martes, 22 de junio de 2010

Palestina (y III)

Escucho las voces del coro que grabamos en Ramallah mientras en Madrid el verano irrumpe de golpe desordenándolo todo. La realidad parece reacomodarse. Después de los primeros días de susceptible irascibilidad puedo disfrutar escuchando la canción y valorar con calma lo vivido. Viajes como este te demuestran que queda todo por hacer. Pero permite que termine mi historia. La última vez que hablamos te contaba que marchábamos para Belén.

Belén, campanas de Belén,

que los ángeles tocan

¿qué nuevas nos traéis?

Belén es uno de los lugares de peregrinación y turismo más importantes de Palestina para el mundo occidental. Multitud de cristianos devotos visitan la Basílica de la Natividad para venerar la cueva en la que, dicen, originariamente estaba el pesebre en el que nació Jesús, el niño Dios. Las campanas de Belén no atraviesan el muro que hay que cruzar desde Jerusalén y las nuevas que traen los ángeles no deben ser muy alentadoras. La construcción del muro, junto con la propaganda israelí, ha hecho que el turista deseche la idea de quedarse en los hoteles de Belén, como se hacía en otros tiempos. Prefieren los hoteles israelíes en Jerusalén Oeste. Los autocares atraviesan el muro, llegan a la Iglesia, adoran el lugar en el que su dios nació y vuelven a Jerusalén llenos de gozo, ajenos a la tragedia que los palestinos viven cotidianamente.

Tras nuestra visita a Hebrón viajamos a Belén y visitamos la Basílica.

A Belén pastores, a Belén chiquillos

Que ha nacido el rey de los angelitos

La Noche Buena se viene,

la Noche Buena se va

y nosotros nos iremos

y no volveremos más.

Quién sabe. Quizá volvamos. De momento regresamos a Jerusalén Este. A descansar después de un largo día.

* * *

Sólo nos queda una mañana antes de regresar a Madrid. Pero antes la UNRWA (Agencia de la ONU para el refugiado palestino) nos invita a visitar uno de los campos de refugiados cercanos a Jerusalén en los que trabaja.

El campamento de Shufat, establecido en 1965, en el que viven cerca de 15.000 refugiados, es el único campamento que se encuentra dentro de los límites municipales de Jerusalén. Cerca del 60% de su población vive bajo el umbral de la pobreza y alrededor del 40% depende de la ayuda humanitaria.

Para acceder a él debemos pasar por un nuevo check point. El muro dibuja un buena curva en el terreno para apartarlo de la ciudad así que tenemos que someternos de nuevo a los controles. Visitamos una escuela y un hospital financiados por Naciones Unidas a través de la UNRWA. Paseando por la calle intuimos el hacinamiento en que se vive en el campo: la población crece y la superficie no. La UNRWA ofrece los servicios de un Estado a un pueblo huérfano de éste: sanidad, educación… Si el control en el paso del muro se endurece, gran parte de la población que trabaja en Jerusalén quedará desempleada y pasará engrosar el porcentaje de gente que vive de la ayuda humanitaria.

Miramos los escombros de una casa derruida. El crecimiento demográfico lleva a las familias a edificar nuevas casas en los alrededores del campo. Pero estas no disponen de los permisos israelíes, así que las autoridades israelíes deciden derribar la casa recién construida. Aunque más bien el gobierno israelí te pide que lo hagas tú mismo. Si no lo haces vendrá la maquinaria de derribo y destruirá tu vivienda. Pero te cobrará por ello.

Tras la visita al campamento hacemos un último recorrido por Jerusalén, recogemos nuestras cosas en el hotel y partimos hacia el aeropuerto.

En el aeropuerto sufrimos un nuevo control con interrogatorio incluido: ¿quiénes sois?, ¿dónde habéis estado?, ¿os conocéis desde hace mucho tiempo? A algunos de nosotros nos hacen preguntas a parte para luego contrastar nuestras declaraciones. Nos preocupa que puedan hacernos perder el avión mientras esperamos a que decidan sobre nuestro destino. Nos preocupa también que confisquen el material que hemos grabado (no sería la primera vez). Nos preocupa que nos hagan perder el tiempo. Finalmente parecemos convencer a la funcionaria de turno y nos dejan marchar.

Te decía al principio, hace unos días, que al llegar a Madrid a uno le embargaba una cierta sensación de irrealidad. Como si lo real fuera aquello y esto un lejano espejismo sostenido por los privilegios en los que algunos vivimos.

Llevaré hasta tu casa ramas de olivo, dice la canción. Y ese es el propósito de este viaje. Quizá de todos los viajes. Portar simplemente una rama de olivo. O los versos de una canción. Aunque quizá nadie canté jamás la melodía que soñaste en el viaje, caminas con esa canción. Y eso te hace sentir vivo.

Por fin, llegamos a Madrid, y, como te decía, ahora escucho el trabajo realizado por los pequeños y reconozco el privilegio de trabajar con la música. El privilegio de tener compañeros como Néstor Lombardi, Roberto Visús y Jacob Sureda que viajaron conmigo y trabajaron desinteresadamente, al igual que yo, en la grabación de las voces del coro. De haber intercambiado líneas con Nabil Almanzor, cantautor palestino, que hizo el trabajo de difícil arquitectura a la hora de traducir los versos al árabe y cuadrarlos con la métrica de la canción. De compartir charlas, debates, viajes y narguile con gente como Raquel Martín y de contar con el apoyo generoso de Cristina, ambas del comité español de la UNRWA.

Y ahora deja que te hable de cómo puedes ayudar a que este viaje llegue a buen puerto.

La UNRWA se financia por contribuciones voluntarias de diversos países y de la Comisión Europea. En tiempos de crisis su financiación se ve severamente castigada.

Por eso, el comité de la UNRWA, ha puesto en marcha una campaña de sensibilización en la que os invito a participar: www.yotambienmesumo.org.

Se trata de hacer una cadena de ayuda humanitaria para captar fondos para los programas de ayudas a los niños y niñas de Gaza. Dentro de ese marco está nuestra colaboración con esta organización. Próximamente pondremos a vuestra disposición la posibilidad de que os hagáis con esta canción a cambio de un donativo. Todos los beneficios que resulten de la comercialización de esta canción, así como los derechos de autor que genere, irán destinados a programas de asistencia sanitaria y educativa, de ayuda alimentaria para los niños y niñas que viven en la franja de Gaza.

Cuando llegue el momento volveré a recordártelo. De momento te dejo este relato, largo, desordenado y lleno de momentos inolvidables, agradeciéndote mil veces tu atención.

Palestina (II)


Hani es ingeniero de sonido, pero atiende pacientemente a una pareja de novios que prepara su boda. Hani enseña con diligencia los accesorios, centros de mesa, decoración para comedores, mantelería, fundas para sillas, cortinaje de todo tipo. Mientras los niños del coro del conservatorio Edward Said de Ramallah ensayan “Luces errantes” en la calle, la pareja de novios se despide de Hani y nosotros tratamos de organizar la grabación.

El estudio Maestro de Ramallah es el centro de varios negocios: se graban canciones y se decoran bodas. Hay que diversificar el negocio. Y Hani nos ayuda con gran profesionalidad a organizar la grabación.

Es sábado es festivo para los judíos, y la llegada a Ramallah ha sido tranquila. Hemos atravesado de nuevo el muro en el vehiculo de la ONU y de nuevo hemos tenido suerte: hemos pasado tranquilamente ante la severa mirada de los militares que custodian el check point. No siempre es así. Ni siquiera Naciones Unidas se salva del control arbitrario en el cruce a Cisjordania.

Y, así, empieza una larga jornada de grabación que mantendrá a los niños y niñas del coro, bajo la atenta batuta de Oynstein, entonando una y otra vez las melodías que escribimos para ellos. Los niños aguantan con calma la jornada. Casi como adultos. Cuando al llegar las cámaras de unos informativos españoles les preguntan por el proyecto en el que están embarcados algunos responden con una madurez impropia. No somos terroristas, dice una niña mirando a la cámara. No será la última vez que escuche esta aclaración en boca de un palestino.

Pero a la hora de la comida vuelven a demostrar lo que son: niños. Y se persiguen unos a otros, bailan, preguntan, gritan. Y todos sonreímos agradecidos por la oportunidad de compartir ese momento con ellos.

Son los niños los que se llevan la peor parte del conflicto. De los 1314 muertos que hubo en Gaza durante la operación Plomo Fundido entre finales de diciembre de 2008 y enero de 2009, 416 eran niños. Más de la mitad de la población de Gaza son niños. Niños con graves lesiones físicas, con severos traumas psicológicos, desamparados sin posibilidad de asistir a las escuelas que quedaron destruidas durante la operación y cuya reconstrucción el bloqueo imposibilita. Según la ONU el 80% de la población no puede subsistir por sí misma y depende de la ayuda humanitaria, el 75% carece de servicio eléctrico, cerca de medio millón de personas tiene dificultades para acceder a agua potable, los hospitales no dan abasto.

