y menos aún en las ejecuciones sin juicio. Me repugnan los disparos en la nuca, los cadáveres en las cuentas. Aún el hombre más abominable del mundo tiene sus derechos. Quizá Michael Moore tiene razón: han ganado los malos, vivimos con miedo, aterrados. Hemos renunciado a derechos fundamentales en favor de nuestra seguridad, hemos renunciado a las garantías judiciales, a la ley internacional en la lucha contra el mal. Contra el mal, todo vale. Quién define al mal y sus fronteras es otro cantar.


Es primavera y llueve. Y el frío me trae al pecho una tos incómoda que me mantiene despierto hasta tarde. Las madrugadas son el territorio de la nostalgia y del recuerdo.

Así que después de un año de gira recuerdo los conciertos dados por mi tierra. La despedida no podía haber sido mejor. El teatro Cervantes en Málaga fue cariñoso y hospitalario. Y, realmente, el último concierto se convirtió en una celebración. Incluso hubo quien se atrevió a subirse a una escalera para limpiar la ventana de nuestro pequeño apartamento para que, en los futuros recitales, entrara luz renovada y azul. Lancé mi sombrero por última vez contra la percha a este lado del océano. Y volví a fallar. No así cuando canté intentando que el vértigo se atenuase para reconocernos en los espejos.

Hago las maletas mientras en Times Square la gente celebra la muerte del peor hombre del mundo. Y comparto la pregunta que se hacía el viejo Guthrie:


In the squares of the city,

in the shadow of the steeple

near the relief office I see my people

and some are grumblin' and some are wonderin'

if this land's still made for you and me.


Qué mundo disparatado.

Este año tampoco tendré verano. Marcho al sur. A dibujar corazones y a escribir nuestros nombres con el vaho de mi aliento en otras ventanas. Sigo soñando entre este escombro de banderas rotas. Sigo cantando, a pesar del miedo.

Te voy a echar de menos. A la vuelta tienes que contarme todo lo que sucedió en nuestra ausencia. Nos sentaremos en torno a la hoguera de los primeros hombres y mujeres y entonaremos las melodías que he de aprender en este viaje. Cantaremos hasta que los relámpagos avisen de una nueva tormenta. Para entonces ya habremos encontrado donde guarecernos.

Hasta entonces, cuídate.


jueves, 28 de abril de 2011

Por fin te encontré

Falté a mi cita de los miércoles. Y no es que se escaparan las musas. De hecho poco a poco van surgiendo nuevas canciones que se enredan entre mis manos como la yedra trepando en la piedra. Disculpa esta ausencia pero decidí descansar entre canción y canción, entre concierto y concierto. Para compensarte te dejó la letra de la canción estrenada en el Teatro Price de Madrid.



Por fin te encontré


Por fin te encontré

como un candil brillando entre la nada.

Yo era Robinson

y descubrí tus huellas en la playa.

Tanto te esperé…

Yo, Adán expulsado del paraíso.

Tú, Eva maldiciendo la manzana.

Allá donde ella viaja está mi edén.

Por fin te encontré.


Te encontré por fin,

vagando por las dunas del pasado.

Y sacié mi sed,

bebí del breve hueco de tus manos.

Tanto te esperé…

La mirada de un niño tú me diste,

la luz de un verano que había olvidado,

el temblor que trae la primera vez.

Por fin te encontré.


Ven aquí no digas nada.

No hace falta, que la noche ya

aprendió de tus silencios

y a descifrar nuestros cuerpos.

Derrumbemos las cautelas.

Compañera, estoy perdido y ya,

para tener miedo, es tarde.

Bendito azar es encontrarte.



Yo no te busqué

y te encontré al abrirse una ventana

por un vendaval

que trajo perfume a tierra mojada.

Tanto te esperé…

Yo Adán expulsado del paraíso.

Tu Eva maldiciendo la manzana.

Allá donde ella viaja esta mi Edén.

