miércoles, 27 de noviembre de 2013

Nieva

El hombre del tiempo señala los mapas,
nada dice del verano que traes hasta el sofá,
de las nubes sin otoño que nos visten de lunes,
del agua nieve en la cocina cuando suena el telediario.

Va a nevar, avisa el noticiero
y todos los gorriones buscan espigas para el nido.
Dentro de las casas nieva.
Sobre los platos vacíos,
sobre los televisores y los ceniceros,
sobre la ropa rasgada por las concertinas
con que la vida cerca los abrazos.

Nieva desde hace tiempo,
ya unos años,
y la Gran Vía es un glaciar azul
un valle en U sin catedrales
de hielo ni lobos que retornen a la noche.

Sólo un valle silencioso de nieve ennegrecida,
trineos sin perros que nos ladren,
papá noeles que beben sin remedio.

Nieva dice el metereólogo
y cada puente es un pesebre
de mesías huérfano de reyes
magos y de biblia.

Nieva como lo hizo hace ya un año.

Soñábamos con jazmines sin helada,
con la Puerta del Sol en barricada,
con un anticiclón sobre tus hombros,
con agua del deshielo en los palacios.

El hombre del tiempo señalaba los mapas,
y entonces, como hoy, no dijo nada.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Frío soleado

Este frío soleado de la infancia,
justificante firmado para la maestra,
tos de noviembre y vientre de marzo.
Otoño convierte en Oz a todas las ciudades,
y a cada hombre de hojalata le regalas un corazón
cada vez que te ven esperando el autobús
con la mirada perdida en Paul Auster.

Entre los cojines de cada sofá se esconde un tesoro
y todo temporal deja una enseñanza.
Dejarse empapar por la lluvia
gritando tu nombre, aunque ya no tengamos edad,
nos arranca las espinas de la garganta.
Sobrellevaremos la bronquitis
sacándole brillo a las medallas
doradas de esa juventud
que fue tu nombre tallado en los pupitres.

Encuentro mis ojos de joven enamorado
como quien encuentra un billete
en el bolsillo de un viejo abrigo:
que sorpresa saberse tan vivo.


Y me echas una manta por encima
y digo adiós a la tos de noviembre,
al maldito aire acondicionado de los aviones,
a este silencio de iglú desalojado
que empapa el titular del telediario.
Porque tú, con tu regazo de horno y encina,
me llevas a los años en que Madrid era una isla
y yo esperaba a un Viernes con tu rostro.
Tú, aurora austral, me quitas el frío
con ese sol de la infancia tan viernes por la tarde
y entonces tu mirada hierbabuena
me cura con sus dioptrías violetas.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Nos vamos


Espero que oigas mi rezo pagano
desde este alminar al pie del río,
el más ancho el mundo,
sudestada agitando su mercurio.

Espero que te cale hasta los huesos
el agua de esta primavera, 
la más corta en mil años,
la más luminosa, como nova
estallando en nuestras gargantas.

Canté contigo en la salamanca secreta,
conspirador y herido, bufón sin rey,
para conjurar las lluvias que limpiarán la calle,
acampada sobre el asfalto,
2x4 sin pareja de baile.

Cruzando General Paz, oxímoron urbano,
dejé mi guitarra rota, 
palosanto vallecano, pernambuco de Palermo,
rota de lanzarla hacia la nada
previendo esta despedida.

Nadie quiere colgar el teléfono,
todos son pañuelos blancos.
Y tu voz de paloma trae una rama de olivo:
serán tus hombros el Ararat
en que desembarquen todos los recuerdos.

Nos vamos,
y la ciudad nos deja una pena
de perro mestizo abandonado,
luz de gasolinera herrumbrosa.
Nos vamos:
sólo para regresar tiene sentido esta huida,
para hacer de las nieves del tiempo
el lago en el que lavar la llaga y el desencanto.
Nos vamos,
y nos quedamos,
como la mancha de hierba en mis rodillas,
como la estela del avión en que te marchas,
como golondrina olvidadiza,
arañazo de este adiós en la memoria,
como el olor a lumbre en tu vestido.

Nos vamos,

fuimos tan felices que todo es abril.


Ismael Serrano


PS: Os dejo estas imágenes que ha preparado el gran Jacob Sureda con algunos vídeos realizados por amigos y amigas del público y encontrados por la red. ¡Gracias, maestro! ¡Gracias familiares y amigos!

video




miércoles, 6 de noviembre de 2013

Te vi

Te vi pasar con los ojos de lunes y el vestido blanco,
yo con mi cara de siempre te quise y las rodillas heridas.
Te seguí sin que te dieras cuenta,
por las avenidas sembradas de cristales,
sorteando la prisa de oficiales administrativos
que sueñan con playas sin sendero
y colegiales sin ganas de clase.

Te seguí un rato y te hiciste humo,
como una nana perdida en el primer enero,
pañuelo blanco en estación de tren,
barco de papel de la infancia.

Te fuiste como los arroyos de la aldea cada verano
y quedó, de la misma forma, ese frescor de helecho
en mis pulmones de ex fumador cansado,
dichoso al reconocerte igual
que ese recuerdo que aún no tengo.

Detrás de ti
quedaron cachorros sin dueño,
gaviotas picoteando el lomo de una ballena.
eclipse de taxi con radio apocalíptica
-sonido de bolsa de plástico en medio de un velatorio-,
mi frente arrugada como un viejo periódico.

Aún puedo imaginarte como un día serás:
te vi con los ojos de lunes y el vestido blanco.
Eras la niña que dormía escondida,
mi fin de semana eterno,
la reina de todos mis torneos,
la que bailaba sobre la cama por las noches,
la que me espera para soplar velas
cada marzo compartido,
por tus días,
por los míos.