Terminamos de comer y la muchachada disgregada vuelve poco a poco a entrar en el estudio. Reanudamos el trabajo. Sólo cuando quedan apenas cinco frases por grabar empezamos a vislumbrar en los niños el cansancio natural tras una jornada larga. Al otro lado del cristal contemplamos el esfuerzo de todos ellos y nos sentimos culpables. Pero ya queda poco. Cuando terminan de cantar la última frase y damos por concluida la sesión, el grito alborotado de todo el coro celebrando el final satura los micrófonos. Por fin hemos terminado y el trabajo valió la pena.

Nos despedimos emocionados de los niños. E infinitamente agradecido prometo enviarles algo de lo que grabamos en cuanto hayamos terminado la mezcla. Vemos marchar a nuestros pequeños héroes mientras uno piensa en aquella patria lejana que fue la infancia. Su sueño custodia nuestro futuro. Y qué futuro construimos, piensa uno, si cercenamos los sueños de los más pequeños.

Antes de volver a Jerusalem decidimos echar un vistazo al muro que construye Israel. Mientras el lado israelí del muro permanece pulcro, inmaculado, la parte palestina es un mural de grafittis y colores. Un muro, que según la Corte Internacional de Justicia es contraria al derecho internacional, que la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró ilegal (con los únicos votos en contra de EEU, Israel, Micronesia e Islas Marshall) según la resolución del 21 de octubre de 2003 en la que instaba a Israel a detener su construcción y al desmantelamiento de los tramos construidos, un muro que restringe de forma dramática la movilidad de los palestinos, que los separa de sus lugares de trabajo, de sus centros educativos y sanitarios. Recorremos estremecidos parte del muro y vemos como su silueta serpentea en el horizonte hasta perderse. Y uno recuerda otros muros y se lamenta de la quebradiza memoria de los seres humanos.

Volvemos al check point y como el día anterior, regresando a Jerusalem, lo atravesamos andando. Metidos en un pasillo enjaulado esperamos pacientemente a que llegue nuestro turno para mostrar nuestro pasaporte y visado. Al otro lado buscamos un autobús que nos lleve de regreso al hotel mientras planeamos la siguiente jornada: mañana marcharemos a Hebrón.

* * *

El taxista que nos lleva camino de Hebrón nos habla de las penurias de sus compatriotas mientras observamos el paisaje y nos señala los asentamientos de colonos judíos en tierra palestina. La matrícula de su coche lo acredita para conducir por las carreteras israelíes, así que es un privilegiado. En general los gobiernos israelíes han promocionado y favorecido los asentamientos a través de incentivos de todo tipo, sobre todo a la hora de conceder créditos para la construcción de sus casas (que según su permanencia están exentos de devolver) y poco han hecho para impedir su proliferación,. El procedimiento de los colonos a la hora de ocupar es sistemático. Son varias las resoluciones de la ONU que han condenado dichos asentamientos (446, 298, 465…) pero siguen produciéndose. Los colonos se asientan con precarias casetas en lo alto de una colina. A pesar de la ilegalidad del asentamiento el gobierno israelí tiene la obligación de garantizar la seguridad de sus ciudadanos, así que los siguientes en instalarse serán los militares. Con el tiempo el asentamiento dispondrá de un destacamento militar estable que necesitará de electricidad, agua, servicios en general del que también dispondrán los colonos. El asentamiento sustituirá poco a poco sus precarias casetas por casas más sólidas hasta convertirse en urbanizaciones.

Pronto llegamos a Hebrón, Tumba de los patriarcas, ciudad sagrada para la religión judía, musulmana y cristiana, lugar en el que, dicen, se hallan enterrados Abraham y su esposa Sara entre otros.

Nuestro Cicerone será J., un joven cooperante danés que conoce bien la realidad de la ciudad. Parte de ella está bajo autoridad palestina y otra parte bajo la autoridad de Israel. Desde lo alto de la ciudad podemos ver los sectores en los que se ha dividido Hebrón. A lo lejos, junto al cementerio, podemos observar la zona en la que se ha vetado la entrada a la población palestina, una ciudad fantasma, casi deshabitada en la que viven gran parte de los cerca de 600 colonos judíos que habitan el casco histórico.

El recorrido por sus calles es dramático. El hostigamiento a los ciudadanos palestinos que aún viven en el centro es constante. La calle comercial, por la que los palestinos pasean esa mañana luminosa de domingo haciendo sus compras, tiene varios tramos techados por una verja de hierro. Si uno mira hacia arriba, podrá encontrar sobre la alambrada que cubre el cielo cascotes, basura, botellas que son lanzadas por los habitantes judíos que viven en los edificios colindantes sobre los transeúntes palestinos. Mientas observamos conmovidos oímos a nuestras espaldas como unos soldados preparan sus armas tras el muro que cerca la parte reservada a los israelíes: es la hora de hacer la ronda por el centro de Hebrón. Unos muchachos uniformados salen armados de la zona reservada y recorren el centro histórico controlando que todo está bien.

Son varios los muchachos que se nos acercan curiosos. Tomamos un te en una de las pequeñas tiendas en las que algunas mujeres venden su artesanía. Nos relatan la historia de hijos, menores, que son retenidos de forma arbitraria, de su desprotección jurídica. De nuevo, el desamparo.

Cuando subimos a la azotea de una de las casas de un palestino que tiene por vecino a un colono judío en el piso adyacente un militar apostado en el tejado de al lado nos exige a gritos que abandonemos el lugar. El joven cooperante explica que no hacemos nada malo, que somos ciudadanos europeos de visita a Hebrón, y que tenemos derecho a estar ahí. No parecen convencerle los argumentos al militar armado que vigila nuestra presencia pero resignado vuelve a su puesto sin quitarnos el ojo de encima. Un muchacho nos señala los agujeros de bala en sus depósitos de agua vacíos. Desde lo alto podemos apreciar mejor la parte del casco histórico deshabitado. A lo lejos un grupo de niños judíos salidos de la escuela vuelven a casa. J. nos cuenta como a veces los niños judíos apedrean el paso de los niños palestinos que también marchan al colegio ante la mirada impasible de los militares judíos. Algunas ONG’s acuden como escudos humanos para escoltar a los jóvenes palestinos en su camino a la escuela.

Paseamos por la ciudad fantasma entre muros en los que los judíos han escrito su versión de la historia. Los judíos fueron masacrados por árabes en 1929, tiempo en el que convivían en la ciudad con los ciudadanos palestinos, siendo expulsados de sus casas en Hebrón. Y esa matanza justifica la actual ocupación. Tras la Guerra de 1967 los judíos retoman la ciudad perdida y pasa a formar parte del mito de la recuperación de la Tierra Prometida. Aunque esa parte de la ciudad parece sólo habitada por fantasmas no faltan los controles militares de rigor que de nuevo nos piden los pasaportes e interrogan a nuestros guías.

Tras la visita a Hebrón comemos con un amigo palestino y hablamos del futuro. No somos terroristas, nos dice mientas analizamos la situación política y lanzamos hipótesis sobre posibles soluciones al conflicto. Un futuro incierto y un tanto desasosegante.

Nos despedimos de Hebrón y partimos hacia Belén.

martes, 15 de junio de 2010

Palestina (I)

Llego a casa y todo me parece ajeno, lejano. Mi casa, mis hábitos e incluso la gente conocida. Todo es un eco difuso de lo que fui. Nada me parece importante. Nada es urgente. Nada excepto Palestina.

Lo vivido ha influido mi forma de entender el mundo. Han sido días intensos que han marcado mi carácter. Aún cuando intuía la injusticia que padecía el pueblo palestino, la constatación de su dimensión en este breve viaje ha dejado un huella indeleble en mi ánimo y en mi lucha.

Ahora, al regresar, la vida, mi vida, pasa ante mi como una distorsión hipócrita de lo que debiera ser. Será la mezcla de culpa y vergüenza que me ha producido constatar el hostigamiento implacable al pueblo palestino, la impunidad diaria con que el Estado de Israel viola sus derechos, prolongando la tragedia de una gente que espera eternamente una respuesta a sus exigencias. Eso y darme cuenta, una vez más, de como los privilegios con los que vivimos, con los que vivo, nos alejan de una realidad incómoda por terrible.

Nunca olvidaré la experiencia de trabajar en la grabación de un coro de niños palestinos, en un viaje promovido por la UNRWA, la agencia de la ONU para los refugiados palestinos.

No somos terroristas, repetían una y otra vez, la gente a la que conocimos en este viaje: en Ramallah, Hebrón, Jerusalem…

.

La bienvenida al aeropuerto de Ben Gurion, en Tel Aviv, estuvo cargada de tensión. Al entrar al país sufrimos los interrogatorios de rigor. Yo era sospechoso porque mi nombre es Ismael, así que fui apartado del resto. Varias personas, por turnos, me preguntaban por los nombres de mi familia, por mi religión, por mi oficio, por los motivos de mi viaje. Por fin pudimos cruzar los controles.

Nos esperaba el coche de Naciones Unidas que nos llevó a Jerusalem Este. Llegamos a Palestina.

Los que me conocen saben que no sé sintetizar. Hacer un repaso pormenorizado de lo vivido podría resultar difícil de digerir para el lector. Fueron apenas cinco días y me parece que estuvimos allí mucho más tiempo.