Por fin te encontré.


Ahora has de saber

que me hundo en tu mirada inabarcable.

Que esta aurora trae

certezas para espantar soledades.

Tanto, tanto te esperé…


Y puede que el planeta se derrumbe,

que la lumbre del mundo algún día se apague,

que el tiempo arrugue el alma y nuestra piel,

pero yo por fin te encontré.


Ven aquí no digas nada.

No hace falta, que la noche ya

aprendió de tus silencios

y a descifrar nuestros cuerpos.

Derrumbemos las cautelas.

Compañera, estoy perdido y ya,

para tener miedo, es tarde.

Bendito azar es encontrarte.


Por fin te encontré

como un candil brillando entre la nada.

Yo era Robinson

y descubrí tus huellas en la playa.

martes, 19 de abril de 2011

Antes del miércoles

Conmovido por los últimos conciertos de la gira (bendito Madrid, mi hogar, gracias portodo, después de tantos años aún soñamos, ¡por fin la añorada Sevilla!, la luz inigualable de Cádiz...), expectante ante la definitiva despedida de "Acuérdate de vivir" de los teatros españoles en Málaga y preparando el resto de la gira por Latinoamérica (ver fechas en http://www.ismaelserrano.com/informacion/conciertos.htm )te escribo estos versos recordando el manifiesto de Stephàne Hessel (Indignaos) mientras te sueño.

Besos mil.

"A la calle que ya es hora

de pasearnos a cuerpo

y mostrar que, pues vivimos,

anunciamos algo nuevo"

Gabriel Celaya



Como las tortugas recién nacidas,

que confunden la luz del primer sol

con el resplandor de una ciudad insomne,

quedamos encallados en la arena,

lejos del mar y su refugio.

Te escribo esto antes del miércoles

de un abril huérfano de claveles,

hijo de la aurora y sus fracasos.



Como las ballenas que pierden el sónar,

extraviamos la yesca, el pedernal

primario de las cuevas

-aquel que hacía arder las pesadillas,

que pintaba de mañanas los insomnios-

la rebeldía oculta en cada puño,

las ganas de saber las mil razones

que llenan de dormidos las cunetas.

Y queda así la habitación,

vacía, resonante y casi a oscuras,

pintada de tristeza de mudanza.

Y como cuando regresamos

a la casa que habitamos siendo niños,

todo parece más pequeño:

el horizonte, la llama y el futuro.



Te digo esto en este martes,

antes del horario convenido,

porque a pesar de todo tu cansancio,

de este andar perdido en las arenas,

sé que quedan miércoles sin tregua,

aurora boreal en la cocina

cuando en cada café del desayuno

encuentres un motivo para amar.

Dudarás al salir de tu trabajo,

saldrás a la calle aunque haga frío,

y en mangas de camisa- maldito abril-

correrás a buscarla a la oficina

Al irrumpir entre timbres y el murmullo

monótono, llovizna de teclados,

quemado por la luz de su mirada,

dirás que aún estás vivo, que no es tarde,

que te arman de razones los cerezos

que estallan a tu paso en primavera.

Le pedirás consejo y compañía,

y rebosando vida e indignados

saldréis sin prisas a tapar la calle,

a mostrar, por fin, que pues vivimos

seguimos anunciando novedades.

