
Querido Habitante:
Empezamos la grabación del nuevo disco y nos encomendamos a Pugliese, santo laico de los músicos, para que nuestro barco llegue a buen puerto. Las grabaciones son siempre intensas. Aislados, en estudios donde no se cuela ni un rayo de sol, vamos enhebrando el hilo de las canciones. Dentro del estudio, “Acuérdate de vivir”, va desplegando sus alas y fuera, la vida sigue su curso, con su habitual mal gusto, sin contar con nosotros.
Pero a pesar del ambiente carcelario que se impone en las grabaciones, es imposible desconectar con una realidad unas veces amarga y otras veces luminosa.
Mientras Vicente Climent, músico habitual en mis grabaciones, afila sus escobillas para sacudir las baterías que harán temblar las nuevas canciones, fuera, en una no tan remota isla, Aminattou Haidar, activista saharaui es retenida en el aeropuerto de Lanzarote, después de ser expulsada de Marruecos por su lucha por los derechos y la dignidad de su pueblo. La deuda del pueblo español con el pueblo saharaui es olvidada por los políticos, que permanecen escandalosamente impasibles ante la vulneración continuada de los derechos de Haidar y su gente.
Dentro del estudio las baquetas de Climent bailan al son de nuestras esperanzas, del manojo de preguntas que florecieron en estas nuevas canciones. Fuera, la gente se busca, un hombre o una mujer regresan a casa contando monedas para comprar tabaco, contando derrotas, sin empleo, sin excusas, sin explicaciones.
Pugliese sonríe desde una vieja foto en blanco y negro. Músico luminoso, comprometido, sindicalista y tanguero. Toda la vida contracorriente. Hasta el final de sus días. Los restos de Osvaldo Pugliese, fallecido en 1995, fueron llevados por la avenida Corrientes a contramano, en el sentido contrario al del tráfico de la calle. Desde entonces se ha convertido en símbolo de la buena suerte para multitud de músicos que encuentran en su modo de vida un referente.
Músicos caminando a contramano. A pesar de que el mundo se empeñe en seguir su curso, sin contar con nosotros, a pesar de su empeño por aislarnos, tenemos el deber de conectarnos, de recuperar nuestra esencia de animales sociales, de mirarnos en el espejo de una sociedad en la cual reconocernos, de luchar por el reconocimiento de los derechos de todos, incluidos los de aquellos que ven como la arena de los relojes hacen crecer sus desiertos. Aunque eso suponga tomar la calle a contramano, intentando no dejarse llevar por la corriente del tránsito que, como una marea inexorable, trata de arrastrarnos, lejos de nuestro destino, aquel que elegimos, certeza de futuro.
Que Pugliese nos proteja en este empeño.