No fueron las estremecedoras letanías de los hombres que oraban junto al Muro de las Lamentaciones lo que más me impactó, sino el estrépito de un grupo de muchachos judíos gritando por la ciudad vieja en Jerusalem Este (parte árabe de la ciudad) provocando a sus habitantes con soberbia e impunidad. Por lo demás la ciudad estaba tranquila. Los almuhecines cantaban desde los alminares y nosotros hacíamos planes sobre los ensayos y la grabación de una canción con un coro de niños en Ramallah. Por la noche cena con amigos.

C. cena con nosotros y se parece mucho a Sean Pean. Es un cooperante francés que trabaja en Gaza. Arruga la frente como el actor cuando explica las dificultades de dar servicios cuando el bloqueo impide el acceso a los materiales que necesitan para la reconstrucción de casas, escuelas, hospitales tras la operación “Plomo fundido”. El bloqueo, por más que la propaganda israelí se empeñe en decir lo contrario, es real y desabastece de forma dramática a una población desesperada que busca un clavo al que asirse.

Cuando alguien le pregunta cuando piensa marcharse de allí C. sonríe en silencio, con esa sonrisa que dibuja hacia abajo las comisuras de los labios, como hace el bueno de Sean, y se encoge de hombros. Quizá el año que viene. La dedicación de hombres y mujeres como él hace posible que la ayuda humanitaria preste los servicio propios de un Estado que permite la supervivencia de la mayor parte de la población de Gaza.

Al día siguiente asistimos a los ensayos con el coro de niños del conservatorio Edward Said en Ramallah. Ramallah es la ciudad más importante de Cisjordania. Vemos el muro que rodea gran parte de Cisjordania y contenemos el aliento. Decir que rodea Cisjordania es impreciso teniendo en cuenta que la línea verde que marca los límites del West Bank según el armisticio de 1949 mide 320 Km y el muro planeado mide 721. Son muchos los vericuetos que hace adentrándose en tierras cisjordanas aislando a veces pueblos enteros y apropiándose del 10% de tierras palestinas, en las que entre otras cosas hay muchos recursos agrícolas e hídricos palestinos. Desde la carretera se distinguen claramente los asentamientos de los colonos judíos y las casas de los palestinos. No viven en las mismas condiciones. El muro sólo puede ser atravesado por aquellos coches con la matrícula que les acredita como habitantes con permiso. Se da el caso de que cuando algunas ambulancias transportan enfermos desde Cisjordania a algún hospital de Jerusalem tienen que parar en el check point para trasladar al enfermo desde una ambulancia a otra, sea cual sea la gravedad del enfermo. La movilidad para los palestinos es restringida de forma dramática. Nos hablan de las dificultades de algunos habitantes de pueblos que han sido rodeados por el muro para acceder a sus campos de trabajo, de la imposibilidad de los palestinos de visitar a sus familiares, de asistir a los funerales de sus padres o hermanos, historias de mujeres que paren en el muro ante la imposibilidad de cruzarlo. Atravesamos la muralla en uno de los controles y empieza nuestra jornada.

Oynstein, un músico noruego, dirige los ensayos junto con George, administrador del conservatorio. Cuando las primeras voces empiezan a entonar las notas de “Luces errantes” en árabe todos suspiramos emocionados. Los niños, con una paciencia poco frecuente a su edad, repiten las melodías mientras el viernes, festivo para los árabes, deshoja el sol sobre la ciudad que descansa tranquila.

Oynstein, a veces, organiza conciertos con los niños en diferentes partes de Palestina. Nos cuenta como, al llegar a los puntos de control del muro, los militares registran los vehículos con los niños dentro. La visión de hombres armados revisando los coches llena de angustia a los pequeños hasta tal punto que a veces no es posible celebrar los conciertos.

Los niños cantan y le dan sentido a todo. Al viaje que nos llevó hasta allí. A todos los viajes que hicimos y que haremos. Su sueño custodia nuestro futuro. Guardamos en lo más profundo del corazón sus voces. Y les agradecemos infinitamente su paciencia y su dedicación.

Las voces de los niños nos mecen como el vuelo de la cometa a la que cantan, como la brisa que sopla la herida.

Planeamos la grabación y nos despedimos hasta el día siguiente.

Para el regreso atravesamos caminando el muro. Esta vez no nos lleva el transporte de Naciones Unidas, así que hacemos la cola pertinente y enseñamos nuestros pasaportes a muchachos armados que prestan el servicio militar. El check point se asemeja a las fauces de una bestia, dentada con alambres de espino y rejas de acero, que nos escupe al otro lado del muro.

Cenamos mientras un laud y una darbuka desmadejan las melodías, cuyo hilo, más tarde, engarzará nuestro sueño. Mañana gabaremos los coros. Insa’Allah.

martes, 8 de junio de 2010

Cuando regrese

Cuando regrese, el verano nos devolverá el cielo de la infancia, ancho y luminoso. Nos saludarán las espigas con su cabeceo monótono camino de la aldea y tú dormirás en el asiento del copiloto, así, con la mano en la boca, con todo el fondo del mar encerrado en tus pupilas, bajos los párpados entornados, donde duermen caballitos de mar y tiemblan los corales.

Cuando regrese, Madrid será murmullo de golondrinas, volando como cuchillas negras afilando los aleros de casa, el tráfico detendrá su marcha, los coches resoplando como animales cansados, vigilando nuestro paseo, mientras en una terraza el tinto de verano brilla como el mar de la primavera visto desde el pinar que mecen las chicharras.

Cuando regrese te contaré cómo fue todo, me regañarás por haber llamado poco y descifraremos juntos los mapas encontrados, las equis marcadas en su papel amarillo, el idioma extraño con que a veces hablan las soledades y los rencores.

Cuando regrese, fumaremos un cigarro mientras cae la tarde y coseremos las heridas con el hilo de Ariadna, rayos de un sol olvidado escondidos en la madeja de tu pelo.

Cuando regrese, abriremos una botella de vino y escucharemos a Goyeneche. Celebrarán Mundiales y estallarán cucañas y yo te enseñaré las palmas de mis manos para reconozcas en sus líneas el camino que aún hemos de recorrer. El mundo seguirá navegando a la deriva como los restos de un naufragio y tú sonreirás como cuando el avión aterriza ileso cerca de casa. Habré regresado.

No te vayas, me dirás, y yo casi estaré de regreso buscando por Internet el número de vuelo que lleva hasta tu boca, tu voz agitando el humo de la cocina mientras aprendemos las recetas de Simone Ortega, 1080 recetas de cocina, para 1080 días de un agosto que arrancará las sábanas de la cama, que mojará tus pies con agua de mar y lavanda.

No te vayas, y verás que no me fui, porque habré regresado para cuando despiertes de la siesta con la marca de la almohada y la nostalgia atravesando tu cara de niña encontrada.

Cuando regrese, ayer mismo, te contaré como fueron mis días y todo serán abrazos. Sé que, aún así, me dirás ¿por qué te fuiste? Y yo no diré nada. Quizá sólo “He regresado” y espante las libélulas de tu frente y te diga también “échate a un lado” y duerma contigo el sueño pendiente, el viaje que hice, las ganas de verte.

* * *

Nuevos viajes. Nuevas canciones. Estamos aún preparando la gira por el resto de España, por toda Latinoamérica. Echo de menos el escenario y apenas fue ayer cuando estuvimos cantando en Madrid. Gracias a todos por la compañía, por todo lo que aún queda por hacer. Pronto les contaré los detalles.

martes, 1 de junio de 2010

Entrevista inédita

Hace poco una revista musical se puso en contacto conmigo para realizar un entrevista en torno al compromiso político del músico actual. La idea era hacer un reportaje recogiendo las opiniones de diferentes artistas con respecto a la postura ideológica que se desprendía de sus composiciones. El reportaje se publicó, pero no editaron la entrevista íntegra. Se trataba de un reportaje colectivo y yo, para variar, me había extendido demasiado, así que resumieron escuetamente mi parecer y lo incluyeron entre las consideraciones del resto de artistas. Como siempre, no supe sintetizar. Pero me parece interesante publicarla en su totalidad aquí. No siempre te dan la oportunidad de dar explicaciones respecto a estos temas.

(Pero antes de ello no puedo evitar expresar mi indignación por el abordaje en aguas internacionales por parte de las tropas israelíes de la flota de barcos que llevaba ayuda humanitaria a Gaza. La violencia injustificable pone en evidencia el desprecio del Estado de Israel hacia los más elementales derechos humanos y hacia la legalidad internacional, así como la necesidad de atender a la tragedia del pueblo palestino que es desoído por una comunidad internacional que permanece impasible ante una herida siempre abierta).

1-¿Crees que hay pocos artistas en España que muestren un cierto compromiso social o tomen partido ideológicamente? ¿Por qué crees que a mucha gente le da miedo (o no le interesa) hacer música “comprometida”?

No son pocos. Pero no tienen todas las plataformas de difusión que merecen. Las fórmulas radiofónicas musicales convencionales han optado por una estética musical superficial: todo lo que conlleve una reflexión, todo lo que requiera más de una escucha, todo lo que despiste es excluido. La música radiable se ha homogeneizado.

Los cantautores tradicionalmente han sido siempre claros a la hora de tomar partido ideológicamente. No podría ser de otra forma si se dicen cronistas sentimentales de la realidad social, no pueden permanecer inmóviles ante la visión de un mundo desigual.