miércoles, 6 de abril de 2011

Sinceramente tuyo

Todo empezó con De esta manera emplazábamos a la familia y a los amigos a participar de los conciertos que marcaban el cierre de gira de “Acuérdate de vivir”. Y así nos vamos despidiendo de los conciertos por España. Pronto cruzaremos el océano: Puerto Rico, Costa Rica, Argentina, Chile, Perú… Al echar la vista atrás y hacer repaso de lo andado una sonrisa queda congelada y la primavera estalla como un espejo que se rompe, y en cada pedazo se refleja una instantánea, nuestra figura detenida en el tiempo. Descubro en cada foto al muchacho que busca en su propia mirada el relámpago que cree haber perdido e intuyo un cierto brillo incandescente, que quizá no sea aquel rayo azul, pero que conserva un cierto aire a aurora boreal cruzando el cielo de abril. Fue este un año intenso. Madrid sigue peleando, empeñada en levantar la mirada, como el muchacho de la periferia que encara el frío matinal con orgullo, como el parado que espera en la cola de INEM sin rendirse, como un mascarón de proa, vestido de sal y con la mirada fija en el horizonte. Ha sido un año duro, huérfanos de liderazgo ideológico, hemos visto como la crisis nos desvestía en el peor invierno, como los gobiernos cedían a los chantajes del mercado, como el fascismo enseña sus dientes bebiendo nuestro miedo y haciendo humo la memoria. Aún así seguimos luchando. No claudicamos. Porque estar vivos consiste en eso. Aunque en algún momento creímos estar solos, abandonados cuando el viento helado se colaba por las rendijas de esa maldita ventana que nunca cierra bien cortándonos la cara y el ánimo. Con todo y con eso resistimos, algo perdidos, pero manteniendo a salvo la iracunda cólera que nos hace ser quienes somos, hombres y mujeres indignados que soñamos mundos mejores, que sabemos de la inevitabilidad de ese futuro en el que seremos más libres y todo será nuevo. Este fue un año difícil. Pero seguimos cantando porque en medio de tanta tempestad hubo quien sacudió el termómetro para cuidarnos la fiebre, quien nos puso la mano en la frente y sonriendo nos decía “ya estás mejor”, o “anda, vuelve a dormir” o “¿has visto los cerezos? Es primavera” o “Estoy aquí”. Tan sólo eso. Estoy aquí. A tu lado. Siempre. Sinceramente tuyo. Ismael Serrano

miércoles, 30 de marzo de 2011

Aún es miércoles

Aún es miércoles cuando esta primavera llena de aristas
viste la calle de luz de salida de colegio.
Me siento a salvo cuando te sientas a mi lado en la mesa
y las alarmas nucleares suenan lejanas
como los aullidos de un lobo asustado
en este miércoles que agoniza.
Tiembla la luz de la explosiones sobre el Mediterráneo
y escucho triste e indignado su trueno azul
mientras me pregunto el por qué de su urgencia y de tanto fracaso.
Aún es miércoles cuando envidio a una muchacha
que sale del trabajo y enciende un cigarro
mientras llama a su novio o a su madre,
¿qué haces?, aquí echando un cigarrito.
Aún es miércoles para este exfumador
que tiembla entre tus brazos y bebe Romilar,
dextrometorfano hidrobromuro,
como si fuera el ron añejo de un pirata
para aplacar la angustia en la tormenta
que ruge en los océanos sin nombre.
Aún es miércoles cuando te toco la frente
y el mundo se detiene en tu sonrisa,
no tienes fiebre,
y me pregunto cuántos muertos
dejará la felicidad que nace en mi mano
aún en tu frente.
Aún es miércoles cuando mis sueños giran despacio
como mis dedos sobre esta carta que te debo
como la rama del jazmín en torno a la verja,
como la cena que baila en el microondas
mientras sobre la mesa te dejo unos versos
y suena un timbre que detiene
los sueños, mis dedos y la cena.
Aún es miércoles, ya termina,
la cena espera y yo te escribo,
y el día se resiste a terminar
cuando, entre toses, te cuento mi día
y el mundo, mi mundo, se sumerge
en tu mirada febril, brillante, inabarcable,
escuchas mis idas y venidas,
y el miércoles florece en tu presencia.