Habrá músicos que teman sentirse excluidos y por lo tanto eviten definirse políticamente en sus canciones. Supongo que el hecho de que la contratación de artistas en este país dependa en gran medida de entidades públicas que son administradas por partidos políticos también influye, digo yo.

No dudo que haya artistas que simplemente no les interese o no tengan unas convicciones políticas claras. Y otros que simplemente sean conservadores y, por lo tanto, les agrade la realidad tal cual es. Pero creo que influye también el empeño generalizado del artista por agradar a todo el mundo. Eso y el hecho de que en España exista una confrontación siempre crispada en términos políticos: si no eres de los nuestros eres un enemigo. El clásico paradigma de las dos Españas.

En cualquier caso no es obligatorio que un músico se comprometa políticamente en sus canciones. No lo convierte en mejor músico el hacerlo. Pero tampoco en peor si por el contrario es capaz de conmoverse ante un mundo obviamente mejorable y canta sobre ello.

2-Da la sensación de que a artistas como tú a veces se os maltrata (incluso gente que puede estar de acuerdo con lo que puedes decir) por el simple hecho de hacer un tipo de música en la que se cuentan cosas más allá de lo estrictamente personal, y más aun si se os considera cantautores, un término que a veces parece maldito. ¿Lo ves tú así?

Sí. Existe una estigmatización constante hacia aquello que revele una posición política clara. Ocurre también con el cine e incluso con la literatura. El nivel de exigencia cuando uno se compromete a través de una expresión artística es mayor.

Creo que los orígenes de esto está en la transición. Los ochenta, la movida, por ejemplo, suponían una ruptura clara con toda la tradición de compromiso del arte de los setenta. Una vez superada la dictadura había que cerrar a cal y canto una etapa en blanco y negro, la forma de rebelarse ante un pasado oscuro de represión y dictadura era negarle la existencia a todo lo que recordara a los hábitos del pasado, no sólo al oscurantismo propio de la dictadura, sino también al consecuente movimiento de reivindicación que surgía ante dicho totalitarismo. Pagaron justos por pecadores. La democracia había llegado, con ella la reconciliación y, para algunos, el olvido necesario para avanzar en el desarrollo de esa democracia.

Y creo que arrastramos esa forma de entender la poesía social y el compromiso en el arte. El problema no era sólo el contenido de dichas reivindicaciones sino las formas en sí: todo compromiso político debe quedar excluido de la expresión musical. Para algunos son modos propios del pasado. Es el empeño postmodernista por romper con el tradicional espíritu crítico intelectual, por romper con los dogmas del pasado.

Fue inevitable en su momento. Se destapaba una olla a presión cerrada durante cuarenta años. Y llegaba el momento de liberarse. Pero es discutible que ciertos sectores de la música sigan con esos planteamientos a estas alturas. Decir que la canción de autor es un anacronismo es una tontería. Se trata de un género musical. Es como si en literatura afirmáramos que la novela negra, por ejemplo, es un anacronismo.

Es curioso que con respecto al rechazo del término cantautor no ocurre lo mismo en la música anglosajona. Woody Guthrie era adorado por Dylan, Springsteen hizo un disco homenaje a Pete Seeger, y Leonard Cohen es homenajeado por grupos de pop punteros. Incluso en este país si dices que tus referencias son Bob Dylan, Neil Young, Jonni Mitchell o Donovan eres un tipo cool. Si dices que tus referencias son Paco Ibáñez, Serrat, Silvio, Aute o Pablo Guerrero eres un nostálgico, un anacronismo musical. Me temo que somos un poco cortos de miras y dados a ningunear lo local.

Pero es raro: reivindicar algunas figuras del pop más blando de los ochenta mola. Hacerlo con figuras más combativas de los setenta e incluso de los ochenta te convierte en un nostálgico.

3-Hablaba de lo personal, y quizá esa sea la clave a la hora de componer: ir de la realidad personal a la realidad colectiva sin que se note, que ambas esferas estén imbricadas.

Eso ha sido para mi el reto a la hora de escribir una canción con componente reivindicativo. Te recuerdo Amanda, de Víctor Jara cuenta una historia muy personal, una historia de amor, pero con un trasfondo político claro. Pero es que la vida consiste en eso. Nuestra vida diaria, nuestro ánimo se ve afectado por lo que ocurre políticamente a nuestro alrededor. Por más que queramos vivir en una burbuja la realidad social influye en nuestros hábitos, en nuestra forma de desarrollar las relaciones con los demás. El ser humano es un animal político por más que se nos intente convencer de que la esfera política pertenece a una élite que decide por nosotros, de que el modelo de convivencia, social y económico, difícilmente puede verse afectado por nuestro cuestionamiento de la realidad. La consolidación de la democracia le quitó el protagonismo político al pueblo, que representaba la vanguardia en la exigencia de cambio, de libertades, para dárselo a una clase política que se nos antoja lejana e incluso ajena a nuestros problemas diarios. Además, nos dijeron que la Historia había terminado, que el sistema era único e incuestionable, y algunos abandonaron los sueños.

4-Lo que está claro es que a estas alturas no debe de ser fácil hacer letras sociales/políticas: no tienen ya sentido las consignas panfletarias/demagógicas o las demasiado obvias del estilo “no a la guerra” o “no a la violencia”, ¿no?

Los frentes no están tan claros como antes. Pero eso no quiere decir que no existan. Si algo nos distingue de la generación de nuestros padres es que nos hemos desprendido de los dogmas sobre los que se asentaban sus estructuras ideológicas, rígidas, claras y definitivas para ellos. Nosotros no tenemos tan claras las respuestas, pero sí compartimos las preguntas. Es más, entendemos que cada pregunta no tiene una única respuesta. Si algo define al movimiento altermundista es su pluralidad, los diferentes colores políticos que conforman esa red de movimientos convergen en la necesidad de replantear la globalización despiadada en la que vivimos. Gente que trabaja en unos ámbitos muy concretos (feminismo, indigenismo, movimientos estudiantiles, movimientos de trabajadores, de parados) coinciden en este movimiento multicolor porque comparten preguntas. Y en los foros en los que se reúnen, el debate de las ideas bulle efervescente en un intento de consensuar las respuestas y de establecer una nueva estructura de pensamiento.

5-Cuando comienzas a escribir una canción, ¿tienes la intención de hablar en ella sobre tal o cual tema desde el principio del proceso o eso es algo que se decide por el camino?

Uno canta a lo que le emociona. El hecho de escribir una canción con cierto elemento social o reivindicativo no es tan diferente del de componer una canción de amor o desamor. Se trata de sentimientos. El observar una situación de desigualdad genera en uno sentimientos, a veces de indignación, otras de solidaridad… De ahí nace la canción y de ella se desprende el compromiso. Así de sencillo.

Por eso me sorprende que gente con una cierta sensibilidad a la hora de componer no sea capaz de conmoverse ante la lectura de un periódico lo suficiente como para tomar partido cuando la ocasión lo merece. Y no hablo sólo de actos de caridad que tranquilicen nuestras conciencias, sino de discursos que realmente persigan transformar la realidad.

Tampoco se trata de componer para remover conciencias. Es demasiado vanidoso. Se trata de componer para sentirse acompañado en un sentimiento, en una búsqueda, en una lucha. Y existe el peligro de convertirse en un profesional de la política o de la solidaridad parapetado detrás de una guitarra. Y no se trata de eso. Ante todo uno es músico.

6-¿Qué grupos o solistas españoles (o en español, ampliemos a Latinoamérica) te han hecho, a lo largo de tu vida, abrir la cabeza a ciertos temas, pensar sobre esos asuntos o empujarte a tomar partido?

Crecí escuchando a Víctor Jara, a la Nueva Trova Cubana, a Serrat, a Paco Ibáñez, a Llach, a Aute. Con una tradición así, con la deuda que tenemos con ellos, autores como son de gran parte de las mejores canciones escritas en la música popular española y latinoamericana, ¿cómo renegar del término cantautor?

Ismael Serrano

martes, 25 de mayo de 2010

Madrid

La crisis estalló y mi ciudad levantaba la mirada al cielo preocupada porque la primavera se empeñaba en no llegar. En el tiempo en que los relojes marcaron la hora de la detonación, Madrid seguía levantándose con el cansancio habitual de los lunes. Como esas muchachas que mienten al decir su edad, la enloquecida urbe se empeñaba en parecer radiante y renovada y serpientes de colores reptaban por sus carreteras maltratadas por el hielo y la sal que cubrieron alternativamente su asfalto en el invierno.

Madrid es el escenario de las mayor parte de los crímenes que cometimos y sus calles, a veces, parecen la ruina de una casa después de una fiesta: intuimos que en algún momento hubo risas y guirnaldas pero ahora sólo queda el rastro de confetis desperdigado por el suelo y las botellas vacías abandonadas en los rincones. Amo Madrid. Con todas sus malditas y maravillosas contradicciones.

Puerta del sol con sus banderas tricolores ondeadas por tipos encaramados a las farolas. Plaza de Oriente con su mar de siniestros brazos en alto jaleando al tirano. No pasarán. Vivan las caenas. Cada mayo celebramos que echamos a patadas a los portadores de la Ilustración, bibliotecarios afrancesados que nos traían el aroma de su revolución sin preguntarnos si quiera. Así nos va. Desde México escribieron su chotis más tradicional. Un jienense la declaración de amor más hermosa y amarga. Sus corralas, escenario de zarzuelas, son ahora pisos patera en las que, por turnos, duermen hombres y mujeres que navegaron todos los mares desde todos los sures imaginables.

La Gran Vía, aspirante a Broadway y Quinta Avenida, con su luminoso de Swcheppes en el que se colgaron satánicos y exorcistas, por la que tanto caminé buscando al coronel Kurtz, cumple cien años. No ardió como el Chiado lisboeta, no la quemó el salitre marino como al malecón de La Habana pero tiene ese aire de bohemio, pobre y soñador, que se cuela en los cafés a arrimarse como oyente a las tertulias, esa belleza de mujer madura y liberada que fuma un cigarro en una terraza del Barrio de las Letras después de haber recorrido la galaxia persiguiendo cometas.

Madrid siempre fue generosa. Mis padres se criaron en un barrio de chabolas, calles de barro y retrete compartido, que forjaron hombres y mujeres venidos desde todos los sures de España, levantando sus casas de chapa y ladrillo con sus manos de olivo, con su manojo de sueños prendido en sus solapas. Eran tiempos de curas obreros, carreras delante de los grises y puños levantados.

Luego, mucho más tarde, vendría la movida, liberación, infantil revolución de papel con hombreras. “El que no esté colocado que se coloque, y al loro” decía el viejo profesor, alcalde de Madrid. También vino el olvido. Otros tiempos. Queda poca poesía en los grafittis que decoran los muros de este Madrid, disparatado, maravilloso y febril. Y menos aún en los discursos de sus responsables políticos que nunca están a la altura de las necesidades de una ciudad como la nuestra.

Madrid y sus obras, buscando el tesoro que guarda un dragón dormido bajo nuestros pies. Madrid de mi infancia. Madrid de mis comienzos profesionales, de mis primeros conciertos en los cafés, en los años en que, en la efervescencia que vivió en los 90 la música en directo, proliferaban por todas partes, aunque su apertura era fugaz, como la flor arrancada del tallo, como un suspiro. Madrid, como un nido de luciérnagas dormidas recibiéndome, abajo, mientras el avión se desliza, agárrate de mi mano, sabes que no aguanto los aterrizajes, abróchense los cinturones. Madrid, tarde de Retiro mientras los titiriteros congelan las miradas de los niños y sus padres beben granizado de limón. Madrid, vermú en La Latina, hombres estatua en la Plaza Mayor. Madrid, Vallekas, puerto de mar, barrio en lucha. Madrid, concierto en el Libertad, cine de autor en Martínez de los Heros. Madrid, mañana de maldiciones, café con churros, repaso del diario deportivo. Madrid, Ciudad Universitaria, césped en mis pantalones. Madrid, casa de las flores y Neruda cabalgando un caballo verde. Madrid, estrella polar, cruz del sur. No es tu mejor momento pero aún estás hermosa. Siempre vuelvo Madrid.

Madrid, gracias por todo. Por estos días de conciertos inolvidables. Por los días que vendrán.

martes, 18 de mayo de 2010

La rebelión de los hijos de Guillermo Tell

Cuando la fachada del espejismo empezaba a resquebrajarse algunos creímos asistir a la caída de un muro que hasta antes parecía de una invulnerabilidad diamantina. El legado de los apóstoles del fin de la historia había calado a fondo en los habitantes del planeta: el sistema era incuestionable pues se presentaba como victorioso ante los experimentos fallidos del bloque soviético. Cualquier cuestionamiento era o criminalizado o marginado, condenado al corral de la disidencia excéntrica e inadaptada. Y así, vivimos un retroceso en los derechos laborales y civiles puesto que el sistema en su perpetuación lo exigía. Pero el sistema se declaró enfermo, casi terminal, el espejismo se agrietó y se reavivó el debate de las ideas. Por fin algunos vislumbrábamos la oportunidad de reformular las reglas del juego en aras de una mayor solidaridad de los que más tienen con los eternos excluidos.

Líderes mundiales se reunían e introducían en las agendas de sus reuniones términos hasta entonces anatema en sus planteamientos económicos: se hablaba de Tasa Tobin (para gravar las transacciones financieras de carácter especulativo), del protagonismo del Estado en la nueva arquitectura económica, de terminar con los paraísos fiscales, de controlar de alguna forma los sistemas financieros, de ponerle límites a los excesos de los grandes ejecutivos que multiplicaban su riqueza ante el río revuelto que generaba la crisis… Estaba claro cual había sido el origen de la crisis: la especulación financiera, el cortoplacismo, la codicia desmedida de ingenieros/nigromantes financieros que inventaban artículos bursátiles tóxicos, vacíos, vendedores de humo, especuladores de las necesidades ajenas, de las rentas del futuro, de la deuda de los eternamente endeudados…

El Estado salió al rescate: primero inyectando liquidez, ayudando a los bancos en quiebra, y luego a través de los planes de estímulo de las economías que trataban de contrarrestar la paralización de la iniciativa privada que provocaba la ausencia de crédito.

Luego, para paliar el déficit que provocó esta situación, nuestros gobernantes -cráneos privilegiados- optaron por el atajo fácil: castigar a los ciudadanos con los recortes en la protección social, en los sueldos de los funcionarios, en las pensiones, flexibilizar el despido…Existen otras medidas más justas para combatir el déficit, evidentemente: subir los impuestos a las rentas más altas, gravar los desorbitados beneficios de bancos y empresas financieras. Pero esto de momento sólo se ha quedado en intenciones borrosas, palabras desde las tribunas, agua de borrajas.

Y de aquellos planteamientos maximalistas que ahondaban en la solución de una crisis sistémica nada de nada. El poderoso sector financiero impuso su chantaje. Las empresas de rating, aquellas que calificaron altamente a las empresas que propiciaron la debacle y que luego quebraron, castigaron a los países dudando de su solvencia a la hora de abordar sus deudas, calificándolas por la baja. Empresas de rating que escapan a cualquier control administrativo y gubernamental, a cualquier calificación, que dictan el destino y el valor de los futuros y del mercado. Quizá la mano invisible que todo lo controla.

La soberanía de los pueblos quedaba puesta en entredicho. Los gobiernos, dóciles, no podían plantear su propio modelo de gestión de la economía pues el sistema imponía su extorsión dictando las estrategias a seguir.

La vieja complicidad entre el capitalismo y el Estado (siempre en beneficio del primero), aquella que instauró lo que algunos llamaron el Nuevo Orden Mundial, ese que asesinó a Clío y sus adoradores, alcanzó su máxima expresión. Lejos de reformular un nuevo sistema de convivencia, de renovar el Contrato Social de forma que el reparto de la felicidad y de la riqueza fueran más equitativos, los Estados apuntalaron el sistema, haciéndolo más injusto si cabe.

Los beneficios se privatizan y los riesgos, los perjuicios se socializan. Siempre pagan los mismos.

Cuenta la leyenda que el gobernador de Altdorf ante la rebeldía de Guillermo Tell le obligó a disparar con su ballesta a una manzana colocada sobre la cabeza de su hijo. Si acertaba sería perdonado.

El cantautor cubano Carlos Varela escribió una hermosa canción en la que el hijo de Tell se rebelaba y se empeñaba en ser ahora él el que disparara a la manzana, colocada esta vez en la cabeza de su padre.

Ya va siendo hora de cuestionar sobre qué cabeza se ha de colocar la manzana. Hartos de asumir el coste y el riesgo, los hijos de Tell quizá debieran decirles a sus gobernantes que o ponen la manzana sobre sus cabezas o apuntan sus flechas a los verdaderos responsables del desastre, aquellos que nos exigen que nos dobleguemos ante el chantaje de un sistema enfermo que ha demostrado no ser capaz de dar respuestas a las necesidades reales de la mayor parte de los habitantes de este disparatado y maravilloso planeta azul.

martes, 11 de mayo de 2010

Planes

Bailaban con flores amarillas las retamas mecidas por el viento y sobre el Mediterráneo brillaban láminas de luz sobre las que se deslizaban las horas. Fuimos felices en los días en los que recorrimos su costa y suspiramos las canciones como quien sopla un diente de león, semillas suspendidas en el aire de esta primavera lluviosa.

Y ahora seguimos haciendo planes. Tocamos en Granada y en Madrid. Cuando toco en casa es inevitable sentir una responsabilidad añadida que acrecienta el nerviosismo sobre el escenario. Lejos de sentir la complicidad propia de tocar ante viejos conocidos, no dejo de reparar en cada detalle, pensando que el nivel de exigencia va a ser mayor. Y así, sucede que eres feliz durante el concierto pero no lo descubres hasta un tiempo después, cuando analizas el recital y haces repaso de lo vivido.

Pero antes pasaremos por Granada, allí donde Lorca soñó un caballo azul y una madrugada, (Lorca que no fue enterrado con su guitarra y bajo la arena, entre los naranjos y la hierbabuena), allá donde la Alhambra vigila la senda roja del tiempo.