Decía el poeta, Asturias si yo pudiera, si yo supiera cantarte. No hay palabras para describir las emociones del concierto en el Jovellanos. Fue hermoso el viaje siguiendo la costa cantábrica, con parada en Cudillero y sus casas, mirando desde un anfiteatro el mar, y con el paseo bajo las catedrales encontradas en la playa. Llegamos a A Coruña y nos reecontramos con viejos amigos. Impresionante el recital en Galicia. Gracias de corazón.
Seguimos preparando los conciertos en Madrid (cierre de gira). Pero antes viajamos a Tenerife y después al sur, a Sevilla y Cádiz.

Si queréis podéis ver los vídeos/cortos que hicimos para el cierre de gira en http://www.ismaelserrano.com/videos/otrosvideos.htm

miércoles, 23 de marzo de 2011

Cierre de gira II. Entrevista

Seguimos en la carretera, dando los últimos conciertos a este lado del océano. Aun tiembla en mi garganta el rumor del batir de alas de las musas que nos escoltaban en el Palau de la Música de Barcelona. Preparamos el viaje al norte de España y seguimos haciendo planes.
El Mediterráneo brilla con el fulgor de nuevas batallas, el mundo parece derrumbarse pero nosotros, como siempre, no nos resignamos. Aún brilla en tu piel aquella primavera roja de luz color caramelo. Aún soñamos con asaltar los cielos. Aún seguimos vivos.
Otro regalo para despedir el invierno.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Cierre de gira. Encuentro.

Allá va este cuento de primavera. Retratamos este encuentro, en el frío de este invierno que se resiste a la despedida, que sacude la tierra y nos deja algo desamparados. Nosotros seguimos cantando, tratando de abrigarnos con el calor de otras voces, empeñados en no claudicar aunque tambores apocalípticos suenen desde las antípodas. A veces para combatir el miedo, es bueno reunirse en torno a la lumbre y contar viejas historias. Esta es una de ellas.

Ismael Serrano

PS: Gracias a la gente de Valencia por el afecto, por las emociones intensas que compartimos. Fue una buena despedida. Hasta pronto. Adiós, Valencia. Hola, Barcelona.




miércoles, 2 de marzo de 2011

Poema para el miércoles escrito un jueves

Perdona el retraso.

Podría decir que fue el cansancio,

el tráfico implacable de esta ciudad herida,

la prisa sin alma,

trenes descarrilándose,

tuberías que estallan empapando la cocina.

Podría decir,

que me raptaron los espectros,

que tuve una reunión repleta de cifras y calendarios,

que la fiebre me atrapó rehén de las almohadas,

que todo fueron maldiciones y suspiros.

Perdona mi ausencia,

pero lo cierto,

siendo miércoles y casi primavera,

es que me quedé siguiendo el vuelo de una libélula entre los juncos,

brindando con viejos amigos

con los que recordé qué era vivir,

que durante un instante amaneció en el sofá del salón,

-ya eran las siete de la tarde-

y la espuma de otras playas llegó hasta la alfombra

y, como te dolía la cabeza,

te busqué un ibuprofeno,

y las alas de un colibrí para tu espalda,

mis manos abrazando tu raíz

y tú descalza llorando jazmines y escarcha.

Perdona que faltara a la cita,

pero tuve que abrir

todos los tarros de cristal

para liberar a las luciérnagas,

tuve también que abrirte la puerta,

porque bajabas por la escalera

cargada de maletas y soledades

Discúlpame,

pero lo cierto,

es que estuve cantando,

grabando una nueva melodía

en el leve surco de nuestras vidas,

que giraban lentas

como el disco en el que suenan

los árboles combados por el viento,

la vieja cafetera y los arroyos.

Perdóname,

podría decir:

“este invierno viste mi sombra

y apenas tengo tiempo para despedirme”.

Pero lo cierto

es que este día

largo e intenso,

trabajé,

reí con amigos,

amé

con toda la fuerza

de mi naturaleza apasionada,

y aunque te eché de menos

y el frío de Madrid me trajo tu nombre

supe que mañana estarías a mi lado

y que entonces,

repleto de luz y de razones,

sabrías perdonarme.