Pronto viajaremos a Latinoamérica. Cruzaremos el océano unas cuantas veces este año. En esta primera visita queremos ir a Argentina, Uruguay y Chile. Chile más que nunca. Ojalá podamos visitar Concepción de nuevo, ciudad golpeada por la cólera terrestre, Pachamama implacable mostrando sus dientes.

Tenemos pendiente un viaje a Palestina. Estamos invitados por la Oficina de Cooperación a participar en un “Concierto de las cuatro Lenguas” junto con otros artistas que se celebrará en Belén. Y queremos aprovechar el viaje para colaborar de alguna manera con la UNRWUA, la agencia de la ONU que trabaja con refugiados palestinos. En esas estamos.

También está en nuestros planes empezar a trabajar en otro proyecto cinematográfico con Juan Pablo Martínez, pero, como dice el cuento, esa es otra historia y merece ser contada en otro momento.

Y uno hace planes mientras el mundo sigue en su torbellino. Los corredores de bolsas del mundo gritan desquiciados subidos a sus norias disparatadas.¿Dónde queda la soberanía de los pueblos cuando son otros los que determinan el precio de la vida, cuándo desde fuera nos dicen los cambios estructurales que nuestras economías necesitan (siempre dirigidos a liberalizar los mercados, debilitar los controles estatales y flexibilizar los despidos)?¿Por qué el endeudamiento de los países es tan malo y no lo es tanto el de sus ciudadanos hipotecados de por vida, consumidores voraces de las rentas del futuro? La especulación, desatada, anfetamínica, aprovechando la inyección de dinero barato hecha por los Estados, retuerce la realidad económica, como un niño caprichoso el peluche regalado. La realidad virtual se convierte en realidad a secas, y pagan la factura los que menos tienen que ver con el origen de la crisis.

A nosotros nos dijeron que esta era una crisis financiera, ¿por qué entonces hacer una reforma laboral? ¿cuándo se demostró que el detrimento de las condiciones laborales de los trabajadores ayuda a salir de la crisis? Pescadores borrachos ríen a carcajadas y sacan a manotazos peces del río revuelto.

Dicen que la sonda Voyager está saliendo de la frontera del sistema solar. Como los barcos que a lo lejos veíamos en el Mediterráneo, la sonda seguirá su viaje silencioso, ajeno a los vaivenes bursátiles, a la genista regalando el polen de sus flores amarillas al viento de mayo, a mis planes, a tu vida. No creo que el mensaje que porta, dirigido a posibles inteligencias extraterrestres, hable de este mayo frío aplazando el futuro, de nuestras ganas de vivir, de tu fiebre y de tantos planes escritos en los charcos de la lluvia de esta primavera que se empeña en ser invierno.

martes, 4 de mayo de 2010

Llueve

Una cortina de agua baila por las calles de Barcelona, dibujando en el suelo coronas de agua. Llueve sin parar durante todo el día. Barcelona, empapada, abre su gabardina, como un exhibicionista, invitándonos a todos a escondernos bajo su abrigo, para guarecernos de la tromba. Hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo.

La primera vez que toqué en Barcelona apenas éramos una decena de personas. Fue en la sala Tarantos allá por el 97. La Plaza Real saludaba la entrada de aquel muchacho de Madrid, con relámpagos en los ojos, con su despliegue de turistas, malevaje y palmeras abriéndose al cielo como una oración. En el local abrí la funda de mi guitarra y derramé las primeras canciones de “Atrapados en azul” ante un público desconocido y curioso. Ya ha llovido desde entonces. Casi tanto como hoy.

Desde entonces cada uno de mis discos ha sido presentado puntualmente en Barcelona, estrechando el vínculo que me une a esta ciudad en la que he dado largos y hermosos conciertos. Después de Tarantos, el Llantiol. Luego el Apolo. Alguna vez en el festival de Barna Sants, y más tarde el salto al Palau, con las musas vigilando nuestro canto de titiritero, temblando con la magia que palpita en cada tesela de sus mosaicos. Después vendría el Auditori, que nos recibirá en estos días para celebrar que aún intentamos recordar qué era vivir.

Barcelona. La ciudad de los prodigios. “Más, cada vez más honda
conmigo vas, ciudad,
como un amor hundido,
irreparable.

A veces ola y otra vez silencio” cantaba Gil de Biedma.

Barcelona es para mi Gil de Biedma. José Agustín Goytisolo. Fonollosa en la voz de Albert Pla o en los versos de Ciudad del hombre: Barcelona. Es el Pijoaparte seduciendo a la niña rica que fantasea con proletarios. Son los poemas de Joan Margarit cargados de nostalgia, de trenes que viajan en la noche, y de la memoria herida por aquellos que perdimos.

Barcelona me trae recuerdos de una noche en Montjuic cuando The Police abría la botella y leía su mensaje . Barcelona es la voz de Llach o de Serrat. El “Qualsevol nit pot sortir el sol” del galáctico Sisa. Barcelona son retales de mi vida, fotos a contraluz. Me siento hoy como un halcón herido por las flechas de la incertidumbre, cantaba Manolo García.

Barcelona es el paseo por el barrio gótico tarde, como siempre tarde, una noche “en que comenzaba todo, toda la noche amor. Toda la noche claridad y vehemencia, toda la noche amor.” Cantaba Goytisolo.

Esta será una semana recorriendo el Mediterráneo. Quedarán prendidos en nuestro pelo rayos de sol como agujas de pino tras la siesta. Volveremos a Madrid tras pasar por Palma de Mallorca, Barcelona, Tarragona y Valencia. Traeremos hasta Madrid el sabor amargo del llanto eterno, ese que lleva adherido Serrat a la piel, un trozo de Mediterráneo con el que pintaremos de azul las futuras y largas noches de invierno.

Viajamos soñando ser eternos, como el mar que vigila nuestro recorrido, bebiendo el incansable aguacero que nos acompañará en cada trayecto, para devolver en futuras canciones algo de aquello que amamos.

Llueve, y mientras el compás obstinado del limpiaparabrisas mece nuestro sueño, Barcelona se abre como una flor tras el cristal del auto que nos lleva, con la tranquilidad de un barco que atraca en el final de la noche. Miramos llenos de agradecimiento el paisaje envuelto en la cortina de agua, sus calles brillantes, como el lomo de una ballena dormida, mientras la ciudad espera a que amaine, como un amor hundido e irreparable, marchando hacia tu encuentro.

lunes, 26 de abril de 2010

El mundo gira

El mundo gira como el polen arrastrado por la brisa.

Una mujer cierra la maleta y emprende el viaje. Cruza el océano en busca de sus afectos. Besos en el portal. Cuídate. Llama cuando llegues.

Taty Almeida, de la Madres de la Plaza de Mayo me habla de la presentación del libro de poemas de su hijo desaparecido. En Madrid, como en la Plaza de Mayo de Buenos Aires, hombres y mujeres empuñan carteles con los rostros de los represaliados por la dictadura. Mi abuelo, albañil, recorría cuarenta kilómetros todos los días para ir al trabajo. En su pueblo no podía trabajar. Era un estigmatizado. Era republicano. Tuvo más suerte que otros. Sobrevivió.

El mundo gira como una bolsa de plástico atrapada en el torbellino.

Camino de Murcia, con buenos amigos, comemos torreznos en un bar de carretera. Los molinos de viento no giran sus aspas, descansan limpios y rehabilitados. Son gigantes domesticados y decorativos que duermen la siesta sobre la meseta. Nadie los embiste. Rocinante descansa flaco y huérfano bajo un plátano junto a la estación de servicio.

El mundo gira como un tiovivo en una feria desierta y abandonada.

Seguimos hablando con la UNRWA, la agencia de la ONU para la ayuda a los refugiados palestinos, sobre la situación que allí se vive. Centenares de menores encerrados en cárceles por arrojar piedras, rutas endemoniadas que vuelven imposibles los encuentros por los cortes que provocan las carreteras israelíes (la circulación en ellas está restringida para los palestinos), controles disuasorios para cooperantes, sombras sobre el futuro de Palestina. Los países recortan sus donaciones en tiempos de crisis. Debiéramos ayudar de alguna forma.

El mundo gira como un viejo derviche cansado.

El concierto en Murcia es impresionante. La gente se agita como amapolas en un campo dorado. Nos contagian su alegría. Mil gracias por el calor. Al cantar Balance no puedo dejar de emocionarme. Después de tantos años aún seguimos cantando, seguimos intentando recordar qué debe ser vivir. Debe ser algo parecido a lo que siento cuando alguien tararea una canción conmigo. Siempre es viernes, siesta de verano…

El mundo gira como la bolsa de maíz en el microondas. Las palomitas estallan como carcajadas enjauladas.

Una mujer llega tras un largo viaje a Madrid. Es interrogada por el funcionario que vigila la frontera tras un cristal. ¿Por qué viaja? ¿Hasta cuándo? ¿Con quién? Las respuestas más sinceras no le convencerían al funcionario. Porque vivo, porque tengo preguntas, porque amo, porque estoy viva.

El mundo gira como la figura danzante en la chacarera.

Seguimos con nuestro viaje: Alicante, Palma de Mallorca. De ciudad en ciudad desplegando nuestro muestrario multicolor de abalorios y sueños. No ofrecemos elixires que prolonguen nuestra vida, pero sí que la hagan más intensa. Si tú quieres te acompaño. No soy más que lo ves.

El mundo gira. Estamos vivos. Y saludamos esa certeza cantando. Para bien o para mal, es lo que sé hacer. El mundo gira, luminoso y azul, como los días de la infancia de Machado. Durante un instante se detiene como el tiovivo de la niñez. Durante un instante observa la llegada de la muchacha, la risa de Taty al hablar de sus nietos, la bandera tricolor ondeando en la puerta del sol, mi gesto mientras hago balance sobre el escenario, la cometa de un niño palestino agitada por el viento. Se detiene maravillado para observar este pequeño milagro. Estamos vivos. Aún soñamos.

martes, 20 de abril de 2010

Refugiados

Seguimos de gira por el norte. Primero Mondragón. Se trata de un concierto enmarcado en unas jornadas de solidaridad con el pueblo saharaui. El hombre del desierto esperó demasiado, dice la canción. Es cierto. Y el Gobierno español elude su responsabilidad a la hora de exigir con valentía una solución sostenible que atienda a las exigencias legítimas de los saharauis. No basta con gestos, no basta con la ayuda que el gobierno a través de sus oficinas de cooperación internacional otorga a los campos de refugiados en Tinduf. Hay que exigir que se respeten los derechos del pueblo saharaui en lo que respecta a su autonomía, a su territorio, a su soberanía.

Al día siguiente acudimos a San Sebastián. Empiezo a disfrutar de los conciertos, las piezas del puzzle se van encajando, aunque sigo buscando el equilibrio que necesita el ritmo del concierto. El maravilloso público guipuzcoano nos brinda su calor y me ayuda a recordar por qué es tan terapéutico cantar sobre el escenario. El concierto es efervescente y las canciones fluyen como el mercurio, como las historias que se cuentan dos viejos conocidos que se encuentran después de estar mucho tiempo alejados. Casi precipitándose como el hielo azul del glaciar sobre el agua en la primavera, provocando mil coronas de agua que mecen las aves, las flores que sobre su superficie se posaron. Soy feliz sobre el escenario porque reconozco a viejos amigos cantando mis canciones. Los echaba de menos. Mil gracias.

La UNRWA nos invita el lunes a participar en una mesa de debate. La UNRWA es una agencia de las Naciones Unidas con el mandato de trabajar dando apoyo y protección a los refugiados palestinos en los diferentes territorios en los que se encuentran. Creada en 1949 para dar servicios sociales a los cerca de 914.000 refugiados palestinos contabilizados en 1950 ha trabajado hasta el día de hoy para ayudar al desarrollo de los pueblos desplazados durante las sucesivas guerras que ha padecido la zona. El número de refugiados en la actualidad es de 4,7 millones repartidos en los campos de Cisjordania, Franja de Gaza, Líbano, Siria y Jordania.

El panorama que presentan los ponentes es desolador. Los delegados de la UNRWA insisten en que una solución del conflicto sólo pasa por contar con los palestinos desplazados a la hora de establecer los términos de las negociaciones de los procesos, pero la negativa constante de Israel a que puedan retornar a su país de origen supone una zancadilla constante en las conversaciones, lo que no hace más que prolongar la situación dramática en la viven dichos refugiados.

Los campos de refugiados palestinos en Gaza y Cisjordania representan las zonas de mayor densidad de población del planeta y las condiciones económicas de extrema pobreza provocadas por el cerco implacable del ejercito israelí enrarecen el clima de diálogo que ha de acompañar a cualquier negociación.

La paz se ve cada vez más distante, dice alguno de los presentes. El problema del pueblo palestino ha pasado de ser el reconocimiento de un Estado Palestino, el reconocimiento de sus fronteras, al reconocimiento de su derecho a existir.

Aún así hay un empeño por no perder la esperanza. Hay quien apela a la sociedad civil para que presione a la clase política. La UNRWA se financia con las donaciones de los gobiernos y sólo a través de la presión popular, de la iniciativa solidaria de los pueblos podremos conseguir que se genere una conciencia que urja a la comunidad internacional a exigir el cumplimiento de las resoluciones de la ONU, a buscar una solución sostenible en uno de los focos de conflicto más candentes del planeta.

Refugiados. Desplazados de sus hogares sueñan en su eterna noche con el retorno mientras el planeta duerme febril y agitado por las pesadillas.

Mira tu entorno más cercano. El paquete de tabaco descansando sobre la mesa de la cocina, el cenicero a medio llenar, la foto de tus hermanos en la estantería, congelados en aquel tiempo en el que la vida estaba aplazada y todo era más sencillo, el libro que te acompaña en el metro camino del trabajo, tu ropa dormida en el armario, la cama deshecha por la mañana, la cafetera que tiembla a punto de regalarte el segundo sabor del día (pongamos que el primero fue el de unos labios), tus discos ya gastados por el intenso girar que arranca el humo de sus melodías, las paredes de tu casa, su techo, el refugio en el que hiciste planes, amaste, soñaste, lloraste, el camino que te lleva al trabajo, la pequeña tienda de tu calle en la que un hombre de acento irreconocible introduce las viandas en la bolsa, el bar donde bebiste la penúltima cerveza, piensa en lo más pequeño y en lo más grande, en el armazón que rodea tu vida, dándole la forma equilibrada que sopesas en tus manos en las horas de balance.

Ahora piensa que te lo quitan todo. Que queda un hueco en tu pecho, en tu cabeza, que reducen a cenizas los recuerdos, que desclavan los alfileres que anclaban tu vida al tapiz de la historia, piensa que desaparecen todos los tesoros que acumulaste en una vida de esfuerzo y búsqueda. ¿Dónde refugiarse de tanta ausencia? ¿A qué aferrarse cuando en tu pasado queda un espacio en blanco allí donde se escribieron los días azules de la infancia?

Quizá sea algo así ser un refugiado. Ver como el alma se parte en pedazos y uno trata de atar los restos con los alambres que encuentra camino del exilio.

Queda mucho por hacer. Y acordarse de vivir, es saber que estar vivo supone asumir el reto de devolverle la vida a aquellos a los que se la robaron.

martes, 13 de abril de 2010

Abril

Comenzó la gira. Primer concierto en Bilbao. Las puertas de una casa soñada se abren. Tras la ventana el murmullo de la ciudad como el ronquido de un dragón, celador dormido y humeante de alegrías y fracasos. Un reloj suena con la monotonía de una tarde de siesta y telefilm meciendo la danza de los fantasmas que uno encuentra cuando vuelve. Nervios. Muchos nervios en la primera presentación. Presento a los vecinos, desconocidos que habitan en el piso de al lado y que reconocemos por el rumor de vida que traspasa las paredes de papel.

Pendiente de las canciones, de la banda, de las historias, de que todo salga bien las canciones desfilan ante mi como dibujos en un papel abandonado sobre la acera que emborrona la lluvia. Soy feliz pero apenas puedo darme cuenta. Es lo que tienen los primeros conciertos. Ni siquiera cuando el concierto termina y hago balance puedo darme cuenta de lo mucho que se agitó mi ánimo durante el recital. El público de Bilbao, como siempre, atento y generoso nos recibe con afecto.

La mañana siguiente nos saluda luminosa. Paseo por el Guggeheim y comemos unos pinchos en la Plaza Nueva. En el viaje de vuelta repaso el repertorio, los detalles, los posibles cambios para mejorar el ritmo. Soy obsesivo y no es bueno. A veces no me permito celebrar las alegrías y el primer concierto en el Euskalduna lo merecía. Fue un hermoso comienzo.

Es abril. Mes republicano. Soy republicano porque creo en los valores de igualdad, fraternidad, libertad, laicismo, justicia y paz que ha de encarnar la República. Y porque los españoles tenemos derecho a elegir a nuestros Jefes de Estado. Y madurez para afrontar un debate al respecto.

Aunque algunos acontecimientos quieran hacernos dudar al respecto. Vemos consternados, indignados, como la ultraderecha, en gran parte responsable de las atrocidades perpetradas por el franquismo, sienta en el banquillo al único juez que se atrevió a investigar los crímenes de entonces. Aunque haya quien quiera plantear las investigaciones de dichos crímenes y los procesos abiertos por Garzón y otros jueces como un acto de revanchismo, desde la confrontación ideológica, tenemos que entender que lo que ampara a esas investigaciones es el derecho internacional, el concepto de justicia universal tan incómodo para los que se empeñan en escribir la Historia desde la perspectiva de los verdugos. ¿Esto era el espíritu de la transición, la certificación de que el viejo dictador lo dejó todo atado y bien atado? Pensé que era otra cosa.

Pero como dice la canción:

Volveremos a tapar las calles

hasta que amanezca con futuro y versos.

Volveremos a ser libres, puros,

y tú me pondrás flores en el pelo.

Volveremos a asaltar los cielos

y arderán las calles como antes de nuevo.

Brillará en tu piel una primavera

roja de luz color caramelo.

Y esta primavera color caramelo se empeña en ser republicana, más que nunca. Porque ser republicano es entender que la justicia ha de estar por encima de las rencillas entre jueces, del impero del olvido en que quieren sumirnos los vencedores, del empeño de algunos por entender el poder judicial como una prolongación de los aparatos políticos de uno u otro partido.

Y, mientras, seguimos preparando la gira, haciendo nuevos equipajes para volver al norte. El disco apenas ha visto la luz y veo crecer las canciones sobre el escenario, con ese andar torpe del animal recién nacido, pero maravillado ante el mundo que acaba de descubrir.

Abril mancha el tapiz de la vida con tres colores, nos recuerda que estamos vivos, que queda todo por hacer y me pide un poco de calma para poder disfrutar de los primeros conciertos. Pongo el alma en cada canción cuando me subo al escenario, porque sobre él siempre es abril.

martes, 6 de abril de 2010

Días intensos

Días intensos estos en los que el disco empieza a ver la luz. ¿Por qué a veces me invade una cierta melancolía ante el feliz parto de un nuevo trabajo? Me ayuda a sobrellevarlo la electricidad que escala mis manos al agarrar la guitarra para empezar el ensayo general de lo que serán los conciertos de la gira.

Un sofá rojo, un contestador que resuena en el salón vacío de nuestros corazones, las paredes de papel por las que se cuela el rumor de vida de los vecinos, alguien que entrega correo perdido, esa luz encendida que asoma por la ventana y que contemplamos desde la calle preguntándonos que color tendrá la vida que alberga esa casa lejana en la que habitarán, suponemos, gente como nosotros, hombres y mujeres que sueñan futuros imperfectos mientras la cafetera ronronea como un gato adormecido, mientras el televisor ilumina el salón con su luz estroboscópica o mientras un viejo disco gira olvidado, llenando la habitación de luciérnagas. Parte de esto, o de algo parecido, formará parte del escenario en el que se desarrollarán los conciertos de “Acuérdate de vivir”.

Porque el disco aún no se ha terminado. Aún queda vestir las canciones en directo. Peinarlas con ternura como al chaval que parte camino del colegio, revisar su silueta perdiéndose en la calle atestada de gente como el que mira la persona a la que acaba de despedir y quedó sin escuchar la última confesión omitida: Te voy a echar de menos, maldita sea.

Es difícil describir el pudor que produce mostrar al mundo las canciones en las que tanto de nosotros depositamos y en las que tanto trabajamos. Hace poco un periodista me hablaba de que algunos músicos hablaban de sus discos como meros trámites promocionales para luego encarar la gira que les llevaría de un lado a otro. Me duele pensar que éste, nuestro disco, es un mero producto promocional, porque el estudio de grabación es un laboratorio en el que se produce una gran tensión creativa, en el que se realiza un gran trabajo de investigación, que difícilmente se puede hacer sobre un escenario: los tiempos en el estudio son otros y los medios profesionales (entre otros por los músicos que participan en su grabación) y tecnológicos también. Es cierto que las canciones crecen en los conciertos, que, puesto que tienen vida propia, muestran otras caras, ganan en matices y caminan hacia caminos a veces diferentes a los planeados. Tiene el principio de incertidumbre, por aquello de que tú estás escuchando, mucho que ver en su crecimiento, pero de esto creo que ya hemos hablado en más de una ocasión.

No sé muy bien qué decirte. Sólo se me ocurre darte las gracias. Por tu atención, independientemente de los sentimientos que en ti puedan provocar estas canciones. Componer es establecer un diálogo con uno mismo. Tratar de hacer balance y establecer las prioridades en las búsquedas y los interrogantes.

Editar un disco supone establecer después ese diálogo de nuevo contigo. Decirte quizá: esto es lo que soy, esto es lo que viví, lo que viví porque tú estabas a mi lado. Es esa conversación en torno a la hoguera primigenia bajo el cielo estrellado, preguntarte mientras remueves con una rama la brasa que duerme, “¿no pensaste alguna vez que la vida que parpadea tras las ventanas que observamos desde la calle es la nuestra vestida con otros cuerpos?¿no tuviste miedo algunas noches del tic tac ensordecedor de los relojes?¿no sentiste que la vida a veces está en otra parte?¿te dije ya que tus luchas son las mías?¿no caíste en la cuenta de lo hermoso qué es vivir?¿sabes que a veces no te soporto y casi siempre te echo de menos?” Y no hace falta que respondas. Sólo escuchas mientras mantienes el fuego encendido, o mientras saboreas el trago que limpia tus sienes y quema la garganta al calor de aquella barra y miramos con complacencia como sale del bar una pareja que se ama, o mientras paseas por el centro de tu ciudad a mi lado viendo bailar el polen de los árboles mecidos por el viento que trae la primavera.

La vida es esta incertidumbre. Salir a tu encuentro sin la certeza de saber si acudirás al encuentro. Mejor aún. Encontrarte en el lugar acordado mientras finges estar enfadad@ porque, de nuevo, llego tarde, y yo te abrazo y el sol abre sus pétalos regando con su aroma tu risa y ya no es tarde, aunque me haya retrasado, porque es pronto, porque queda todo por hacer y nos perdemos calle abajo mientras me deshago en disculpas y te cuento el último chiste, malísimo, que me contó Bergia y te hablo de una canción, la penúltima que, como no, habla de ti.

martes, 30 de marzo de 2010

Y 15. Vuelvo.

Mientras ensayamos, la primavera, remolona, apura los últimos instantes del sueño antes de despertar. Parece decir “cinco minutitos más” mientras esconde los ojos hinchados bajo la manta gris del invierno. Bergia acaricia el cuero del jembé mientras cuenta su penúltima peripecia. Los instrumentos parecen animales dormidos esperando la llamada de sus dueños. Primer café de la mañana y primeros acordes para una nueva gira.

Vuelvo.

Escribo nervioso el primer boceto del guión para los recitales. Sigo empeñado en darle el carácter teatral de anteriores giras. Debes hablar menos, me dice mi madre. Y yo sigo sin saber sintetizar. Imagino un sofá rojo que parece arder bajo la luz amarilla de los focos. Un viejo teléfono de baquelita tiembla ante la llamada del fantasma de las giras pasadas. Trato de reinventar las canciones. El escenario va perfilando sus aristas como el paisaje lejano hacia el que vuelan las golondrinas oscuras aquellas que siempre vuelven.

Vuelvo.

El disco recién horneado baila entre mis manos. Lo miro. Le doy mil vueltas. Lo escucho. Reconozco en las canciones la necesidad de hacer balance. Soy lo que escucho y me atrevo a ponerme solemne. La falta de sueño, las dudas, el esfuerzo, las preguntas, todo mereció la pena. Como el que revisa el email en el que declara su amor o su odio y lo relee hasta ajarlo antes del envío irremediable, le echo un último vistazo. Nervioso le doy la bienvenida.

Vuelvo.

El periodista pregunta amable. La charla abre un espacio para el análisis y reparo en detalles de las canciones que aún no había descubierto. Me acuerdo de las dificultades con las que se encuentran tantos jóvenes valores por comunicar su trabajo, por encontrar plataformas de difusión. Aunque para mi tampoco es fácil, reconozco el privilegio en el que vivo. El disco se abre como una flor. Retiro con suavidad el rocío que tiembla en sus pétalos e invitó a oler el perfume de reloj y sueño que crepita en sus estambres.

Vuelvo.

Estoy nervioso. Sí. Ya te lo he dicho cien veces. Quizá resulte terapéutico hacer ciertas confesiones. Quizá la música calme al pájaro que revolotea en mi garganta, la ansiedad que a veces parece llenar de agua mis pulmones. Quizá emprender el nuevo viaje haga que remita el aleteo de polillas que siento en el vientre, la luz vertiginosa que quema las sienes, las ganas de empezar, de encontrarte.

Vuelvo.

Y aquí va este manojo de sueños. Envuelto en el periódico de mañana, en una hoja del calendario en el que marqué nuestros futuros encuentros. Miércoles de pasión y espera mientras tomo una infusión y veo estirarse frente a mi la carretera por la que he de marchar, serpiente desplumada que viaja hasta el corazón de las tinieblas, la vía láctea que lame el asfalto que viaja hasta ti. Me encomiendo a Pugliese y sueño. Pero esta vez el sueño no se conjuga en futuro. Es ahora. Este es el momento. Porque recordé que debe ser vivir. Porque queda todo por hacer. Voy a tu encuentro.

Vuelvo.

* * *

Mientras me mata la dulce espera les dejo un fragmento de la canción que cierra este ciclo. Aquí les dejé parte de quince sueños. Y ahora… vuelvo.

Vuelvo

Vuelvo al lugar en el que el reo echa las horas

mientras sueña y mi coartada se desmonta.

Al hogar vacío o a su boceto

roto e inconcluso. Allí vuelvo,

al lugar en el que la culpa me abriga,

donde me espera la nevera vacía,

correo a tu nombre en el buzón

y esta canción.

No digas que todo era mentira

¿Qué fue entonces toda esta ceniza

que cubre los muebles,

que hoy esparce el viento,

y quema mis pulmones cuando vuelvo?

No digas que todo era una farsa,

¿de dónde salieron los fantasmas

que habitan la casa,

que lloran y abrazan

el olor de tu sombra?